Si sangra se queda

Si sangro me quedo. Matias Perego en Pasto desde el viernes 10 de agosto de 2012 hasta el lunes 10 de septiembre de 2012.

Cuando Mati no puede tomar una decisión solito pide ayuda al que esté cerca. Una de las formas en que Matías plantea la posibilidad de esa ayuda es pedirle a sus amigos que le tiren piedras para sangrar, y es así que el fluir de su sangre determina su potencial permanencia [Si! pide que le tiren piedras para entender, a través de su cuerpo, que ellos desean que él se quede].
Estar y habitar su espacio de dubitación es para él un lugar para compartir, donde el golpe más fuerte es la mayor exclamación del deseo de su permanencia [más fuerza, equivale a más deseo].

Limpiar una superficie es como cuando uno acaricia la lámpara para que salga el genio y le cumpla los tres deseos [esos tres nunca jamás pensados]. Pero Matías no es tonto y sabe que ese genio no va a salir, son otras las cosas que salen cuando uno frota... Un Venado violeta con casco verde, un cielo marrón salpicado de nubes rosas sutilmente-multicolores, un cuchillo labrado con el apellido de su padre (su apellido), una mesa-superficie-campo, una mesita objeto precioso cubierta de vaquitas hechas por él mismo... estos son algunos de esos deseos que salieron.

Y entonces aparece el pasado ENTERO, ese que late en los sueños, de cada soñar en cada noche. Me resuena una canción de Lucila Inés que dice: “también quiero compartir el caos del mundo con vos”. Si, Nos-sangra-Mos, me quedo.
Permanecer sea quizás el tema de trabajo bajo el cual se estructura esta muestra que para muchos puede ser una sorpresa. Y a diferencia de otras cosas realizadas por el artista, es este un tiempo de permanencia menos rugoso, más pampeano.... ¿Es que el trabajo se organiza en torno a temas-del-trabajo y en eso no hay opciones?.

Permanencia del recuerdo, permanencia del presente y mucho más allá de los otros tan presentes siempre y más allá. La sangre es un elemento de pacto. Ahí es donde fluye el acuerdo y es donde habita el fluir de recordarnos que hemos pactado algo. La sangre es memoria y la sangre de Matías es la memoria de Matías.
Y no es menor, aquí, la presencia de la tabla de picar carne, donde si hay algo que se derrama son fluídos. La tabla donde el cuerpo se desgrana cerca del cielo donde está quien ya no está [Ergo, ¿sigue estando?]

El campo es cielo y la permanencia del cielo es tanto más fuerte que cualquier velocidad. Se ande en tren, en auto o a pie, el cielo andará igualmente lento. [Mientras escribo estas palabras, Larralde dice, la vida no tiene apuro, la muerte sabe esperar]
El cielo, va sobre el pensamiento, le flota. El campo, el cielo, y la permanencia de todas las palabras del mundo. La idiotez. La hermosa idiotez de mirar el cielo y hablar de amor.
Matías trabaja siempre bajo la consigna de que cualquier excusa es buena para tirar un tiro al aire. Pero esta vez parece haberlo guiado la figura del cazador furtivo, perdido por ahí, tan adentro, tratando de encontrar y ubicar a su presa para que en un gesto minúsculo y a altas velocidades interrumpa el devenir de alguna situación. El objeto, su valor, su preciosismo memorioso y los recuerdos, son los pies en los que se eleva la animalidad de cada una de estas piezas. Siento el recordar, su latencia. Latir. La posibilidad y la búsqueda de exaltar el peso de las cosas, es eso que veo en cada una de las piezas.

El peso: cada cosa pesa y el peso de la cosa, no lo percibe la mirada, no el oído, no el gusto, tampoco el tacto, ¿Qué sentido es el que percibe el peso de las cosas? Mi respuesta tentativa es que no es un sentido, es un sentir.
La mica, otro de los caprichos de Matias (y desde niño), es entre estas obras la vedette de turno, aparece abajo, pero reluciente, exuberante, y brilla. Ella, en cada uno de sus fragmentos haciendo presencia de pedazos de historias, memorias de la tierra que simulan un fragmento de campo, un apoyo para el venado.
Otro tiempo (qué poco y cuánto dice hablar de “lo otro”). Se trata de recorridos, cada recorrido determina una llegada. Y es que cada llegada es una pequeña estación-estación. Estacionar, parar, estabilizar. Algo de eso, acá, en esta muestra está presente.

(...)

A mi no me importa si la edad a Matías le sirve o no para pensar el cambio, a mi me importa resaltar una transformación que se evidencia en las decisiones estéticas que Matías tomó para definir el total de las piezas de “Si sangro me quedo”. El camino es vital. Y si aceptamos que el camino es vital y eso de lo vital se entreteje con el camino mismo, como en ese camino Matías va haciendo obra, cuida objetos, toma postura, pues ahí está todo ese tránsito en un catálogo de colores y formas, objetos y materiales.

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Libros lentos sobre arte argentino. Editores: Santiago Villanueva y Nicolás Cuello.
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