Kenneth Kemble: Paisajes Imaginados y otras Construcciones

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Paisajes imaginados y otras construcciones*
Kenneth Kemble

Las clasificaciones sirven para los recopiladores, los teóricos y determinado público que necesitan
ubicar las diversas formas de arte dentro de partimientos estancos para aclarar sus propias ideas
o sustentan sus teorías. La realidad, afortunadamente, es mucho más rica, más ambigua y más
estimulante.

La diferencia entre la figuración y el arte llamado abstracto es una nimiedad.
La nimiedad del que afirma que tal diferencia no existe. Todo arte figurativo, si bueno, es bueno
primero desde un punto de vista puramente abstracto, o sea formal.

Es decir, cuando los colores, las formas, los ritmos, la ordenación de los espacios, las oposiciones
entre texturas y demás elementos plásticos configuran un todo armónico, con las incongruencias
necesarias como parte que se produzca ese eterno juego entre tensión y relajamiento, relajamiento
y tensión, propio de la naturaleza humana, y del arte que es su expresión. Luego se le agrega su
contenido conceptual, su mensaje literario, poético o descriptivo, que es igualmente importante –
y diría crucial para algunos artistas – pero que no modifica en nada lo dicho anteriormente.
(...)
Todo el arte abstracto o no figurativo se apoya en relaciones de elementos plásticos que
pretendidamente excluyen contenidos conceptuales, pero que nunca, o muy rara vez, lo hacen
del todo. El azul connota hielo, agua, cielo, melancolía, o simplemente frío. El rojo, pasión, fuego o
agresión. Determinados verdes, frescura, tardes estivales o ternura. Otros verdes, la exuberancia
de los trópicos.

La línea horizontal connota el horizonte de un paisaje. Las diagonales, tensión o inestabilidad, o
a lo sumo, un equilibrio precario que cuando se resuelve con éxito nos provee de una sensación
inmensamente más satisfactoria.

Yo, que desde hace veinte años he sido considerado un pintor no figurativo, porque gracias
quizás a mi afición por la música siempre me he regodeado con las relaciones formales en cualquier
expresión artística, me encuentro ahora pintando paisajes. O por lo menos pinturas que, por un
proceso asociativo normal en una cultura que utiliza determinados códigos comunes a todos,
podrían denotar referencias a una naturaleza real o imaginada. ¿Qué significa esto? Significa
sencillamente que, a través de la experimentación con los valores plásticos pretendidamente
puros, me he ido encontrando con elementos de mi pasado, reminiscencia de imágenes vistas
pero apenas recordadas, visiones fragmentarias de mi experiencia y proyecciones de mi propia
fantasía, como podría ser la naturaleza en otros planetas desconocidos pero concebibles.
Han surgido casi solos. Como si se me hubieran impuesto por razones afectivas provenientes
de mi inconsciente. Y solamente después de haberlos creado como juegos formales, se me han
presentado las asociaciones con una naturaleza real o fantástica.

Hay, desde luego, situaciones forzadas, en las cuales cuesta creer que un cielo pueda ser tan
rojo o tan amarillo. Pero este tipo de ambigüedades es común a todo el arte que pretenda ofrecer
algo de poesía. La metáfora, la alusión sugestiva, está mucho más preñadas de posibilidades que
la mera documentación, o el registro de la realidad. Son la materia de la poesía, y por lo tanto de
todo el arte, que sin poesía no existe.

Hasta el 5 de junio de 2022 en Galería Bonino - José León Pagano 2649, CABA

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