"Enamorada del muro" por Blanca Machuca

Enamorada del muro. Blanca Machuca en Casa Managua (Tucumán) desde el jueves 8 de diciembre de 2011 hasta el martes 6 de marzo de 2012.

“Lo primero fue la percepción”, no el caos, sino la sensación. Con estas palabras Blanca comenzaba a colmarnos de reflexiones sobre su vida y su obra. Su arte había comenzado desde el fondo inmemorial de su infancia, con una tijera en mano cortando y recortando todo aquello que pudiera caer en sus manos. Después vino la reflexión, el símbolo, porque una tijera (o una pipa) no es una simple tijera sino que está cargada de simbologías. ¿Cuándo llegó el símbolo? Es difícil saberlo porque el arte para Blanca es un constante aprendizaje, un autodescubrirse. Cada material utilizado y cada elemento visto en retrospectiva va ganando sentidos con cada reflexión, para tomar conciencia poco a poco de qué es lo que “nos dice” cada material y que queremos decir nosotros con ellos. Así como su obra, sus palabras también modifican.

La artista nos revela que hacer arte para ella es parte de un proceso de sanación y a la vez de aprendizaje y, por lo tanto, de descubrimiento de la propia identidad. Pero no de la tan mentada identidad “regionalista”, rótulo con la que tan fácilmente algunos han etiquetado su obra, sino en una dimensión personal que le permite huir del “impersonalismo” de un arte vaciado de contenido y carente de reflexión, que no tiene su propio tiempo y que las más de las veces va siguiendo las tendencias de las modas. Blanca, por el contrario, nos platea una obra preocupada por sí misma y alejada de todo lo accesorio. Si la obra despierta una reflexión, si nos moviliza a pensar, ese es el valor de la obra y ésta habrá cumplido su cometido. Blanca plantea una tarea meticulosa y consciente en su proceso productivo, de búsqueda de sentidos, de investigación, de memoria, de desentrañamiento de las simbologías contenida en cada material y en cada operación.
El material que Blanca utiliza para sus obras no habla por sí mismo, no es el tema de la obra, el artista debe mediatizar el mensaje. No es la simple utilización de marcadores diacríticos que marcarían un arte “regionalista”, sino que muy por el contrario carga con una simbología, con un texto a desentrañar, con capas de sentido que se superponen. Nada en la selección de los materiales es arbitrario, no es simplemente un soporte o algo accesorio, el material forma parte del sentido de la obra. Pinta, esculpe, dibuja, pega, cose, entrama a los fines de cargar de sentidos su obra y en cada material, en cada técnica, no respira la necesidad del virtuosismo academicista, sino una nueva forma de decir las cosas, con sentidos densos a ser desentrañados.

La utilización de retazos, de objetos buscados y encontrados, de lo “intramundano” en la obra de Blanca, adquiere una nueva dimensión si tenemos una mirada atenta. Un espejo cambiado por oro no sólo simboliza la expoliación económica, terrible acontecimiento histórico, sino que da cuenta de dos universos simbólicos diferentes: se podrá robar lo material pero lo espiritual permanece inalienable porque en el debe y el haber ¿quién ganó?: en el espejo puedo reflejarme y descubrirme a mí mismo.
Blanca se interesa en el hombre no diseccionado (como muchas veces la tradición occidental lo presenta) sino integralmente, en cuerpo y alma, conciencia, corazón y mente. Su obra nos habla del hombre que ha vivido, del pasado y del presente, del de aquí y el de allá: el hombre como un todo. Lo tradicional y lo actual, lo sagrado y lo mundano, las pinturas y los vestidos, las puertas, la madera, los espejos, todo confluye en su obra, ella compone con retazos de mundo para decirnos. El mundo es su paleta, todo en él es válido para componer y transmitir algo.
Sobre "Enamorada del muro"
En esta intervención Blanca encontró su inspiración en la naturaleza, en este caso, en la enredadera “enamorada del muro” que a simple vista parece una planta corriente de hojas pequeñas y verdes pero, lo que muchos no saben, es que esas hojas ocultan pequeñas y hermosas flores. El ocultamiento, la timidez, constancia y ternura de esta planta que se adhiere pero sin herir, fueron el disparador de la obra de Blanca. Lo interesante de la misma es el material con el cual trabajó, el papel, un material blando y noble, calado con una trincheta, un material con otra energía, porque a Blanca le interesa explorar la tensión entre opuestos, entre la luz y la sombra, entre el concreto y lo natural, entre lo blando y lo cortante. Blanca como artista se enamora del muro y nos deja mensajes de amor, entre los cuales podemos descubrir plegarias, gualichos, instrucciones, declaraciones, estados, etc.
Lic. Luis María Rojas y Lic. María Gallo

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