Del dolor y otros juegos | Marcos Figueroa en Fulana

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Al ver las obras de Marcos difícilmente el concepto de “belleza” sea el primero que se nos presenta para interpretarlas, pero está ahí, camuflada tras una capa de acciones violentas mediante las cuales construye sus imágenes. Violencia y belleza, dolor y juego se entrelazan para construir una imagen paradójica, un oxímoron visual, que abre un espacio de reflexión que no segrega los aspectos plásticos de los conceptuales porque tal división no existe en su trabajo. Hay una simbiosis entre ambos aspectos, que recuerda las reflexiones de los embodied meanings de Danto donde los conceptos sólo tienen sentido una vez que se han encarnado en un material, una imagen, una acción, un objeto.

El alambre de púas, como material significante, le abrió un camino de búsqueda que lo llevó a otros objetos para explotar su rango semántico y desdoblarlos en otras cualidades. En esta nueva etapa, Marcos incorpora cerdas hirientes de un cepillo de acero y afiladas tachuelas de hierro, pero también pinzas, prensas y objetos contundentes que nada tienen de excepcional. Son objetos simples, cotidianos, pero que colocados en la estructura de su discurso comienzan a decirnos nuevas cosas, se transfiguran en alegorías de violencia camufladas de belleza.

Perfora y desgarra con tachuelas la superficie de un lienzo o la de un género estampado, marcando una agresión que deja una cicatriz en el proceso. El material y la acción se abrazan para abrir camino a una operación, ya no material, sino semiótica, que nos da un resultado inestable: una imagen contradictoria que provoca un bucle hermenéutico que solapa una y otra vez violencia y belleza, amor y dolor, agresión y ternura. Pero esa violencia no es ciega, sino que encuentra un orden al devenir metodología, sistemática búsqueda de proporciones, ritmo, ortogonalidad y pureza de las formas. En ese lugar aparece el cuadrado como imagen recurrente, formado por tachuelas o cerdas de acero, repitiéndose de manera modular, como una forma pura que genera tranquilidad y certeza sobre un trasfondo de peligrosidad. También la pintura se torna estrategia para matizar o fantasear esa violencia a través de manchas de color puro o de un género con estampas florales.

Marcos se desplaza hacia otras operaciones que nos plantean encuentros improbables, encajes equívocos para profundizar en aquellas contradicciones. Nos presenta piezas encastradas que nos hablan de uniones imposibles, como amantes improbables que -violentados- son forzados a una existencia conjunta. Pequeñas piezas compuestas por objetos simples, cuasi azarosos, cotidianos y baladíes, aunque no del todo ajenos a su trayecto biográfico, que comienzan a respirar en conjunto y que resultan en simulacros de instrumentos tortuosos.

Sin pretensiones de grandilocuencia nos presenta pequeños gestos significativos, no desde un lugar de creación, sino desde la manipulación de signos. Construye una poesía visual que articula objetos cargados de sentidos asignados por la cultura, para generar un diálogo entre signos que nos mueva hacia una síntesis. Pero para ello, forzará de manera violenta ese encuentro mediante una acción que se adivina perversa y gozosa en las rasgaduras de un papel, en el aprisionamiento de los materiales o en la presión ejercida sobre los objetos.

Su trabajo zigzaguea entre la imagen y el concepto, entre la violencia del material y la belleza de la forma. Contradicciones que provocan pequeñas metáforas visuales que redirigen nuestra atención hacia lo real: desnaturalizan la estabilidad conceptual que organiza nuestro mundo y nos permite abrirnos a la interpretación y la resignificación constante.

Entiende perfectamente que la visualidad opera en el terreno de la significación, por ello trabaja violencia y belleza, dolor y juego, desde ese “oxímoron visual”. Cuando entendemos que la imagen vehiculiza un significado y que ese significado puede organizarse y modificarse de manera consciente, comprendemos que la belleza es una elección y no un valor abstracto. Será un medio de significación y no un fin en sí mismo, incorporándose como un elemento semiótico y no como un simple elemento estético. Marcos no reproduce la belleza o los recursos visuales estereotipados por el régimen escópico occidental, sino que, por el contrario, disputa esa idea y esos recursos atravesándolos con estas acciones de dolor y violencia.

Hasta el 18 de junio de 2022 en Fulana - Sarmiento 88, Tafí Viejo, Tucumán

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