Todavía las cosas hacían sombra | Florencia Sadir en le MAC (Salta)

Una serie de instalaciones realizadas con materiales naturales y nativos del Valle Calchaquí (o Kalchaki) y oficios que se practican en este lugar como parte del conocimiento heredado

Las fuerzas extrañas

Tenemos el calor en su tibieza exacta
el fuego protegiendo y
la realidad distorsionada en
lugares que otrxs nunca
ven.
(Mateo Diosque)

El cielo está tapado de viento negro.
Las gotas, llenas de tierra, están llevando un pedacito del paisaje de un lugar a otro.
Se repiten las lágrimas quemadas y las soldadas, que son también espinas que acarician.
Armar una cortina de cerámica como un retrato de la lluvia que suspende, destella y también opaca.
Como una semilla en la lengua de un pájaro o una nube que viste con un poncho al cerro, a ese que
parece tener un hocico puntudo y orejas, y por eso le dicen “zorro”.
¿Las palabras son como el ciclo del agua?

Una imagen puede hacer viajar a un relato -a veces mudo- o crear un relato en su desplazamiento.
Ante querer contar cómo se mueve, cuánto pesa, a qué se acerca, quién es testigo ¿se crea el
sentido?. Semillas de la imaginación de una joven que observa las texturas de los días hacen brotar
nuevas imágenes que son también familiares, con “momentos” de extrañamiento. Ella convida lo que
produce, aprende de las piedras y de los latidos ajenos y convoca a hacer, todas las personas que
tiene cerca se suman a hacer construcciones donde la utilidad queda suspendida, como un gesto de
expresión de libertad. Cantando coplas un grupo de mujeres queman y enhebran miles de piezas
flotantes para componer un muro blando, traslúcido, que pueden tocar la piel de quien avance para
atravesarlo, puede abrirse.

Una obra de arte puede materializarse en un gesto veloz o requerir una construcción minuciosa,
artesanal, lenta, pero siempre es más que su tecnología. ¿Con qué lo hiciste? ¿de dónde venís?
¿dónde te quedaste? ¿a qué le llamás “lejos”? ¿cómo dibujás el horizonte? ¿qué estás buscando?
El arte inventa distancias y también las borra, alimenta reservas de significación y también puede ser
ese atravesar superficies, esa posibilidad de ahondarse, poder llegar al adentro de un mundo y
atentamente sentir su ritmo, seguirlo, como se baila una canción, como cuando buscás los bordes y
los latidos de la música desde el cuerpo. La experiencia de comprenderse como parte de un lugar,
comprender una forma viva, crear una forma desde el movimiento, una forma de hacer, de construir,
de cultivar. Una forma de vivir.

Todavía las cosas hacían sombra es un conjunto de composiciones de Florencia Sadir que decantan tras su atenta observación y experimentación cotidiana en la práctica de tareas de cuidado y construcción propias un territorio específico, que se expande en la aridez de las alturas, donde ella creció, donde elige vivir e imaginar. Florencia realiza obras en las que cambia la función de los objetos e investiga materiales y ciclos de la naturaleza en el Valle Calchaquí (o Kalchaki) y formas que surgen del acercamiento a oficios que se practican en ese lugar como parte del conocimiento heredado, los saberes vinculados a lo que permiten las fuerzas de la naturaleza, las que nombramos a veces como extrañas o mágicas, la comprensión de los procesos de transformación de la materia y los ciclos del tiempo.

Mostramos un presente que es una unión de temporalidades, una convocatoria a volver a mirar, a
habitar el asombro, atender a los rastros para la experiencia de proteger, de acompañar, de
alimentar. Las huellas de nuestros movimientos, como en un campo de pimientos secándose al sol,
muestran formas que son posibilidades de abrir, de cruzar, de cambiar, de ir y volver. Hacer un
camino, un camino bifurcado y compartido, abrazado de lo que se quema para permanecer,
sosteniendo a lo que deja de absorber para contener, mirando a lo que empieza a brillar tras la
fricción, estrujando a lo que se colorea a ser sumergido.

Florencia acerca y transforma imágenes que condensan aprendizajes sobre la espera y también sobre
el silencio, para dar lugar a la escucha y a abrir el conocimiento de lo vivo. Observa cómo cambia la
humedad, la luminosidad, la lentitud de la atmósfera, la rugosidad de las piedras, la lógica de las
espinas, el tiempo de los pétalos. Realiza obras que provocan distorsiones, invenciones, gestos que
son una poética de la mirada en la permanente inestabilidad del sentido de las imágenes.

Por Andrei Fernández (curaduría)
Salta, octubre de 2021

Catálogo de la muestra

Hasta el sábado 27 de noviembre en el MAC - Museo de Arte Contemporáneo de Salta (Zuviría 90 - Salta)













por <oculto> , 15 de Noviembre de 2021
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