Si tendiera mi lecho en el fondo del abismo | Virginia Chouhy y Julián Astelarra

astelarra__chouhy.jpg

Si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, allí estarías vos.
Y si me elevara por sobre las alas del alba, o me estableciera
en los márgenes del ancho río, también allí estarías vos

Hay quienes ven en un edificio una casa eterna; saben leer en sus paredes el futuro. Y hay quienes ven en las paredes de una casa eterna, un lugar de trofeos de guerra. O un museo, que desde sus comienzos fue lo mismo.

Se dice que un museo es también un mausoleo: una tumba honrada hecha para aquellos laureles.
Muchas veces se soñó con la anulación de las tumbas. Ese sueño era compartido con la desaparición de los museos, su incineración. Malevich dejó dicho que esos fastuosos templos levantados para el resguardo de la memoria y las musas debían quemarse por completo para reducir su volumen y materia, de los que sólo servirían sus cenizas.

Así, el arte de toda una época no es más que la fabricación de trofeos de guerra, ya que entonces, el arte era la guerra misma. Pero ciertxs artistas hoy parecen estar abocadxs en construir puentes, antes que quemarlos. O ya bien multiplicarlos, para estallar el pasado como punto fijo y concluso.
Desde este lugar ambiguo producen Virginia Chouhy y Julian Astelarra, entre la reconstitución y el saqueo del pasado.

Donde lo volátil de un paisaje que desaparece ante nuestros ojos es abordado de una forma casi arqueológica. Chouhy se propone trabajar con los restos de una extensión acotada de la isla, arrasada por los incendios de algunos meses atrás. Ella encuentra un lugar inhóspito que guarda en sí tiempos y lugares que parecieran incompatibles o irreconciliables; lo que no es otra cosa que la definición de museo. Las orillas de enfrente hablan muchas lenguas, desplazan el aire de modo tal que los sentidos deben reeducarse, como también la memoria.

En Astelarra, los frescos -técnica pictórica de mayor perdurabilidad y proyección en el tiempo, que antiguamente se realizaba como revoque en muros- se ponen en tensión con las exigencias de fragilidad vertiginosa del hoy. Aquí, el fresco adopta las capacidades del durlock: su autonomía, versatilidad y liviandad; sin embargo, se extrema la especificidad de la obra con su ubicación. Ante el mínimo movimiento, este fresco se derrumba. El artista no pretende ya sortear el horizonte de la historia, sino que se ubica en ese espacio liminal, donde se encuentran los tiempos.
Chouhy y Astelarra abren un espacio donde podamos ser indefensxs como niñxs, porque la debilidad es el más bello de los valores, y la fuerza no es nada. Se sabe que al nacer somos débiles y flexibles. Al morir, durxs como árbol viejo. Rigidez y fuerza son compañeras de la muerte. Ductilidad y vulnerabilidad son los gestos de la frescura del ser.

Gaspar Núñez

Hasta el viernes 10 de diciembre de 2021 en Crudo Arte Contemporáneo (Italia 1044, Rosario)

Fotos_por_Lucas_Bragagnini_4.jpeg Fotos_por_Lucas_Bragagnini_2.jpeg crudo-nov21.jpg
compartir
Con el apoyo de