El silencio y la luz

Leyendo Sudamérica. Daniel Kiblisky en CC Recoleta desde el jueves 8 de mayo de 2014 hasta el domingo 1 de junio de 2014.

He entrado muchas veces a una biblioteca. Preocupado por el tiempo con que contaba para hacer la consulta, me dirigía a la bibliotecaria y me concentraba en la búsqueda del material a leer. A veces la mediación del empleado, a veces el recorrido de estanterías, a veces una base de datos en una computadora. El objetivo estaba allí, un libro en la mano, sobre una mesa, un cuaderno para realizar apuntes.

Busco en tal página, recorro el índice, una cita de otro libro me obliga a pedirlo (si está), comparo, deduzco.
Leo un estudio, lo releo, lo ubico en la época en que fue escrito, el contexto circundante, otros autores que ya leí.
O abro la página al azar y comienzo con cualquier poema y recorro ciudades, encuentro gente, conozco vidas, descubro cosas que ignoraba, me emociono.

Todo esfuerzo lleva a la necesidad de descanso. Recién en ese momento donde todavía se cruzan las ráfagas de imágenes que la lectura despertó en mí, logro mirar alrededor y percibir que este lugar en el que estoy, tan silencioso y calmo, no es el mismo lugar en el que estaba hace segundos.

La biblioteca había pasado desapercibida, mucho más allá de los infinitos mundos que había recorrido gracias a ella. Pero el tiempo y el objetivo de estar allí están cumplidos y es hora de volver al mundo con lo conquistado, todo aquello que dará sus frutos más tarde.

Al comparar este relato con las fotos que expone Daniel Kiblisky me encuentro delante de una magnífica metáfora. El fotógrafo ha logrado captar la esencia central de la experiencia humana a través de una imagen a la vez de alta calidad técnica y de una profunda sensibilidad.

Experiencia humana que es la huella del hombre viviendo sobre la tierra y preguntándose qué es ese vivir, qué sentido tiene ese estar en la existencia. Mientras el resultado de los intentos de respuesta se van acumulando en los infinitos estantes que hoy enfoca Kiblisky con su cámara.

En primer lugar estas imágenes nos muestran el silencio, la quietud de un espacio casi deshabitado, muy pocas personas aparecen en las mesas casi contradictoriamente con el fin que estas salas pobladas de libros tienen en relación a la transmisión del saber.
Las diferentes arquitecturas que se muestran también interpelan sobre a quién están dedicadas las bibliotecas, dónde se encuentran emplazadas, qué urgencia o conciencia hay de su uso. Es importante también que el autor haya elegido realizar su ensayo sobre las bibliotecas de Sudamérica como forma de pensar la circulación del saber en nuestra región.

Por otro lado ese vacío se confronta con un espectador (el que mira la fotografía) que ve una biblioteca por primera vez como biblioteca, sin estar allí con el afán de acceder a un libro.

Puede que este sea uno de los ingredientes de la metáfora, la biblioteca mostrada como un gran cerebro colectivo a la espera de que entre libro y libro se produzca una sinapsis en el silencio necesario para la reflexión. Inmediatamente quedamos deslumbrados por la luz, el otro ingrediente que interactúa en la metáfora.

Los largos segundos que necesita la placa sensible para captar la imagen hace que tanto la luz interior y muchas veces la exterior con sus diferentes temperaturas exploten en la toma llegando a iluminar cada rincón del espacio. Cada lámpara emitiendo destellos omnipresentes.

Entonces nos miramos a nosotros mismos recorriendo siglos, intentando que la luz ilumine nuestras cuestiones más íntimas.
Estas fotografías deslumbran en su detalle e impulsan a que nos movamos a ocupar esos lugares, a que al tomar un libro y otro la conexión quede establecida, a cuestionar la realidad y transformarla.

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