Entrevista a Gabriela Siracusano (I Parte)

La exposición Las Entrañas del Arte. Un relato material (s.XVII-XXI) se ancla en la materialidad de imágenes significativas que han conformado la historia del arte argentino desde el período colonial hasta nuestra contemporaneidad.
Gabriela Siracusano, doctora en Historia del arte (UBA) e investigadora de CONICET (UBA-UNSAM), se ha propuesto desde su rol de curadora asumir el desafío de habilitar un relato que pretende mostrar al público el papel que ocuparon y ocupan los materiales elegidos y utilizados por los artistas.
Se exhiben más de 160 obras, entre ellas un importante núcleo de anónimos de los siglos XVII al XIX y trabajos de Ulpiano Checa, Pio Collivadino, Carlos Alonso, Lino Spilimbergo, Juan Carlos Distéfano, Norberto Gomez, León Ferrari, Andrea Juan y Cristina Piffer, entre otros.

¿Qué podemos aprender de los materiales que no podamos aprender de las imágenes?. ¿De qué nos hablan y cómo lo hacen?

Gabriela Siracusano: Creo que los materiales pueden decir muchas cosas que la imagen, si la tomamos desde un punto de vista iconográfico, nos transmite, pero ninguna imagen puede sostenerse sin un determinado soporte aunque sólo sea un soporte como la palabra. En ese sentido los materiales son una dimensión muy interesante para entender no solamente qué se usaba, tiene que ver con prácticas artísticas, con pensamiento, con ese momento en que el artista está en el taller y prueba, experimenta, ensaya, tiene errores, y vuelve a ensayar para lograr acercarse a la idea. Es como una conjunción, y por eso digo que cuando materia e idea logran fusionarse bien es cuando una imagen logra ser muy eficaz. El paradigma o el modelo más claro para entender esta eficacia serían esas imágenes que se llaman para la historia del arte aqueropoietas, imagenes que se entienden como no realizadas por mano humana, como el Santo Sudario, la Verónica, la Virgen de Guadalupe, imágenes que tienen una fuerte presencia de lo material pero unidas a una idea muy potente, en este caso la religiosa.

Usted plantea un cruce de la historia del arte con disciplinas científicas como la química o la física. ¿Cómo se gestó la investigación para esta exposición?

GS: En realidad este es uno de los resultados de un trabajo interdisciplinario que vengo realizando desde los años noventa con un equipo de historiadores del arte, de químicos y de físicos, particularmente de la UBA y de la UNSAM que me llevó en un principio a prestar atención sobre los materiales de la pintura colonial. A partir de allí me surgió la idea de aplicar ciertos conceptos y problemas que tienen que ver con lo material que los aplicaba a una época tan remota y ponerlos en juego casi como una hipótesis con el arte contemporáneo o con otras producciones de otros períodos . Charlamos la idea con María Teresa Contantini del Espacio Imago, me puse a pensar y surgieron múltiples ejemplos de lo que quería decir. En realidad la exposición la pensé en relativamente poco tiempo pero solamente porque hay un trabajo muy sostenido y largo.

¿Cómo se dio en su caso particular el desplazamiento hacia esta modalidad de investigación?

GS: Siempre transité en los bordes de la historia del arte, voy al filo de la navaja. Me gusta pensar que esta disciplina se construye también sobre la base de otras. Durante muchos años trabajé la relación entre el Arte Concreto argentino y la apropiación que estos artistas hicieron de las ideas científicas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, hasta que decidí hacer un giro y comenzar a trabajar con producciones y documentos del siglo XVII. En ese momento estaba en marcha el proyecto de la Fundación TAREA, un emprendimiento entre la Academia Nacional de Bellas Artes y la Fundación Antorchas que tenía por objetivo la conservación y restauración de gran parte del patrimonio colonial que estaba en peligro. Allí me enfrenté por primera vez con obras coloniales cara a cara y trabajé con un equipo interdisciplinario de historiadores del arte, químicos y conservadores. Me fui metiendo de a poco y me fue atrayendo el tema de cuáles eran los materiales, no se sabía nada sobre esto, no había nada escrito desde el punto de vista científico y empecé a interactuar con los químicos, así como antes había interactuado con matemáticos y con físicos por el Arte Concreto. El tema de empezar a discutir con ellos me abrió un panorama muy atractivo y me doy cuenta que soy tan felíz en una biblioteca como en un laboratorio.

Continuación...

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