Esas relaciones

Sobrecubiertas. Nicolás Balangero en Biblioteca y Archivo de Arte Contemporáneo América Elda Nancy desde el sábado 14 de noviembre de 2020 hasta el sábado 27 de marzo de 2021.

A una persona o grupo de personas vinculadas al arte

Newsletter AEN // Diciembre 2020
@america_elda_nancy
En noviembre inauguramos la Residencia de libros #1 con el proyecto Sobrecubiertas de Nico Balangero (socix L0030 de la biblio ^_^ ). Le llamamos residencias de libros a los préstamos de material editorial que recibimos como biblioteca por un período de tiempo limitado. El objetivo de estas residencias es disponer para consulta en la biblioteca de un conjunto de libros pertenecientes a una persona o grupo de personas vinculadas al arte. El interés en estos préstamos no es sólo por la posibilidad del uso individual de los libros, publicaciones, revistas y demás a los que podamos acceder con estas residencias, sino también conocer el background bibliográfico de las personas a las que pertenece ese material.

La Residencia de libros #1 va a estar disponible hasta marzo, se puede visitar en los horarios habituales de la biblioteca.




Ante la gramática

Este no deja de ser un texto situado -como tantos- ante la gramática. Especialmente ante las preposiciones. De acuerdo a su función gramatical, una preposición es esa parte de una oración que vincula las palabras, indicando la relación que estas tienen entre sí. Pero esta no es una idea mía. Le estoy copiando a Nicolás Balangero que, junto a Emilia Casiva, ya se preguntó por las preposiciones en su libro La retirada, lloviendo, una octogésima parte del futuro:

Algunos artistas son como las preposiciones, es decir que su trabajo es el de provocar los vínculos (ya sea que estén completamente solos en una habitación, o en medio de un enjambre de sociabilidades): a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, excepto, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, salvo, tras, versus, vía. Esas relaciones.

Ante el experimento, ante la traducción, ante la lealtad, ante un barco, ante lo distante, ante el poder, ante todo o ante nada yo me pregunto cómo son los vínculos entre Balangero y su obra, entre la obra y la Biblioteca que hoy la exhibe en la ciudad de Rosario y entre las escrituras y los objetos-libros que las contienen.

Bajo el retrato de Katheleen Newton

Enero de 1870. Kathleen Kelly tuvo que casarse a los 16 años con un cirujano indio de apellido Newton porque así lo quiso su padre y su época. A los dos años su marido quiso devolverla a Inglaterra, se divorciaron y ella tuvo dos hijos con hombres con los que decidió no casarse. En 1876 se muda con James Tissot, que está fascinado con su belleza y con su historia y empieza a retratarla en sus cuadros y aguafuertes.

Ahora está recostada en un sillón con un libro en la mano. Descansa el peso de su cabeza sobre el respaldo cubierto en la piel de algún animal. De fondo hay una puerta y ventanales que dan a un matorral de pinceladas azules, verdes y amarillas. La imagen continúa y se pliega envolviendo tapa y contratapa. Bajo el retrato de Kathleen Newton pintado por Tissot está Tarzán de los monos colgando de una liana. Un texto blanco se superpone a esa reproducción digital de la pintura:

La sobrecubierta suele ser definida como una "hoja de papel de buena calidad suelta y plegada, que cubre las tapas del libro para protegerlo y darle mayor resistencia", pero esta que vemos acá, al igual que sus compañeras de serie, nació para cubrir un libro usado, o simplemente desgastado por un tiempo y sus factores equis. Tal vez su principal función no consista en brindar protección, y apenas sea una capa más de vestigios, como tantas que un libro recoge durante su trayecto.

Con esos motivos (o con otros que desconocemos)

En el texto que acompaña la muestra, Nicolás Balangero dice que le llamaron la atención unas fotos de Alberto Laiseca en las que se ve que los libros de su biblioteca estaban forrados con papel madera de modo que en un espacio donde habitualmente hay una multitud de colores (propios de los diseños de distintas editoriales), había una gran masa monocroma.

Hay varias versiones de esa historia: algunos dicen que los cubría para protegerlos del humo de cigarrillo, otros dicen que era para que no se los roben o para evitar conversaciones no deseadas con las visitas. Con esos motivos (o con otros que desconocemos), la biblioteca de Laiseca fue una de las imágenes que dispararon Sobrecubiertas.

Mi primer impulso, copiarle a Laiseca, se mezcló con otras cosas. Una de ellas es la lectura de ¿Cómo hablar de los libros que no se han leído?, un libro en el que Pierre Bayard plantea varias maneras de no leer (tiene capítulos con títulos como “Los libros que se han hojeado” y “Los libros de los que se ha oído hablar”). Por otra parte, para mis clases en la escuela de arte, sentía la necesidad de repasar la historia de la pintura.

Finalmente, seleccioné sólo algunos de mis libros (los que no tenía planeado consultar próximamente), y no los forré sino que construí para ellos sobrecubiertas con imágenes de pinturas que imprimí en papel ilustración mate. En sintonía con los objetos que me proponía intervenir, pertenecientes a lo que suele clasificarse como narrativa, seleccioné imágenes de pinturas cuya carga narrativa también es alta.

Contra, claridad, Prometeo y nuevo mundo

Elegir un nombre es un acto de identidad que invoca un destino. Cuando los anarquistas elegían cómo llamar a sus hijos lo hacían con un sentido libertario, como un gesto de voluntad libre. El sociólogo Christian Ferrer dice que, al momento de nombrar, “algunas decisiones eran homenajes (Espartaco, Voltairina); otras eran afirmaciones de su ideal (Liberto, Alba de Revolución); también muchos suponían una yerra que recordaba el oprobio del mundo (Perseguido, Oprimido); y había los que eran adoraciones de lo natural (Amanecer, Placer)”. Pero hay una variante que no se menciona en esa lista y es la que los panaderos Pilar Puñet y Luis Arimany eligieron para sus hijas. Cuando en 1929 nacen las gemelas Arimany las llaman Vilma Tilcara y América Elda Nancy, en honor a territorios americanos.

Quince años después la familia migra desde Resistencia a Rosario. América Elda Nancy termina el secundario, estudia bioquímica y se recibe. Se casa con Diego Turner, trabajan juntos como bioquímicos y en 1992 se mudan a la casa que construyeron en un terreno del barrio Abasto, a tres cuadras de la avenida Pellegrini. Una casa con techos altos, pisos y escaleras de madera, paredes gruesas, ventanales biselados y patio con árboles. En el espacio donde ahora hay una biblioteca y archivo público de arte contemporáneo, antes estaba el estudio-biblioteca que América compartía con Diego.

En las primeras décadas del siglo XX el anarquismo entramó un circuito de textos que planteaban una relación sin precedentes entre imprentas, política, autores, editores y lectores. En el auge de los grupos de Florida y Boedo, ediciones de poesía, teatro, ensayos, cuentos, relatos y novelas llegaban a través de folletines seriados y revistas como Contra, Claridad, Prometeo y Mundo Nuevo. Para ampliar el alcance de su difusión, las publicaciones mismas llamaban a no ser conservadas en bibliotecas personales: “Prestad un servicio a la humanidad, haciendo circular este folleto entre vuestras amistades”, “Dijimos y volvemos a repetir: la propiedad es un robo; quien después de leer este folleto se lo guarde es un ladrón… ¡que circule!”

América Elda Nancy tiene mucho de historia en su nombre.

De los libros en tanto objetos

Hay un vicio que tienen los lectores que es mirar las bibliotecas ajenas. Con permiso o de reojo se recorren los lomos intentando descifrar las lógicas con las que esos objetos construyen universos posibles: por género, por autor, por temas, por disciplinas, por sello editorial, por orden de lectura o no lectura, por amistades o contrapuntos, por tamaño, por color.

De alguna manera los libros retratan a sus dueños y acceder a ellos es acceder a un tipo de biografía abierta. En sus páginas, con el tiempo y con el uso, los libros se van cargando de historias y de marcas. Algunos lectores son pulcros y tratan a los libros como objetos sagrados. Otros tienen una relación práctica –aunque también amorosa- y subrayan, hacen asteriscos, corchetes, ponen signos de exclamación, redondean palabras o escriben los números de las páginas y palabras clave en las hojas de cortesía.

En el recorrido de los libros de Sobrecubiertas distintos dueños y revendedores dejaron sus marcas, nombres propios, números de teléfono y subrayados con los que Balangero compone una voz propia y a la vez colectiva.

Desde

Divertimento de Julio Cortázar a Kinderspelen de Pieter Bruegel de Oude.
Das Urteil de Franz Fafka a La mort de Socrate de Jacques-Luis David.
Les Iluminations de Arthur Rimbaud a De koppelaarster de Gerard van Honthorst.
La Dame aux Camélias de Alexandre Dumas a Olympia de Edouard Manet.
El Gaucho Martín Fierro de José Hernández a Апофеоз войны de Vasily Vereshchagin.
Recuerdos de provincia de Domingo F. Sarmiento a Bonaparte devant le Sphinx de Jean-Léon Gérôme.
Uncle Tom´s Cabin de Elisabeth B. Stowe a Le sommeil de Gustave Courbet.
Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal a Sacramento Airport de Ralph Goings.
Le Petit Prince de Antoine de Saint-Exupéry a The Hireling Shepherd de William Holman Hunt.
Várenka Olésova de Maksim Gorki a Bryllup mellem Nicholas Il og Alexandra Feodorovna de Lauritis Tuxen.
The Gold-Bug de Edgar Allan Poe a Scene from a Midsummer Night´s Dream de Edwin Landseer.
Cien años de soledad de Gabriel García Márquez a La jeunesse de Bacchus de William Bouguereau.
Jurassic Park de Michael Crichton a Kiderreigen de Hans Thoma.
El desierto de Horacio Quiroga a Nighthawks de Edward Hopper.
Mein Jahrhundert de Günter Grass a Elbrus de Arkhip Kuindzhi.

En una biblioteca

Por primera vez, Sobrecubiertas está en una biblioteca. En febrero se expuso en Reyerta Enmarcaciones, el local de marcos para cuadros donde Nicolás Balangero trabajaba con el artista Luciano Burba.

Balangero diseñó, cortó y plegó 130 sobrecubiertas en los momentos en que no había público que atender en el local. Cada Sobrecubierta tiene, en una solapa interior, los nombres de tres obras artísticas (la del texto literario impreso en el libro, la de la pintura impresa en la sobrecubierta y la de la intervención realizada al vincular ese texto y esa pintura), los nombres de tres artistas (los de los autores de las tres obras) y tres años (aquellos en los que fueron publicadas las obras).

Algunos de los libros de Sobrecubiertas fueron vendidos. Otros viajaron en cajas a Rosario, protegidos con bolsas y ordenados por tamaño, para hacer una residencia en una biblioteca que lleva los tres nombres de la abuela materna de una de sus fundadoras.

Entre categorías de biblioteca, archivo y colección

Era más un deseo que un plan. Julia Levstein no recuerda cuándo se le ocurrió fundar una biblioteca de arte contemporáneo. Federico Gloriani dice que desde que la conoció en 2018 Julia ya lo decía. Los dos artistas, ella de Córdoba y él de Pergamino, se encuentran hoy en Rosario con una idea que se volvió tangible.

Pasando del deseo a las acciones, en la casa donde vivió la abuela materna de Julia se aloja un acervo público de arte contemporáneo con su nombre: América Elda Nancy. Sin límites precisos entre las categorías de biblioteca, archivo y colección, inspirados en el proyecto mexicano Aeromoto y enriquecidos por visitas a bibliotecas particulares de artistas, curadores y trabajadores del arte, AEN aborda los distintos modos de acceder al pensamiento en torno al arte que se materializa en libros tradicionales, libros de artista, libros-obra, libros-objeto, folletos, tarjetones, textos de sala, posters y otros elementos textuales que se escapan a las clasificaciones.

Junto a la biblioteca funcionan cuatro ateliers y un espacio para residencias de artistas que vengan de otras partes del país y el mundo. Pero hasta que las residencias se habiliten, los que vienen a quedarse son los libros.

Hasta dónde alcance

En febrero de 2020 la biblioteca tenía 298 libros, en marzo 348, en abril 398, en mayo 448, en junio 488. En su apertura al público, en el mes de julio, tenía 719, en agosto 832, en septiembre 937, en octubre 1005, en noviembre 1048 y a quince días del mes de diciembre 1086. Cada libro que se adquiere, por donación o por compra, se ficha y se cataloga con un método que cruza la bibliotecología, la programación y la practicidad.

El catálogo circula entre los socios en una tabla de google drive. Los libros están numerados con un Identificador único alfanumérico. Al número de ingreso anteponen una letra que indica qué tipo de material es: un libro, una revista, un poster, un objeto, una obra. La L denomina a los libros pero en un sentido amplio: en América Elda Nancy los libros son aquellas publicaciones que no son periódicas y que tienen páginas para ir pasando, o en palabras de Ulises Carrión: “Un libro es una secuencia de espacios. Cada uno de esos espacios es percibido en un momento diferente: un libro es también una secuencia de momentos”.

Hacia

14 de diciembre de 2020, 23:48
RE: preguntas
De: Nicolás Balangero
Para: Clara Lopez Verrilli

No sé cómo seguirá el proyecto, lo único que se me ocurre decir es que por ahora no está en mis planes ampliar la cantidad de objetos que lo componen. Estoy concentrado en otros proyectos y considero que cada uno afecta a los demás--- Así pensado, Sobrecubiertas estaría continuando en otras cosas que hago, como si todo fuera un único proyecto. Por lo demás, el hecho de que los libros estén exhibidos es una puerta abierta a nuevas propuestas e ideas.

Para Qué

Julia y Federico dicen que la biblioteca tiene dos para qué. Uno vinculado al deseo, por momentos borgeano, de reunir material editado en relación al arte contemporáneo de distintos orígenes y formatos. El otro es habilitar ese material no solo para un uso individual sino para un uso colectivo y que eso genere vínculos, conversaciones y proyectos con la biblioteca como espacio de encuentro.

A Nicolás le cuesta decir para qué hace lo que hace. Dice que podría elaborar una lista de intenciones y objetivos, pero preferiría evitarlo. Para él lo importante no es el para qué sino el cómo se hace algo, sus consecuencias y las posibles lecturas que el hacer habilita. (Una pregunta que tiene muy presente últimamente es: ¿qué hacer con lo que todos hacemos?)

Por el suelo sin darme cuenta

En ¿Es bueno que haya soledad bajo los árboles? (silencio) se publica una entrevista que Leandro Gamarra le hace a Nicolás Balangero en abril de 2008. Transcribo la primera pregunta y su respuesta:

—Si bien es tu primera muestra individual, ¿exhibiste antes?
—A los seis años mi mamá me había comprado un globo. No me acuerdo si era rojo o verde, amarillo o simplemente blanco. Lo que después pasó borraría de mi memoria el color que debería habérseme quedado pegado a los ojos para siempre, dado que era nada más y nada menos que el primer globo que tenía en mi vida. Regresábamos a casa, yo orgulloso como si condujera por los aires, atado con un hilo, el mundo entero, cuando de repente oí que alguien se reía a mis espaldas. Miré y vi. El globo se había vaciado, iba arrastrándolo por el suelo sin darme cuenta, era una cosa sucia, arrugada, informe, y los dos hombres que venían detrás se reían y me señalaban con el dedo, a mí, en esa ocasión el más ridículo de los especímenes humanos. Ni siquiera lloré. Solté la cuerda, agarré a mi mamá por el brazo como si fuese una tabla de salvación y seguí andando. Aquella cosa sucia, arrugada e informe era realmente el mundo.

Según

Walter Benjamín toma pastillas de morfina en un hostal de Portbou en la frontera franco-española. Golpea la puerta de la habitación de una de las mujeres que estaba escapando con él de la Gestapo y le cuenta lo que acaba de hacer. Cae al piso.

Al día siguiente se abren las fronteras.

Según Theodor Adorno, Benjamín se suicidó estando ya salvado.
También se dice que Benjamín murió el día que tuvo que separarse de su biblioteca.

Sin plan

Nunca tuve un plan para llegar a este lugar (ni a ningún otro).

Sobre los modos de hacer

Elijo un libro de Nicolás Balangero en el catálogo de la biblioteca América Elda Nancy. Transcribo los datos de fichaje y un fragmento.

IU: L00490
Fecha de ingreso: 5/07/20
Título: El paisaje que evita la caída Vs. la pasión por andar y no retroceder
Autorx: Nicolás Balangero
Autorx de textos: Nicolás Balangero, Maru Guagliano, Luis Britos, Elisa Canello, Anibal Buede, Luciano Burba, Ana Sol Alderete, Rosana Fernández, Alejandro Londero, Antonio Gagliano, Pablo Natale, Lucas Di Pascuale, Virginia Buitrón, Verónica Meloni, Andrea Molina, Tomás Quiroga.
Institución: Espacio Cultural Museo de las Mujeres MUMU
Año: 2013
Edición: 1ra ed
Editorial: Casa Trece Ediciones
Lugar: Córdoba, Argentina
Idioma: Castellano
Formato: Tapa blanda, abrochado, 20p, 17cm x 25cm
Modo de ingreso: Donación
Etiquetas: Libro de artistas, Literatura, Autogestión, Fracaso, Procesos, Procedimiento, Escritura, Poesía, Publicación que acompaña una muestra, Cita, Ensayo, Lenguaje, Fútbol, Dibujo.

El lunes cociné arroz, mucho, y le agregué choclos. Comí eso, almuerzo y cena. Ayer martes a lo que quedó le agregué cebolla y pimiento salteados. También almuerzo y cena. Hoy a lo que sobró le agregué pollo a la plancha. Y así seguiré el resto de la semana o hasta donde alcance, porque la cantidad agregada es siempre menor a la cantidad comida y así el volumen general va disminuyendo día a día. También, claro, va disminuyendo el porcentaje de arroz (y de cada cosa que le voy sumando, cuando al otro día le sumo otra cosa) y los sabores van variando, podría decir, suavemente. Más o menos así es como habitualmente hago arte.

Tras cada preposición hay un descubrimiento

Todavía me acuerdo de la lista de preposiciones que me hicieron memorizar en la escuela. Es un poema que se puede decir a toda velocidad y que, si se interrumpe, es difícil retomar sin volver al comienzo.

No sabía para qué lo había aprendido hasta que escribí este texto.
Aunque los poemas no se aprenden para algo.


Por Clara Lopez Verrilli
Rosario, 18 de diciembre 2020
Fotos: Sofía Desuque










Sobrecubiertas | Nicolás Balangero en la Biblioteca y Archivo de Arte Contemporáneo América Elda Nancy (España 2045 - Rosario, Santa Fe), hasta el sábado 27 de marzo de 2021

Foto: Sofía Desuque



Nicolás Balangero nació en Córdoba en 1980. Es artista, editor en Casa Trece Ediciones y docente en la Universidad Provincial de Córdoba.

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