Motor, motor

Marcel Duchamp: una obra que no es una obra ‘de arte’. Marcel Duchamp en Fundación PROA desde el sábado 22 de noviembre de 2008 hasta el domingo 8 de febrero de 2009.

Miles de palabras se han dicho y miles de palabras se vomitarán, millones de citas, referencia indiscutida [la obra de arte más citada, más nombrada, más revivida, más releída]
Catástrofe discursiva en torno a un sólido discurso.
Y sin embargo, sin ser del todo ajena al torrente de letras, estando ahí parada rodeada de objetos entre hermosos y feos (o feísimos) siento por primera vez una cosa: el motor.
Motor de pensamiento. Que estas obras que no son obras y que sin embargo lo son, promueven pensar, pensar (pensar).

La experiencia: estar en la sala distraídamente, rodeada de objetos que se entretejen entre si, que se tocan y se modifican, entran y bailan en mi cabeza. Y como cuando dos trompos que en su máximo de movimiento si se chocan salen disparados, cada nueva mirada, cada nueva pizca de arte hace que salten toda las inestables ideas anteriores.
All ready done, all ready done, all ready done.
Los mas lindos gestos repetidos una y otra vez, cada nueva vez más lindos y cada nueva vez más intenso.
Motor. Acción.
Motor. Acción.
Cada vez más lindos.
Palabras: cada palabra tiene su espacio, cada color tiene un porqué, todo premeditadamente medido y sin embargo en continuo movimiento, un continuo devenir.
Un continuo.
La imposibilidad de la categoría, huir de ella fue su especialidad.
La imposibilidad de la atención concentrada, el placer de la imposibilidad de la atención concentrada. El placer de la imposibilidad de la atención concentrada.

Las obras funcionan como piezas de un rompecabezas sin solución (o con infinitas posibilidades) (motor).
Máximo fetiche, amor, pasión, motor. Máximo fetiche en todos lados.
Pornografía y curaduría. Un comisario de la institución, con una mirada que se aleja para tener una comprensión más acabada del todo y que sin embargo tiene una lente al detalle.

Disposición de los objetos: cada pieza tiene su espacio, cada pieza citada, referenciada, documentada, ha sido especialmente ubicada, es un miembro real de la muestra. Los espacios fueron diseñados con el gesto duchampiano, motor, conexión, cuestionamiento y registro. Todos los documentos ayudan a comprender algo más y a cambiar de espacio todo lo anterior, lo que se cree sabido se olvida y se discute.
El placer de la imposibilidad de la atención concentrada.

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