Colectiva: Traer lo que está lejos aquí cerca (Tucumán)

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Un dibujo a mano alzada sobre una hoja de papel marrón representa el plano emocional de una casa. Está hecho de líneas que provienen tanto de la arquitectura como del afecto. Reúne en su trazado recuerdos propios y ajenos, historias contadas por familiares y por vecinxs del barrio. Está acompañado de un pequeño índice de palabras que surgen al pensar en la casa, enlistados en otra hoja de color marrón. Se desprende de ellos un relato de la historia de esta casa ubicada en la Avenida Sarmiento 1347, en el que no aparece nunca una referencia precisa de tiempo. Las cosas suceden aquí en esta casa antes o después, sin indicar fechas pero guardando registro en su estructura visible e invisible del paso del tiempo.

Si el pasado nos orienta en el presente, este relato trae un tiempo que se cuela en cada rincón y se escabulle, como el polvo en las casas. En La Sarmiento, como llamamos a la casa, funcionaron las oficinas de Sade, una empresa de ingeniería en la que trabajaba el abuelo materno de Sofía Casadey. Empresa que una vez disuelta se retiró de la casa y dejó las oficinas a su abuelo, quien les dio uso con un emprendimiento propio. Tras su muerte, la casa se alquiló, convirtiéndose en el espacio de una escuela técnica. No sabemos cuántos años dura exactamente ese alquiler, pero luego de ser escuela, es un tío quien pone sus oficinas de ingeniería en el lugar. Lo que sucede después con el tío aún usando las oficinas, es que La Turca, una abuela de cariño, toma la casa como vivienda y empiezan a
utilizar un sector para alquilar como cocheras, y es el sector más próspero si consideramos que funciona hasta la actualidad. En esta misma casa y en paralelo a las oficinas del tío, la madre instala su taller de arte. Tiempo después el tío se va, dejándole todo el espacio disponible para taller, donde
trabaja en su obra y además da clases a distintos alumnos. Es en ese período en el que quedan abandonadas en la casa algunas de las pinturas que se pueden ver por los rincones. Pinturas sin dueñxs que las busquen ni las reclamen habitan también este espacio.

Años después y aún en simultáneo al taller de arte, el hermano de Sofía pone un Spa. Y otros años después ambos proyectos se disuelven. Por un periodo sólo funcionan las cocheras. Distintos interesados empiezan a visitar la casa con intenciones de poner emprendimientos como bares o hasta un supermercado, y es a raíz de esa propuesta que la casa finalmente se desarma y empiezan a vaciarla para poder voltear algunas paredes que permitan la funcionalidad que requiere un comercio del tipo de los que tienen góndolas con productos. Así, tíos, madre y hermanos se llevan puertas, pisos, mármol, muebles y mobiliarios de baño. En medio de estas múltiples mudanzas y transformaciones del espacio, Sofía festeja ahí su cumpleaños de 15, y no es la única que lo hace,
también algunos de sus amigxs. La fiesta se costea con rifas y apoyo familiar, aprendiendo desde muy jóven a vincularse con la auto gestión. Por algún motivo que desconocemos, el proyecto del supermercado queda trunco y subsiste la cochera en alquiler. Y además se agrega una habitación que se alquila como depósito. Con esta disposición y sobre esta historia, Sofía empieza a hacer
actividades culturales en los espacios vacíos de la casa, muchas de ellas junto a Camila Kaese y Rocío Rivadeneyra. En el último año, estas amigas artistas trabajaron en generar actividades expositivas como las entregas finales de la Facultad de Artes de Mariana Ponce y Constanza Espíndola, dos muestras de Rocío Valdivieso y una intervención de El bondi colectivo.



Traer lo que está lejos aquí cerca
Al entrar en la casa me encuentro con otro plano.
También emocional, también a mano alzada, pero en este caso es efímero, norteño y está sobre el piso.
Este plano está hecho de algo que se hace aquí pero que se consigue en cualquier lugar del mundo, el azúcar.
Los granos dibujan líneas que demarcan cada habitación sobre un piso que está aún sucio de la última exposición.
Conserva en él las huellas de polvo y tierra de las personas que visitaron el lugar por última vez. En este piso las líneas blancas de azúcar brillan.
Pero también el azúcar se desparrama junto al polvo y se unen los granos de distinto color y textura, puntos negros y blancos que de lejos se ven grises, pero no lo son.
Es un color hecho de la mezcla de esos puntos, es lo que se llama una grisura. Un color hecho de azúcar y polvo, que es también un color hecho de contradicciones, de tiempo y vestigios, un color que no asume una homogeneidad, un color mezcla que está hecho de manera colaborativa por las tres artistas en el espacio.

Hay en esta muestra un deseo de dialogar con la historia de la casa y de la ciudad, un deseo de dialogar con los muertos, con los muebles, con el inmueble, desde las obras que cada una realiza y desde el acto mismo de hacer esta muestra cargada de cuidados afectivos y señalamientos.
Emana un deseo de crear en comunidad que propone mediante el arte traer lo que está lejos aquí cerca.
Así, en el espacio común y cada una en una habitación, generan situaciones de intimidad para pinturas que ritualizan objetos de consumo, esculturas de ladrillo y tierra que se erigen como una ruina sofisticada entre lo encontrado y lo puesto adrede, sonidos de una voz en loop que intentan fallar en el acto de repetirse se presentan entre otras obras en el espacio, como una forma de habitar (y despedir) una casa que alberga una historia mientras construye otra.

Guadalupe Creche (Curadora)
23 de septiembre 2021



Traer lo que está lejos aquí cerca
Participan: Camila Kaese, Rocío Rivadeneyra y Sofía Casadey
Hasta el 24 de octubre de 2021
en Av. Sarmiento 1347 (Tucumán)

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