Réquiem | Rubén Baldemar

BA_Mu_camara3-03.jpg

Rubén Baldemar, artista rosarino fallecido en 2005.
Requiem reúne una selección de obras pertenecientes a tres de sus series: Mott, Autorretratos y Heráldica, producidas en distintos momentos de su carrera. En “La implosión del mingitorio viral”, texto que acompaña la muestra, Nancy Rojas y Mauro Guzmán analizan desde el presente su producción, para atravesarla con algunas de las problemáticas que hoy nos ocupan dentro del campo del arte y en el plano social. Desde 2017 la galería Subsuelo se encuentra abocada a recuperar su figura, y a catalogar y restaurar su cuerpo de obra.


Hasta el 23 de abril de 2021 de 12 a 18 hs en Barro (Caboto 531 - CABA)



La implosión del mingitorio viral
Por Mauro Guzmán y Nancy Rojas

En un catálogo de 1991, publicado para la muestra Papeles protagónicos,1 Baldemar hablaba de las
ideas, de la dificultad de hallar el punto exacto en el que se produce su detonación, como si se tratara
de un virus que implosiona para quedarse, para diluirse en las paradojas del mundo. Casualmente
en la actualidad, su mundo se nos presenta como un torrente de imágenes paradójicas en estado de
latencia subterránea, imponiéndose y reclamando nuevas miradas y guiones específicos que permitan
otro tipo de abordaje de su obra.

Baldemar estudió Bellas Artes, sobrevoló la arquitectura y tomó clases en los talleres de Mele
Bruniard, en 1980, y de Julián Usandizaga, en 1983.
Su trabajo comenzó a circular en 1984, acompañando y formando parte de la marea impulsada por la apertura democrática en Argentina. Este contexto fue propicio para su producción, signada no sólo por la intención de una excelente manufactura (lo que iba a contrapelo de aquella tendencia cada vez más imperante en esa década, que señalaba que “al arte no es necesario hacerlo bien”) sino también por el anacronismo y la residualidad con los que configuró los relatos de sus imágenes, para confluir, en algunas instancias, en una versión trash del esteticismo naciente en esa época. Un trash que él no interpretó como tal, sino como una condición kitsch, siendo ésta quizás una de las nociones más tendenciosas de ese momento.

Un primer punto en este intento de articulación de un enfoque distintivo sobre Baldemar nos lleva a
visualizar las fugas que él mismo auspició al auto- excluirse de su entorno. Pero en el marco de una
cultura que fuga hacia múltiples espacios, reales, ficcionales, fantasmales, relacionales, esa auto-
exclusión por un lapso de alrededor de diez años no resulta significativa sólo en términos emocionales,
sino también y principalmente circunstanciales y políticos. Por eso se hace necesario hablar de esa
auto-exclusión como una elección decisiva, que formó parte de un corpus crítico-discursivo
llevándolo a operar por mucho tiempo más allá del juego de oferta y demanda del circuito galerístico y
expositivo. Nos interesa ver a ese aislamiento como potencia y no como un ejercicio romántico. Como
energía modeladora para las fugas que él mismo propició hacia procedimientos esenciales que hoy
nos permiten señalar tanto la genealogía patriarcal de la historiografía del arte moderno, como
también la inscripción del artista en una ética y en una estética queer.

En 1983 los archivos del American Art Journal dieron a conocer una carta de Duchamp a su
hermana Suzanne, en la que se leía: “Una de mis amigas, bajo el seudónimo masculino de Richard
Mutt, ha mandado un urinario de porcelana como escultura”. Pese a la radicalidad de este hallazgo,
fue recién a partir de 1996 que distintas investigaciones echaron luz aportando cada vez más datos para constatar definitivamente que el famoso urinario es una obra de la condesa Elsa Von
Freytag-Loringhoven. Una artista dadaísta, autora de objetos, performances y poesías porno-
fonéticas, que por un tiempo fue vecina de Duchamp en Nueva York. Por supuesto, estos
estudios no tuvieron aprehensión institucional hasta 2014, cuando les curadores Julián Spalding y
Glyn Thompson presentaron su sentencia en el marco de la exposición A lady’s not a Gent’s (dicho
cuya traducción también significa “Donde mean los hombres no mean las mujeres”): el llamado padre
del conceptualismo no sólo se apropió de dicho objeto (casualmente lo patentó después de 1950,
cuando ya habían muerto Elsa y Alfred Stieglitz, quien fotografió la pieza para el número 2 de la
revista The blind man, publicado en 1917) sino que le robó su significado original.2

Como abyección, como referencia vanguardista, como obra apócrifa y, desde hace poquísimos años,
como “intervención invisible de una artista mujer”,3 el mingitorio detonó y se viralizó en el arte
contemporáneo con diferentes matices.
La hazaña de Mutt es el nombre que le dio Baldemar a sus propios mingitorios hacia el año 2001. Se trata de una serie compuesta por pequeños urinarios y un relieve de pared, a los que
originalmente pensó a partir de una idea central: el mingitorio y su “devenir en la fuente de Duchamp”.

Fragmento del texto curatorial


1— Catálogo Susana Meden - Rubén Baldemar “Papeles protagónicos”, Rosario, Museo Municipal de Arte Decorativo
Firma y Odilo Estévez, 11 de octubre al 3 de noviembre de 1991.
2— Julian Spalding y Glyn Thompson, “How Duchamp stole the Urinal”, The Scottish review of books, Escocia, 4 de noviembre de 2014.
3— Carmela Torres, “¿El urinario de Elsa para Duchamp?”, La Izquierda diario, semanario Ideas de Izquierda, 14 de octubre de 2018.


BA_Mu_camara3-05.jpg BA_Mu_camara3-10.jpg baldem-1.jpg baldem-2.jpg baldem-3.jpg baldem-4.jpg baldem-7.jpg baldem-8.jpg
compartir
Con el apoyo de