Guías y Patrones | Victoria Iriondo en Atocha galería

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Superposiciones que aben nuevas posibilidades
Por Candelaria Penido

Victoria Iriondo propone, en Guías y Patrones la muestra que inaugura la temporada 2022 de Atocha Galería, adentrarse en la superposición. Una de tiempos, mundos, ideas, creencias,
caminos y personajes.

En un posible acto de rebeldía, la artista deja de lado los caminitos seguros que le propone el material elegido como base de su obra —hojas con moldes de costura de revistas didácticas destinadas a las mujeres de los años 50´—, para abrirse su propio pasaje. Uno que brilla en color y formas orgánicas. Flores, hojas, hongos, distintas figuras de la naturaleza dicen presente y chocan con las líneas punteadas que se encuentra en su fondo. “El patrón que marca el camino es intervenido” dicen las palabras de Maia Gattás Vargas en el texto que acompaña la exposición. Como un mantel, listo para ser ensuciado, estas guías y patrones estipulados por otro, en un intento de gobernar el hacer de pasadas manos creativas, se ven olvidadas en busca de la propia creación artística.

Los trabajos expuestos incitan al espectador a ir más allá. “En ellos aparecen animales y plantas que tienen un suave contacto con el dibujo naturalista, pero por sus colores y formas crean una versión alucinada de lo real”, afirma Gattás Vargas.

Lo esotérico no deja de decir presente, esta vez en las cerámicas que completan la muestra.
Piezas bañadas en oro que presentan símbolos de tarot. Estos nos hablan sobre la superposición de distintos mundos y planos. Arquetipos conocidos, imágenes alguna vez vistas tanto por el entendido como por el ojo desconocedor del tema, que también pueden funcionar como objetos de desvíos. “Las cartas del tarot vistas por separado nos muestran figuras como si fueran símbolos o moldes. Pero, al ser combinadas, se arman juegos infinitos, múltiples posibilidades y puntos de fuga. Se construyen escenas que si cierran sobre sí mismas y escenas que abren, energías disponibles”, confían las palabras del texto que acompaña la muestra.

Al recorrer la galería, cierta tensión emana de las obras expuestas, jugando el rol de la mujer un papel interesante en su creación. Ya que, por un lado, se insinúa una mujer obediente, dedicada, que adquirió una revisa de costura dispuesta a seguir las guías marcadas hasta completar el diseño propuesto. Por el otro, tenemos una mujer que se niega, ya sea de forma consciente o inconsciente, a realizar lo esperado. Rompe, se corre y crea lo que le viene en gana.



Hasta el 10 de junio de 2022 en Atocha (Batalla del Pari 612 - CABA)


Texto curatorial para la muestra
por Maia Gattás Vargas

Imaginemos una escena cotidiana de hace 50 años atrás: una mujer compra una revista sobre cómo ser mujer. Es una tarde tranquila, hay silencio en la casa y se sienta en un rincón soleado con la ilusión de hacer un bordado. Enhebra la aguja y elige su color preferido dentro de su caja de hilos. Comienza a dar puntadas, una detrás de otra, sigue un camino previamente trazado. Pero luego de un rato, esa mujer se da cuenta que está perdida, quizás se distrajo, sus manos avanzaron, pero su mente se alejó. Sobre las instrucciones hizo derivas, tomó un desvío. Como Alicia en el país de la maravillas, que al caer infinitamente por la madriguera del conejo encuentra un mundo subterráneo, esta mujer se encuentra a sí misma gracias a ese desvío.

Esta escena imaginaria del pasado es la que me traen las pinturas de Victoria Iriondo. En ellas aparecen animales y plantas que tienen un suave contacto con el dibujo naturalista, pero por sus colores y formas crean una versión alucinada de lo real. Estas imágenes nos recuerdan a los dibujos del biólogo y artista Ernest Heackel, un científico que fue reprochado de ser “demasiado imaginativo” y de ahí que el libro que reúne sus obras se llamó “Formas artísticas de la naturaleza”.

Iriondo toma como punto de partida los moldes de costura de revistas didácticas destinadas a las mujeres de los años 50, y pinta sobre ese papel marcado, lo sobreimprime. No parte de la hoja en blanco -¿existe la hoja en blanco?- sino de un papel que tiene una huella que pretende ser guía, y es así como el patrón que marca el camino es intervenido. ¿Pueden convivir en un mismo plano y al mismo tiempo la belleza de la naturaleza y la manufactura de la alienación industrial? - se pregunta la artista. Ese molde fabrica en una cadena de montaje moldes de bordado y formas de ser mujer, simultáneamente.
La muestra Guías y patrones traza un recorrido que va desde afuera hacia adentro: la vidriera luminosa y estridente nos promete un espacio de adivinación o salvación, gracias a mágicas tecnologías rituales que sobreviven a todos los tiempos. Esta muestra en Atocha galería tiene elementos que abren y que cierran: estamos inmersos en una dicotomía, entre la estructura, lo que fue marcado y lo que se puede salir de la línea. Entre lo que fue y lo que se puede ser, entre la regla y la transgresión. Al final de ese trayecto encontramos un tesoro: cuatro pequeñas piezas de cerámica bañadas en oro, que brillan con distintos matices, al igual que el neón. En ellas hay fragmentos de cuerpos, son símbolos del tarot sacados de su contexto original: manos que sostienen promesas, gestos que unen el cielo y la tierra, corrientes secretas que conectan los cuerpos y lo intangible.

Los orígenes del tarot se registran en el siglo XI y sobreviven en la actualidad, porque el pensamiento mágico nos alivia el vivir -y vivir es algo difícil en todas las épocas-. Las veintidós cartas que componen los arcanos mayores del tarot de Marsella tienen dos direcciones: la primera dirección es de la tierra al cielo. A ella corresponden las figuras que componen arquetipos sociales, proyecciones que tenemos hacia el “más allá”, idealismos del ser. Ahí encontramos ciertas mujeres como arquetipos: la Papisa, la Emperatriz, la Templanza y la Fuerza. La segunda corriente de energía nos trae la Estrella y la Luna, la Muerte y una mujer que flota en el centro del Mundo. Ellas corresponden a la segunda dirección, la que va en sentido contrario: baja del cielo a la tierra, materializando. En esas cartas, para mí, vive la confianza de que todo está relacionado con todo, de que todo encuentra su cauce. El tarot es entonces como un espejo entre dos mundos lejanos que se tocan con hilos invisibles.

Si cada época tiene sus arquetipos. ¿Qué pasaría si hacemos el ejercicio de superponer a todas las posibles mujeres? Las que fueron nuestras antepasadas, aquellas que bordaban siguiendo una línea, las que se perdieron en el camino, las que cayeron por un pozo invisible, las miles que somos hoy, y todas las que aún podemos ser. ¿Hay un patrón? ¿Hay un denominador común? Las cartas del tarot vistas por separado nos muestran figuras como si fueran símbolos o moldes. Pero, al ser combinadas, se arman juegos infinitos, múltiples posibilidades y puntos de fuga. Se construyen escenas que si cierran sobre sí mismas y escenas que abren, energías disponibles. El arte de la adivinación es una promesa de futuro que sólo nos puede hablar del presente, entonces, la lectura del tarot es igual que el arte.

Victoria Iriondo (Santa Fe, 1983) trabaja con la pintura, la cerámica, la fotografía y la técnica mixta. Su exploratoria contempla temas esotéricos, la simbología antigua y neopagana; la temática de la mujer en relación con la naturaleza y lo sagrado es una constante en su obra.
Graduada en E.F.C. de Fotografía (2011), con el título de Fotógrafa Profesional. Se formó también en la Universidad Nacional del Arte (UNA) entre 2010 y 2014 y tuvo un breve paso por la Facultad de Psicología de la UBA (2003 – 2005). Realizó seminarios y clínicas de obra: el programa Artistas x Artistas, Fundación EL Mirador (2019), y el Programa de Prácticas Artísticas Contemporáneas (PAC) de la Galería Gachi Prieto (2020). Sus obras fueron seleccionadas en diferentes premios y salones de la Argentina. Desde el 2008 participa en muestras individuales y colectivas en Argentina y en USA, y en ferias internacionales.
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