Pequeño hogar brillante | Erik Arazi

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Espacio Ftalo sigue expandiendo su propuesta en relación a la visión tradicional de la pintura para acercarnos a las manifestaciones de la imagen contemporánea.
La tradición y la historia de la pintura hoy se nos presenta como una idea, y aquel camino de la abstracción iniciado por los artistas a principios del siglo XX no deja de ser el campo de búsquedas sin fin, en las que la pintura y el dibujo corporizan su pulso en el espacio.

La instalación de Erik Arazi en Espacio Ftalo presenta una serie de dibujos realizado sobre papel negro en grafito. El trazo del lápiz resuelto sobre el fondo oscuro deviene alquimicamente en un trazo plateado y se transforma en una serie de composiciones donde la línea deviene remolinos, anillos, curvas seriadas, formas cerradas.

Cuando recorremos estas imágenes, buscar la continuidad entre cada hoja de papel separada es una necesidad visual originada en el quiebre de esta presentación espacial que es guiada por su horizonte: las barras de metal. Estas son el sostén primordial de la que cuelgan las hojas negras, el atril necesario para no caer en un vacío espacial, la gravedad de la que cuelgan las cosas en el mundo.

Este sostén rectilíneo de acero, aun así permite desmaterializarnos en el vacío oscuro de estos dibujos, sobre el cual emerge este trazo de grafito, con una tonalidad similar a esta barra. Estos trazos nos podrían sugerir que este acero hermético puede devenir en soltura al deslizarse en el oscuro vacío así como el grafito deviene en una tonalidad plateada.

Con curaduría de Eliana Madera el texto curatorial nos pregunta y sugiere en este recorrido: “¿Qué es lo que vemos: un reflejo de la realidad, un real que se devela en el intento de imprimir algo de sí? En todo caso, la obra de Erik es inasible, se escurre entre las palabras que podrían nombrarla, y aún así, nos da algo, un momento fugaz de significación, un entendimiento que se materializa para volver a desarmarse, una conexión que nos vuelve espectadores de un misticismo hipnótico”.

Por Celina Marco



Cuando me encuentro en soledad y ociosidad me siento el día entero frente a mi caja de tintas y escribo todo lo que pasa por mi cabeza, sin conexión, sin intención. Y al hacerlo me siento extraño. Extraño porque se trata de un escape, de una ausencia. Algo ocurre sin mi intervención, sin mi intención, sin mi voluntad, incluso sin mí. Algo existe sin que yo lo haya creado o padecido.

Por lo tanto me asombro ulteriormente.” Yoshida Keko - Ocurrencias de un Ocioso Erik Arazi dibuja en un cuaderno negro estas partes de una misma cosa, sumergido en la incertidumbre que habitamos, transitando la deriva propia de una perspectiva de futuro nebulosa. Cada obra es un espacio en el que
detenerse años o cinco minutos. El desplazamiento de un dibujo a otro es lo que conforma esta muestra: arma un campo temporal propio, en donde el orden del mundo se ve interrumpido.

“Mi cabeza es esto que se ve acá”, me dice Erik. Entra el sol de frente en su escritorio de trabajo. Dibuja con lápices de grafito de diferente grosor, inventa un código que se organiza divino entre el plateado y el vacío. La cuestión está en el cuerpo haciendo, en la presencia, sin esquema, sin pretensión. Se filtra el carácter sagrado del que se tiñe un trabajo impulsado por otra cosa, fuera
de control, la representación de un estado mental que aparece tenebroso, demencial, brillante, abstracto: así se establece una sincronicidad, una conjunción acuciante, un equilibrio que se arma entre el orden y el caos.

¿Qué es lo que vemos: un reflejo de la realidad, un real que se devela en el intento de imprimir algo de sí? En todo caso, la obra de Erik es inasible, se escurre entre las palabras que podrían nombrarla, y aún así, nos da algo, un momento fugaz de significación, un entendimiento que se materializa para
volver a desarmarse, una conexión que nos vuelve espectadores de un misticismo hipnótico.

por Florencia Melik


La muestra en IGTV

Hasta el 12 de marzo de 2021 en Espacio Ftalo (Gorriti 3864 - CABA)



Erik Arazi (Buenos Aires, 1990). Estudió con Eduardo Navarro. Asistió al cuaderno de apuntes (2015) en la Universidad Di Tella, el programa de artistas Proyecto PAC (2016) y artistas x artistas (2018) de la Fundación el Mirador donde realizó clínica con Tomas Espina y Florencia Rodriguez Giles. En 2019 ganó el premio de la Bienal de Arte Joven para realizar una muestra individual en el Centro Cultural Recoleta con las tutorías de Alejandra Aguado, Pablo Siquier y Juliana Iriart. Sus trabajos fueron exhibidos en el premio del Fondo Nacional de las Artes (2020), XXIII Premio Klemm (2019), Premio UADE de Artes Visuales (2019 y 2020), Bienal de Rafaela (2019), Salón Nacional de Artes Visuales (2018), Premio Proyecto A (2013 y 2017) y el Salón Nacional de Artes Visuales de Tucumán (2017), entre otros.


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