Infancia en la Casa

Infancia. Laura Ortego, entre otros, Pablo Mattioli en desde el sábado 4 de abril de 2009 hasta el domingo 14 de junio de 2009.

Con inocencia fijarás tu atención en las cosas: cada objeto se trueca en un objeto de valor. Podrás desarrollarte como debes, dentro del orden (Peter Handke).

INFANCIA (en Casona de los Olivera) despliega visiones de la infancia de una rara uniformidad: imágenes de niño & niña casi en soledad -aunque haya alguna ronda, o un doble (muñeco-mascota) sin autonomía (que quizá se pierde pero no abandona). Primacía de las escenas que eluden la experiencia colectiva de la niñez: tras la variedad de paisajes o fragmentos domésticos, juegos tradicionales y juguetes industriales, está latente (aun como fondo ausente) una casa. Quiero decir: se adivina el orden de una casa: Infancia como intimidad idealizada separada por la profilaxis de la imagen de la calle, el grupo, las enfermedades y los compromisos que afectan a toda vida infantil –y que a veces dictan su llegada a término en el pasaje a la norma y la mirada adulta. Que esa escasez de la experiencia grupal y esa latencia de la casa familiar se muestre en el itinerario por las salas de una Casona, es doblemente inquietante: la Infancia pudo tener lugar ahí mismo, esas diapositivas estropeadas y esos juegos extrañados pudieron ser encontrados en el edificio que los exhibe antes de su apertura al público –pasando en limpio un pasado privado.
Viendo que en las imágenes no predominan ni la abundancia ni la desazón o el abandono completos, parece aun más fuerte la correspondencia entre la casa latente y la Casona. Como si de sala en sala decantara el imaginario de una niñez clase media cuya memoria es una pantalla de proyecciones que excluye un poco a los otros y exagera la individualidad infantil, fantasía omnipotente donde –para bien o para mal- recordamos que como niños la pasamos solos. Sin embargo, si como dice Remedios Zafra, “toda existencia verdaderamente asumida implica reflexionar sobre uno mismo, tomando partido en la construcción de lo que somos, a través de un esfuerzo, una perturbación de la tranquilidad identitaria social”... ¿podríamos pensar cómo obtener una perturbación para la tranquila identidad de la memoria infantil, tranquila aun cuando las escenas recordadas sean más o menos inquietantes? Quizá no viendo estas imágenes como si fueran proyecciones de “alguien mismo” sino de “alguien otro” (como dice el Kaspar de Handke: quisiera ser como aquel, que otro ha sido una vez).

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