La linterna y el archivo | Verónica Orta

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En 2018 con motivo de otra exposición, me acerqué a los modos en que Verónica Orta organiza los
materiales para producir fotos o simplemente para tornarlos disponibles y, sobre todo, a interiorizarme de sus prácticas, como la de observar la naturaleza a través de caminatas y recoger así pequeños tesoros, sean piedras y cortezas o ramas, hojas y flores. Justamente la serie Paseo, presentada en la sección Gabinete del Salón Nacional del Castagnino+macro de aquel año, responde a esa actitud de coleccionista, a los hallazgos y extrañezas obtenidas, que mediante agrupamientos diversos, siempre sobre fondos oscuros y abismales, configuraron un pulido conjunto de fotos analógicas. Pero también en esa oportunidad vi algunas de las hojas de papel que albergaban, como austeros y amorosos collages, trozos ínfimos de plantas; el herbario constituía entonces otro aspecto de su actividad, quizás más íntimo pero inescindible de las fotografías. De ahí que ante la perspectiva de otro Gabinete, esta vez en Subsuelo, resultara sugerente mostrar esas dos acciones fundadas en una pulsión estética frente a la naturaleza, que identifican la labor de Verónica y expresan su sentir sincero, poco estridente. Si Paseo informa de recolecciones, la nueva serie aspira a fijar un instante en la vida de las flores, cuando lucen airosas, unidas a sus plantas y al hábitat que las contiene; empeño que, en parte, se advierte en Flora
invisible, una obra de 2011. A través de ese conjunto de fotos digitales, luminosas y atentas a la
cuestión de la preservación de la biodiversidad, registró la variedad de flores que crecen
espontáneamente en la campiña francesa de Les Moulins a partir de una residencia de artistas en
Boissy le Chatel.

Que una flor tema recurrente del arte y la literatura, estudiada y desnudada por la botánica, protagonista de jardines e interiores, lugar común de atentas sociabilidades, materia prima de exóticas esencias, epítome de la belleza, entre tantos atributos se convierta en el objetivo de la cámara de una fotógrafa puede parecer, a primera vista, una empresa de pocos riesgos en virtud de esas cualidades tan replicadas como actualizadas. Que además, la misma fotógrafa reitere el gesto de les naturalistas al plasmar un frondoso herbario, para el que seleccionó, prensó y fijó sobre láminas variedades pequeñas de hojas y flores, la inscribe en un procedimiento largamente utilizado por la ciencia de la naturaleza; sin embargo, al desalojar cualquier información botánica y el interés por las nomenclaturas científicas, lo transformó en un archivo visual fundado en recorridos e impulsos personales. Lo mismo sucede con las fotografías de flores, porque a la par de ordenar con criterios estéticos las muestras inertes, decidió captarlas con toda su vitalidad en el ámbito del jardín nocturno. Entonces el desplazamiento fue inverso al de Paseo, ya no se trató del traslado de piezas al estudio y del meditado ordenamiento siguiente, sino de sorprender las flores en la noche (y también asombrarse) asumiendo la contingencia de la experiencia. Porque no implicaba disponer con calma elementos a fotografiar sino la disposición de conquistar un momento, lo cual requería posiciones incómodas, ciertos malabarismos y una iluminación singular provista por la sencillez de una linterna, con las dificultades que le conciernen y el encantamiento que provoca. La calma y el control se restablecen en el placentero trabajo del laboratorio. El resultado, once fotos analógicas, es un repertorio de flores en la noche, un nocturno floral donde algunas parecen flotar, etéreas y frágiles, otras se muestran reposadas y esbeltas o ensimismadas y durmientes, y también están las que semejan estrellas en un fondo marino; los contrastes y los sutiles pasajes de luces y sombras las vuelven misteriosas y sorpresivamente descubiertas.

Acerca de este conjunto de acciones e imágenes Verónica escribió:

Será la noche

La oscuridad, el fondo negro.

Piezas botánicas, fragmentos del mundo...

¿Por qué la mirada es selectiva?

Moverse por el mismo camino. Esa necesidad de juntar, para tener a mano aquello que en algún
momento destelló.

Hay un deseo que viene de adentro por duplicar, de observar y retener. Fijarlo. Tal vez coleccionar
(pienso en las mesas donde dispongo un cúmulo de cosas para volver a ellas cuantas veces lo pida)

Ritmar la oscuridad, con movimientos más sueltos para alejar lo tenebroso. Extenderse en la
noche, para vislumbrar un aparecer/desaparecer en un ritmo antojado.

Será la noche quien diga qué la habita.

Salir del sueño para entrar en estado exploratorio, linterna en mano y como los bichos, rondar...
Mover el follaje, alumbrar de a tramos y fotografiar algo.

Sobre jardines, flores y apreciaciones de la naturaleza Verónica también armó otro pequeño
archivo con textos que volcó en un fichero tipeado con máquina de escribir, un proceder ligado al
placer visual proporcionado por dicho soporte y tipografía y también a la recuperación de ciertas
prácticas, como el estudio y aplicación de técnicas fotográficas del pasado. Así transcribió
pequeños fragmentos de las lecturas que la acompañan y estimulan: Emily Dickinson y Rainer
María Rilke, Silvina Ocampo y Juana Bignozzi, Clarice Lispector, Derek Jarman y Wolfgang Tillmans,
entre muchas. Y también en ese marco anotó su propio sentir: Y si un día me quedo sin nada, sin
nada. Me quedará el recuerdo de mis fotos de flores.
Quedémonos entonces junto a sus fotos de flores.

Adriana Armando



Hasta el 17 de abril en SUBSUELO Galería de Arte (Balcarce 238, Rosario)


Verónica Orta nace en Rosario, Argentina. Es graduada en Artes Visuales por la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente se desempeña como profesora titular en la cátedra “Laboratorio I” de la Escuela de Bellas Artes, Facultad de Humanidades y Artes (UNR) y en el Instituto Superior de Comunicación Visual de Rosario. Ha asistido a talleres de fotografía con Andrea Ostera, Guillermo Ueno y Gabriela Muzzio. En el año 2000 obtiene el premio a Artistas Rosarinos del Salón Nacional de Rosario y en 1999 el 1o Premio en Sección Gráfica, XXXII Salón de Arte Contemporáneo de Amigos del Arte, Rosario y la Beca de la Subsecretaría de Cultura de Santa Fe. En 2011 y 2014 participa de la Residencia de Artistas en Les Moulins (Centre d ́ Art Contemporain), Boissy le Chatel, Francia. En 2017, en conjunto con la cátedra "Laboratorio de la EBA - UNR son beneficiadas con el Programa de Movilidad Académica de Grado en Arte (MAGA), Ministerio de Educación de la Nación, con el proyecto Relatos fotográficos: migrar;. En 2019
participa de la NO Residencia EN Tránsito, San Martín de los Andes, del 14 al 19 de marzo.
Desde 1996 realiza exposiciones individuales y colectivas. Entre ellas destacan: «Paseo» (2018) en la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto, Rosario; «Gabinete» (2018) en el marco del 72.o Salón Nacional de Rosario en el Macro, Rosario; «De cosas tocantes a esta historia y no a otra alguna» (2016) en Rivoire marquería + Espacio de Arte; «Pequeñas naturalezas» (2014) en la
Facultad de Humanidades y Artes (UNR); «Carnet de Reves III - Exposition de Jeunes Artistes en Residence» (2014), Les Moulins (Centre d ́ Art Contemporain), Boissy le Chatel, Francia; «Fotografías» (2008) en Rectorado (UNR), Rosario.


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