Malditos Humanos

Malditos Humanos. Raúl Fernández Olivi, Lihue Pumilla en Casa Museo Lino Enea Spilimbergo (Córdoba) desde el sábado 29 de noviembre de 2008 hasta el martes 30 de diciembre de 2008.
Una muestra de dos artistas pampeanos en la mítica Casa Museo Spilimbergo, en Unquillo (Córdoba), a los pies del sitio que suele habitar Carlos Alonso.

¿Puedes imaginar el cuero de un animal muerto? ¿Puedes imaginarlo al sol?
Imagínalo. Imaginarás la pampa.

Raúl Fernández Olivi y Lihué Pumilla son artistas pampeanos, de la pampa amarilla. A ambos los une la interpretación de espiritualidades presentes en la inmensidad despoblada, incluso en los páramos donde el agua es utopía, y el aliento vital algo inconcebible.

Manipulando hierros y quemando maderas, la talla, el dibujo y la incisión, van excomulgando los elementos, descubriendo sacralidades veladas y poesías salvajes que vuelven a soñar la locura, el ostracismo y la mentira despiadada.

Más de una vez he visto a Raúl frente a un sobre dibujado, o incluso delante de extraños mapas antiguos. Más de una vez lo ví, perdido y oculto, encastrado a conceptos e ideas que, sospecho, las piensa como el arte verdadero.

Esas ideas, cuidadosamente cultivadas desde hace décadas, remiten al despojo, la aridez y la muerte, potenciando gramáticas visuales que transmiten las hondas vivencias de puesteros y habitantes del centro y oeste pampeano, donde es posible ver cueros al sol, ya endurecidos y vertebrados.

Tales metáforas sobre la muerte y el abismo, constituyen el contrapunto de otras imágenes, vinculadas a la vida. Los árboles reconstruídos con suavidad de alquimista, por ejemplo, introducen delicadas alteraciones en este plano existencial, con la intención –explícita e implícita- de trasmutar la materia y el espíritu, regenerando la vida.

Lihué Pumilla no desconoce la magia y los rituales que el mundo ranquel grabara irreversiblemente. El mago y su locura atmosférica, sólo aplacable si los planetas y las estrellas le obedecen, los conjuntos escultóricos donde priman situaciones de profundo diálogo entre los animales, y entre éstos y las plantas, o el grupo Malditos humanos, sugieren un mundo de reflexiones sencillas y aplastantes sobre nuestro maltrato al todo. Estas obras no olvidan la sabiduría de los antiguos brujos, chamanes y orantes, para quienes la naturaleza mantiene equilibrios que nosotros perdemos.

El universo de Lihué, con sus criaturas mutantes, bebe de sí mismo, de la pampa y de ideas universales tan profanas y deformes, como sagradas y sublimes.

Raúl Fernández Olivi y Lihué Pumilla son dos escultores; dos artistas que comprenden al mundo como tierra virgen y tierra violada. Los une la magia, el ritual y la muerte.

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