Fantasmagoría

Micromundis. entre otros, Hernán Soriano, Agustín Sirai, Eduardo Zabala en desde el sábado 9 de junio de 2012 hasta el domingo 29 de julio de 2012.

Según el diccionario, fantasmagoría es el arte de representar figuras mediante la ilusión óptica, pero si revisamos el uso que el filósofo alemán Walter Benjamín (1892/1940) hace de esa palabra, nos encontramos con una dimensión más rica que sitúa al término en la complejidad de la historia reciente. Benjamin (Libro de los Pasajes, 1927/1940) habla de fantasmagoría para referirse al proceso de producción capitalista que envuelve a las metrópolis del siglo XIX (París).En este proceso se mezclan la antigüedad, el presente y la reproducción técnica de las imágenes, para crear un círculo danzante de fantasmas, una atmósfera de sueños, de símbolos deseados, mercancías y consumo.
Precisamente los juegos ópticos previos a la invención del cine, surgen en los ambientes de feria del siglo XIX como novedades y entretenimientos que buscaban fascinar y sugestionar al público. Lo que nació como búsqueda científica, técnica o artística llegaba a las ferias, en palabras de Benjamin, como mera mercancía, hechizo del capitalismo, es decir un producto y entretenimiento para ser consumido.
La fantasmagoría de Hernán Soriano viene a recordar los orígenes de estas elementales técnicas de reproducción de imágenes, la de los primeros juguetes ópticos y del cine mismo, que como atracciones populares, causaban asombro y deslumbramiento. Las tres fantasmagorías de Hernán, aún en tiempos de virtualidad, siguen deslumbrando tal vez por lo elemental y poético de su procedimiento, con luz, sombra, un movimiento giratorio y un mecanismo casi artesanal, crea formas sugerentes y fantásticas que nutren nuestros mundos imaginarios. Sólo hay que detenerse y dejarse cautivar por las transformaciones de las imágenes.
Una mirada melancólica que mira al pasado para recordarnos que aún las viejas tecnologías están disponibles para crear “micromundos”, indudablemente artísticos, misteriosos y mágicos, que sensibilicen y por un momento, nos alivien del incesante bombardeo cotidiano de imágenes banales.

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