Ausencias tangibles

Material de rescate. Ginevra Landini en ungallery desde el lunes 27 de septiembre de 2021 hasta el viernes 26 de noviembre de 2021.

Ingresando por calles empedradas, delimitadas de la vereda por plugs-anales de piedra que restringen la circulación vehicular, nos sumergimos en las calles del barrio de Retiro. Llegando a la esquina de Arroyo y Suipacha, el alto-relieve de un esqueleto arquitectónico de 4 niveles obliga a la mirada a elevarse siguiendo las líneas de su contorno. Un gran volumen vacío recuerda el espacio que hace casi tres décadas supo ocupar la Embajada de Israel, en cuyos cimientos hoy se encuentra una plaza homónima, conmemorativa del atentado. Imbuidos en pensamientos sobre la identidad y la ausencia, avanzamos por Arroyo algunos metros hasta toparnos con la vidriera de Ungallery. A través de un amplio ventanal vislumbramos retazos de Material de Rescate, la primera exhibición individual de Ginevra Landini.

El siguiente paso es descifrar el ingreso. Una pista: no se trata de un retruco a la Acción del Encierro de Graciela Carnevale, alentándonos a romper el vidrio para hacernos paso, sino que su entrada se ubica en el hall de ingreso del edificio residencial lindante. Al interior, la estridencia del blanco sobre blanco amplifica la suspensión monocromática de las obras de Ginevra, transportando a quien ingresa a una atmosfera donde las diversas tonalidades de rojo se vuelven altamente pregnante. Un paseo laberintico de luces, manchas y texturas, de telas (des)veladas y acuarelas acrílicas, nos mantienen absortos recordando films psicoanalíticos con sus demodés test de Rorschach.

Un primer pensamiento, antes que el juego casi infantil de buscar similitudes formales en las manchas materiales, sería probablemente la potencia imbricada en el color. Diluida en tonos medios y altos, donde la resonancia del rojo puro pareciera un bullir a penas distinguible, la exhibición nos impone su tiempo: la demora necesaria para encontrarnos con lo que aguarda oculto. Como señala Leila Tschopp en el texto de sala, pareciera que nuestros ojos “fueran capaces de hacerse mano y acariciar las superficies, las pieles, y también lo que está adentro, escondido o en potencia.”

Si bien la exhibición incorpora trabajos de dos series distintas, la yuxtaposición de las mismas es prácticamente imperceptible. Las distintas obras resuenan como parte de una misma instalación, como un sistema que actúa por integración de sucesivas aportaciones más que por rupturas. A primera vista, la distinción entre la sala delantera y la trasera podría estar determinada por la dicotomía cuerpo/lienzo y cuerpo/molde, donde la concepción de la huella es traída a colación en ambos casos, pero desde tangentes distintas. Una búsqueda centrada en el rastro de la expresividad del cuerpo humano ¿simplificado? atraviesa por igual las “acuarelas” de menor formato (fruto de una investigación en torno al peso del cuerpo), los paños volumétricos, y las diversas telas bidimensionales. Pero, como ocurre con la vista microscópica -que al acercarse no hace más que amplificar-, sus cuerpos parecieran expandirse cada vez que intenta abreviarlos. Asimismo, resuena en la sala algo en torno a las incógnitas de Judith Butler respecto a cómo reformular el cuerpo sin verlo como un medio o instrumento pasivo que espera la capacidad vivificadora de una voluntad rotundamente inmaterial para establecer su significado cultural.

La conexión final entre ambas salas se encuentra develada en una proyección, a partir de la cual es plausible comprender el origen que ha gestado no sólo a las piezas que –a falta de mejor definición- llamaré “esculturas”, sino también a las grandes telas que cuelgan en la sala delantera, material de descarte/rescate del proceso que las engendró. Emergiendo de una necesidad emocional interior, por momentos más o menos consciente, las obras de Landini evidencian un proceso activo, como huellas dinámicas de una performatividad que cuestiona la relación entre lo que se muestra y lo que es.

Ginevra comenta que parte del origen de sus obras podría encontrarse en la adquisición de un libro de dibujos pornográficos de Anselm Kiefer. Quizás valga la diferenciación de Byung-Chul Han entre el erotómano y el pornógrafo para entender el modo en que ese corpus entra en escena en su obra. La erótica, según el autor, es alusiva y no directamente afectante. Lo que resulta erótico son los signos que circulan sin revelar. Eróticos son los secretos, que, sobre todo, son indevelables. El erotismo en las “esculturas” de Landini, calando más hondo que la directa relación entre el tacto, la intimidad de la performance y la sensualidad alusiva del proceso, se halla principalmente en lo oculto, en lo no dicho, pero sugerido. Si bien las famosas leyes de la Gestalt nos condicionan a completar las formas abiertas, y las clases de lengua del secundario nos invitan a pensar la instalación como una sinécdoque, quizás baste simplemente con entender al vacío como potencia activa. Es a partir de éste que se genera el espacio donde las historias de ausencias que nos habitan (y componen) como seres humanos pueden hacerse presentes. Quizás allí resida la sensación fantasmagórica que transmiten esas telas corpóreas suspendidas. Trozos de cuerpo rosáceos cuelgan desde el aire, como medias reses en la heladera de una carnicería: ¿Qué representan esos fragmentos colgantes cuando son separados del todo? ¿Qué somos cuando la noción de totalidad corporal se diluye? ¿Acaso es posible que algo imperceptible, ausente, deje una huella? Material de Rescate nos invita a pensar que la mancha, representando la huella de esa expresión, habla.

Material de Rescate de Ginevra Landini en UnGallery, finalizó el 15 de octubre de 2021
Ilustración por Tais Auliso.

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