El mundo de la fantasía, patrimonio de la humanidad | Sol Quirincich

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Fe y orfebrería

Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta hora hemos usado, abajo señor excelentísimo esas señales exteriores que para nada nos han servido y que parece que aún no hemos roto las cadenas de la esclavitud”
Manuel Belgrano, 26 de febrero de 1812

Una posible estrategia para interpelar al futuro es sumergirnos en el barro de la memoria. Quirincich, sin esgrimir un programa, evoca la tradición fundante de la Patria. Quienes habitamos estas riberas no podemos desentendernos de ese mito: el de un intelectual que toma las armas, rebelde y heroico. Que comprende el valor del emblema para reconocer a los hermanos de los enemigos. Esta convicción sobre el poder de las imágenes podemos encontrarla ya en 1796, cuando Belgrano impulsa la creación de la primera escuela de dibujo de lo que más tarde será la República Argentina:

Los buenos principios los adquirirá el artista en una escuela de dibujo que sin duda es el alma de las artes, algunos creen inútil este conocimiento, pero es tan necesario, que todo menestral lo necesita para perfeccionarse en su oficio; el carpintero, cantero, bordador, sastre, herrero y hasta los zapateros no podrán cortar unos zapatos con el ajuste y perfección debida sin saber dibujar. Aun se extienden a más que los artistas los beneficios que resultan de una escuela de dibujo: sin este conocimiento los filósofos principiantes no entenderán los planisferios de las esferas celeste y terrestre, de las armilares que se ponen para el movimiento de la tierra, y más planetas en sus respectivos sistemas, y por consiguiente los diseños de las máquinas eléctricas y neumáticas y otros muchos que se ponen ya en sus libros, al teólogo a quien le es indispensable algún estudio de geografía, le facilitará el manejo del mapa y del compás, al ministro y abogado el de los planos iconográficos y agrimensores de las casas y terrenos y sembrados que presentan los litigantes en los pleitos, el médico entenderá con más facilidad las partes del cuerpo humano, que se ve y estudia en las láminas y libros de anatomía; en una palabra, debe ser este conocimiento tan general, que aun las mujeres lo debían tener para el mejor desempeño de sus labores.

Las representaciones visuales constituyen para Belgrano herramientas indispensables para la construcción del estado. Instrumentos de elegante sencillez que le permiten cifrar el porvenir. Talismanes con los que hacer frente a la multitud de combates del presente.
En “El mundo de la fantasía, patrimonio de la humanidad” se percibe la operación belgraniana. Pero también la labor de una infinidad de maestras anónimas que reprodujeron con lápices de colores y papeles recortados el relato de las hazañas. De las madres y abuelas que cosieron las escarapelas a nuestros guardapolvos. Gestos humildes e ilusionados.
La artista le arrebata a la Historia el derecho a instituir heroínas y héroes, a declamar himnos y consignas. El díscolo panteón se inscribe en cobre, que es más frágil y amable que el bronce. No se trata de monumentos: esta genealogía se graba sobre la materia de las alianzas de los modestos. La empresa es desmesurada y delicada al mismo tiempo: fe y orfebrería para la invención de una patria propia.

Georgina Ricci
Curadora de la muestra

Hasta el 27 de julio de 2021 en etudioG (Catamarca 1427 -Local 12 y 24 - Rosario)

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