La vaca sagrada

Marcel Duchamp: una obra que no es una obra ‘de arte’. Marcel Duchamp en Fundación PROA desde el sábado 22 de noviembre de 2008 hasta el domingo 8 de febrero de 2009.
Duchamp en Bs As: volveré y seré millones

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Proa contiene una boite-en-valise a escala real:

Poesía desplegada

(fuente), Fountain 1917/1964
Es curioso que quien impuso los “ready-mades” (del inglés, ya hecho), dijo: “nunca he sido capáz de concebir una definición o explicación que me satisfaga por completo.”

La muestra deja en claro que Duchamp, al arte contemporáneo, ya lo hizo.

Ya las 123 obras viajan desde sudamérica a sus museos y colecciones de múltiples, para los múltiples museos y las colecciones del arte galáctico del hemisferio norte. Y nos deja más vacíos, pero más plenos: existimos.

Duchamp vivió en París, en N. York y nueve meses en Buenos Aires. Ya en 1918, Duchamp a la velocidad de la luz, estaba harto del arte, flaco y despeinado, como luego del chubasco de la partida de ajedréz que filma antes René Claire en París y se repite y se repite proyectada en la sala del altar mayor: el gran vidrio.

El Gran Vidrio: obra Magnífica, irrompible, limpia, con las ventanas de atrás cegadas (como la ventana verde de la viuda alegre), privando al espectador de la visión del Puente de la Boca irrumpiendo en la noche de bodas, entre la novia y sus solteros, en la asunción de la María a las nubes. ¿why? ¿por qué si en las reproducciones que él mismo hace en sus miniaturas las reproduce con rajas?, y al gran vidrio real lo ubicaba frente a ventanas abiertas a la visibilidad. El cuadro como ventana, una vez más, las transparencias...

¿por qué el azar no puede no estar?, ¿acaso no se puede domesticar la naturaleza de la rotura, dimensionar semejante irrupción irreversible de la vida en la materia pero no en la imagen de la obra?

¿se debe limpiar la pelusa acumulada por el tiempo?, ¿se la debe hacer fotografiar por Man Ray ?, ¿coleccionar?, ¿barnizar?, ¿mostrar?, ¿replicar?, ¿se deben grabar sonidos de la partida jugada con Jhon Cage?. Absolutamente nada es necesario, pero es crucial.

“Mi capital es el tiempo, no el dinero.” D.

Su estancia en Buenos Aires es lo que lo diferencia de todos los otros ultravanguardia. Vino con su cepillo de dientes y su ropa de charme, jugó al ajedréz, consiguió dentífrico francés y regresó a terminar el gran vidrio a Nueva York. Fracasando en su proyecto de cubificar buenos aires, declaró que no existe, al igual que el arte, y se fué. Tras cien años de soledad, el tablero de ajedréz torneado por Duchamp en baires, retornó. Hay una foto de él en Bs As, donde se lo ve sentado en un interior universal.

La ampolla del Aire de París está en Buenos Aires.

Underwood (el enigmático estuche negro flotante), flota.

El original del urinario (en miniatura modelado a dedo por Marcel, caja que poseía Warhol)– fuente, tan parecida a un útero del siglo xx; (y al lado la foto reproducida en la revista The Blind Man N°2 de N.Y., mayo 1917, allí se ve bien cómo Mutt había presentado su fuente de loza, que fue retirada del salón y no se vió...

Y no se vió en su momento, claro.

Y no se entendió, en su momento, claro.

Algo así como no mear fuera del tarro, nunca

Algo así como ser tan genio como múltiple,

tan cinético, tan quirúrgico, tan táctico.

Algo así como no museificarse en vida, un musicalizarse siempre.

Tan visionario que eligió de fotógrafo personal a Man Ray.

Una muestra inolvidable. Con todo el misterio inviolable latente.

“No creo en el arte, creo en los artistas”.

Duchamp no aburre.

Xil, Bs As, verano 2009.

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