Joya Pedestal | Tamara Goldenberg en Observatorio Atelier

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Alguna vez, este edificio se levantó para celebrar un cine portuario para el barrio, el que hoy devino museo. La antigua cabina de proyecciones del viejo cine Kalisay, hoy es amoblada para recibir la vida de un artista; departamento que ocasionalmente muta en galería.

Aquí, Tamara Goldenberg despliega una serie de acciones y gestos. Registra en fotografías los monu­mentos que visita durante largas horas. Pero también, fotografía registros de aquellas esculturas que encuentra en catálogos y librerías de segunda mano. Imágenes que guarda en pequeños y portátiles reli­carios de bronce.

No solo elige mirar a través de otrx, sino que además reencuadra su recorte.
Reencuentra una forma en el cuerpo de otra. Se apropia de imágenes y miradas de antaño que le seducen.

El cine, la fotografía, el teatro se ocupan de realizar cálculos y demarcar secciones sobre aquella parte de las cosas que son objeto de la mirada y, también, atienden las zonas oscuras donde los objetos quedan escondidos o disimulados; ocultación que podrá aprovecharse en beneficio de una ilusión. Y en este lugar, Observatorio, donde se programaban los recortes e imágenes para quienes asistían a aquel cine, Tamara reencuadra aquellos documentos históricos haciendo que de ellos aflore la ilusión, para que confiesen sus secretos íntimos y mentiras piadosas.

Se vale del recorte como medio para la apropiación. Pero, el recorte aplicado a la visión funciona como el ejercicio de la libertad subjetiva, un acto de soberanía. Y aplicado a, por ejemplo, un vidrio, puede gene­rar un arma blanca inmediata y primitiva con la que racionar la comida, hundir la piel o tajear un lienzo. Por eso la apropiación también hiere la imagen, la escinde de su integridad, la disgrega a la
vez que la concentra. El gesto de apropiarse algo, refiere originalmente al acto de hacer propia una cosa que no nos pertenece, siendo de otrx o ya bien de nadie.

Tamara toma este aspecto casi delictivo y rápidamente lo une al afecto y la ternura. Como si el paso de lo público a lo privado no existiera de otra manera que en la calidez de la intimidad, en sus pequeños reli­carios o en el decoro de esta casa llena de rincones y fantasmas. Cuando afirmamos que lo personal participa de lo político, ella encuentra en la política su matiz sensible. Le da la posibilidad al Estado de que no sea un mito impersonal o un enorme Leviatán; que pueda reír, llorar o amar. Para que un monu­mento no sea sólo la política pública que esculpe una inmortalidad épica o un tiempo petrificado en formol, sino además un refugio en el que pasar las horas.

Gaspar Núñez



Joya Pedestal Hasta el 15 de agosto de 2021 en Observatorio Atelier (Alt. Brown 1037 - 1. CABA)
de VI a DO de 15 a 19hs
@observatori_atelier


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