Presagio, la muestra de Leonardo Cavalcante

Presagio. Leonardo Cavalcante en Planeta Cúbico desde el miércoles 13 de julio de 2011 hasta el viernes 19 de agosto de 2011.
El joven artista presenta en esta oportunidad un mundo pictórico muy personal, acompañado de objetos e instalaciones que refuerzan una iconografía inquietante

El ser humano es el único capaz de generar cultura. Su capacidad creadora le permite construir un lenguaje propio con el que transmitir sus experiencias, herramientas para desenvolverse, así como la posibilidad de predecir los resultados de sus actos. El intrincado funcionamiento de su psiquis comprende la relación entre el instinto y la razón y del dialogo y tensión entre estas fuerzas, como un campo de preguntas inagotables, es de donde parte la reflexión que predomina en los trabajos de Leonardo Cavalcante.
El hombre ha sido definido científicamente como un animal simbólico debido a que la principal cualidad que lo diferencia es su capacidad para simbolizar, estableciendo vínculos con su entorno. Los símbolos exceden su significado inmediato, al igual que el alcance de la razón; hacen presente una ausencia y actualizan algo que no puede alcanzarse, que es desconocido o imposible de percibir. Lo específico del símbolo es ser la manifestación de lo indecible. Así se materializan en las obras pirámides, pozos, y demás artilugios cuyas formas geométricas sólo pudieron haber sido efectuadas por el hombre. Estas escenas parecen escapar a cualquier escala de valor o concepción utilitarista ya que su función nos resulta desentrañable. A pesar de manifestarse ante nuestra vista, se nos oculta para no disolver el misterio que envuelven.
El psicoanálisis siempre ha establecido analogías entre la figura del bosque y la imagen del inconsciente, remitiéndonos a los dominios de lo irracional. Los colores que recubren el campo pictórico parecen diluir el carácter amenazante y hasta siniestro con el que suele asociarse este espacio, pero no logran disipar los secretos que se repliegan en estos bosques. La naturaleza se presenta como la portadora de la verdadera sabiduría, un lugar donde la alquimia no necesita de hechizos para extraer de sus entrañas elementos preciosos.
Los animales parecen haber perdido su cualidad salvaje para adoptar un gesto melancólico, aparentemente confiados y en actitud curiosa. La condición humana, el instinto animal y los objetos que nos rodean parecen conformar el imbricado universo de esta muestra. El bosque en este caso opera como el hábitat compartido, donde el acercamiento entre humanos, animales y símbolos induce a pensar en la existencia de algo superior a estas especies que los amenaza, un extraño presagio.

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