pintorAs, Lucía Delfino y Gabriela Boer en Centro de Arte UNLP

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Pintoras, una historia de más de 10 años

“Una tarde calurosa de diciembre de 2008, Ad Minoliti visitó a Paola Vega en su taller de la calle Zapiola en la Ciudad de Buenos Aires. Mientras conversaban y escuchaban el ruido de los trenes pasar, se les ocurrió imaginar cómo sería su muestra ideal, qué obras de arte exhibirían, a quiénes podrían llamar para participar. Empezaron a escribir en papelitos desperdigados sobre una mesa algunos nombres y así la exposición ideal dio origen a una lista y este repertorio de nombres dio forma a pintorAs. Todas mujeres, pintoras, amigas, maestras o colegas.

En 2019 pintorAs cumplió diez años de autogestión para la organización de exposiciones y actividades en torno a la exploración de los límites y las posibilidades de la pintura como dispositivo. Su fundación coincidió con un momento en el cual las exposiciones tenían como grandes protagonistas a los hombres, el debate sobre la participación de la mujer en el mundo del arte era tímido (me atrevería a decir que era casi inexistente) y la pintura era resistida a ser entendida como práctica contemporánea. Con este panorama, los objetivos del grupo adquirían proporciones casi épicas.
Las artistas desplegaron en estos diez años deseos y estrategias para realizar distintas acciones. A lo largo de este tiempo realizaron exposiciones, talleres, charlas sobre arte y sobre género en distintas ciudades de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Salta y Corrientes, también en España y Francia. Con su trabajo sostienen una forma de estar y de despertar conciencia en un ámbito que históricamente se ocupó de discriminar a las mujeres. Las pintorAs no hacen arte de mujeres -la identidad de género de une artista no predispone un tipo de obra, las obras no tienen género-. La cuestión de género como problema no está presente necesariamente en la obra de cada una de las artistas sino que se evidencia en el funcionamiento del colectivo.

PintorAs forma una comunidad con una organización interna que resiste el paso del tiempo. Hay división del trabajo, solidaridad y un oficio compartido. Su unión es un acto político, aunque la política no es el común denominador en el programa de cada una. La decisión que condujo y sostiene su existencia es política. Para ellas la pintura y lo pictórico, la política y lo político se entrecruzan y se funden en un mismo gesto.

Las obras de cada una de las artistas y su convivencia en una exposición hacen visible la existencia vital y el proceso de cambio permanente que atraviesa la pintura como lenguaje. En todas sus formas la pintura se presenta como un recurso inagotable, como territorio resistente y a la vez permeable a las nuevas formas que va adquiriendo la práctica artística a lo largo del tiempo.
Las pintorAs despliegan un escenario generoso sobre las posibilidades de ser pintora, hacer pintura y entender lo pictórico. Nos muestran que la pintura es un lugar, es una forma de presentar y representar, es un lenguaje que se hace, se pinta, se mira, se enseña, se aprende, sobre el cual se escribe, sobre el que se escribe y con el cual se escribe porque quien pinta mira el mundo de una manera particular.”

Lara Marmor

Forman parte de pintorAs: Diana Aisenberg (Buenos Aires, 1958, vive y trabaja en Buenos Aires), Carla Bertone (Buenos Aires, 1975, vive y trabaja en Berlín), Florencia Bohtlingk (Buenos Aires, 1966, vive y trabaja en Buenos Aires), Claudia del Río (Rosario, 1957, vive y trabaja en Rosario), Verónica Di Toro (Buenos Aires, 1974, vive y trabaja en Buenos Aires), Silvia Gurfein (Buenos Aires, 1959, vive y trabaja en Buenos Aires), Gachi Hasper (BA, 1966, vive y trabaja en Buenos Aires), María Ibañez Lago (Buenos Aires, 1969, vive y trabaja en París), Catalina León (Buenos Aires, 1981, vive y trabaja en BA), Mariana López (Buenos Aires, 1981, vive y trabaja en Buenos Aires), Valeria Maculán (Buenos Aires, 1968, vive y trabaja en Madrid), Ad Minoliti (Buenos Aires, 1980, vive y trabaja en Buenos Aires y Berlín), Déborah Pruden (Buenos Aires, 1972, vive y trabaja en Buenos Aires), Inés Raiteri (Mar del Plata, 1963, vive y trabaja en Buenos Aires), Leila Tschopp (Buenos Aires, 1978, vive y trabaja en Buenos Aires) y Paola Vega (Buenos Aires, 1979, vive y trabaja en Buenos Aires).



Derivas para el aire de Gabriela Boer

Derivas para el aire es un proyecto de Gabriela Boer creado especialmente para la vidriera Bicentenario del Centro de Arte que tiene lugar en el contexto de apertura de las actividades. Es una gran instalación compuesta por treinta y seis círculos colgantes que puede verse desde el ingreso al edificio y desde el pasaje que une la Presidencia (Rectorado) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) con el Centro. Los amplios ventanales y la apertura de la sala hacia los pisos interiores convierten a este espacio en un sitio luminoso y sin límites precisos, características que la artista decidió resaltar en el diseño de la instalación. El movimiento de los discos, la paleta de tonalidades desaturadas y las diferentes alturas desde las que cuelgan permite a les espectadores adentrarse en esta pintura mudable y que se desplaza por el aire.

La obra tiene su punto de origen en Espesuras del aire (2018), una serie de pinturas de Boer realizadas a partir de millares de diminutos puntos de colores, aplicados unos sobre otros. Los contundentes cambios de escala y de emplazamiento son parte de una iniciativa que por primera vez se demarca de la trayectoria de la artista.

“Caen sobre mí, sobre mi cara y mi pulso que es tan pausado ahora. Estoy imaginando lentamente, algo apenas distinguible del aire iluminado por la luz que entra por la ventana y evidencia las diminutas partículas que se mueven suavemente. Acá, donde las formas son tan simples y los colores tan brillantes. Caen, hasta que no queda mucho de mí. Me caen encima y me quedo dormida o algo aún más recóndito”.

Gabriela Boer


El vacío no está ni adentro ni afuera

Dirigida por Jimena Ferreiro y codirigida por Leila Tschopp, Delfino trabaja con la voluntad de dirigir la mirada hacia la temporalidad de las imágenes a través de la captura instantes cotidianos que se detienen en la aparente quietud de la pintura. La reflexión sobre este medio, el realismo extrañado, las paradojas entre lo efímero y lo permanente, y la particularidad en su empleo de la luz dan cuenta del proceso de producción de esta joven artista y de las características más sorprendentes de sus obras.

“Las pinturas de El vacío no está ni adentro ni afuera muestran fragmentos de espacios que van y vienen, indecisos entre quedarse más acá – presentes donde se encuentran quienes las miramos – o radicarse más allá, en espacios que parecieran irse afuera de ellas. Ese afuera quizás se proyecta hacia atrás o hacia adelante, pero sin dudas siempre está lejos de nuestro alcance. No sabemos si quedarnos suspendides en ese espesor propio de una pintura y deambular dentro de ese espacio insignificante que se halla en el ornamento de una fachada o en lo sinuoso de una cortina densa o si, por el contrario, rastrear el recorrido de aquellas luces y reflejos de origen completamente incierto. ¿Se puede sentir acaso que se está en pausa sin estar detenido? ¿Es posible que el aire se vuelva más espeso y manso haciendo que todo lo que en él sucede se dilate? ¿que los sonidos de alrededor lleguen opacos a los oídos debido al cambio de espesura, al igual que la voz de quien habla bajo el agua? ¿Se puede sentir a la luz respirar? ¿Puede ser que aquello que la imagen oculta en verdad exista detrás de ella? ¿Será que lo importante está en otro lado?”

Lucía Delfino


La inauguración es virtual y se podrá visitar de manera presencial a partir del 3 de marzo de 2021 de 14 a 19 los días miércoles, jueves y viernes

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