Una clase de cosas | Manuel Siguenza en Tokonoma

“Trabajo principalmente en cerámica y en piezas elaboradas con arcilla.
Esta materialidad es concebida y utilizada como elemento primigenio y constitutivo de diversos objetos culturales y simbólicos. Las imágenes provienen mayormente de referencias de cerámicas de
diversos períodos históricos, en las que las particularidades utilitarias, decorativas y artísticas traducen irónicamente el simbolismo de sus diferentes estilos en una nueva característica, para volver a presentar y representar iconografías de un pasado sin uso”.




Tras una larga trayectoria con piezas referenciadas en los objetos decorativos de las grandes manufacturas de cerámica imperiales, para esta exhibición Manuel Sigüenza fue en busca de su propio pasado militante para ahondar en la imaginería artesanal que emana de las clases populares. Así produjo una serie que puede ubicarse en el reverso sensible de su obra anterior: del régimen visible de los objetos de palacios al clan visual utilitario del universo proletario.

Como parte de una generación de artistas contemporáneos que dedica su obra al trabajo con la cerámica, Manuel Sigüenza es desde hace varios años un artista y un artesano al mismo tiempo, y tomó consciencia de los límites culturales y de clase que legitiman esa diferencia.

Al dirigir su producción al universo visual proletario con las herramientas de aquello que llamamos “artesanía”, Manuel también reformuló la clásica pregunta que lxs artistas se han hecho sobre la temperatura de la clase asalariada: “¿qué les pasa a lxs obrerxs?”, una pregunta que siempre derivó en imágenes narrativas cada vez menos emancipatorias. Muy por el contrario, las obras de Sigüenza nacen de una pregunta completamente distinta que se dirige al centro mismo del proceso de producción de las imágenes: ¿de qué objetos está compuesta la cultura visual proletaria? Con ese giro artesanal Manuel no objetualiza a la clase obrera sino que ensaya sus objetos hipotéticos.

Para ello el artista se vale de referencias visuales cargadas de energías históricas, como las estatuillas religiosas de consumo popular, la iconografía política de base, la tradición estatuaria moderna argentina y el delirio visual surrealista, y construye con todo eso un conjunto de obras-objeto familiares y extravagantes al mismo tiempo.

Pero estas nuevas piezas de Sigüenza no son solamente el punto centrípeto donde confluyen las tradiciones visuales que acompañaron las luchas y los reclamos durante gran parte de la historia. Consciente de la retroalimentación entre belleza y utilidad que está en el centro mismo de los objetos culturales populares, Manuel creó objetos de uso donde el ojo descansa en las bellezas heredadas mientras la mano recupera su agencia y movilidad. La belleza de sus obras (baja, ignorada, desplazada de las tradiciones supervivientes) toma más carácter cuando se encuentra con el poder de uso que anida en ellas.

Al mismo tiempo en estos objetos reverbera un remolino temporal inevitable ya que invocan los legados del pasado visual subalterno mientras incitan a poner en práctica la vida corriente que sugieren. Es en este juego temporal pasado-futuro donde está la ficción retrofuturista que proponen las piezas de Manuel.

Entre ellas hay un diálogo sordo que marcha entre el potencial uso doméstico de algunas (como la jarra) y la practicidad misteriosa, casi ritual, de otras (como el cuenco-cráneo para el carbón o la vasija sin rostro plagada de asas). Esta conversación entre el reconocimiento y la extrañeza de los objetos se nos presenta con el tono fragmentado que se da entre los hallazgos arqueológicos en el instante del descubrimiento. La única diferencia es que estas obras de Sigüenza son rezagos culturales para el futuro hipotético del proletariado, en un acto que carga simétricos ingredientes de fracaso consumado y esperanza en el porvenir. Ante ellas solo queda la chance de imaginar la historia ideológica que le dará vida a la evidencia material que nos proponen. Por eso ante ellas también resuena una pregunta: ¿cómo serán las culturas residuales que quedarán enterradas bajo la cultura visual dominante del futuro? Manuel Sigüenza buscó las respuestas en el arte popular, en el bajo continuo de la cultura proletaria, acudiendo a la fe en la utilidad de los objetos, al delirio caricaturesco de lo no hegemónico y
a la materia viva de la cerámica.

Marcos Krämer (curador de la muestra)

Hasta el 25 de febrero de 2021 en Tokonoma (Arenales 1239 PA - CABA)








Manuel Sigüenza, Buenos Aires, 1980. Es artista visual, trabaja en esculturas y pinturas principalmente abordadas desde el lenguaje cerámico. Estudió cerámica artística en la Escuela Municipal de Cerámica de Buenos Aires. Participó del Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella en 2014, de la Beca para artistas del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (CCMHC) y el Fondo Nacional de las Artes (FNA) en 2012. Se formó también en los talleres de Tulio de Sagastizábal y Silvia Gurfein. Entre sus exhibiciones individuales se encuentran: “Restauración I y Restauración II” en Miranda Bosch Gallery, “Interficie” en Studio488/PASTO, “Genealogía de lo extraño” en el CCMHC; Buenos Aires, Argentina. Participó en diversas muestras colectivas en las ciudades de Buenos Aires, Nueva York y Leipzig; también en salones y premios. Obtuvo Becas del Fondo Nacional de las Artes, del Ministerio de Cultura de Nación y Mecenazgo Cultural del GCBA. Entre los años 2013 y 2015, como co-fundador, gestionó el espacio Diagonal en la Ciudad de Buenos Aires. Su obra forma parte de la colección de Gustavo Bruzzone y Valeria González. Entre 2017 y 2018 asistió como residente al European Keramic Work Centre (EKWC) en los Países Bajos y al Leipzig International Art Programme (LIA), Leipzig, Alemania.


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