Bajo sus pies. Un libro de Leticia Obeid

Quiero contar que leí un libro precioso, en dos días. Aclaro el tiempo porque están quienes dicen que no leen por falta de tiempo y dos días qué son.

Dos días pasan volando entre el barbecho, la siembra y la cosecha de una parcela próxima a un pueblo de Córdoba. Un tiempo que pasa inevitablemente para quienes quedan vivos, marcado por el reloj del suelo y las estaciones. Un tiempo que sobre sus constantes se reinicia. Un lugar construído por quienes siguen ahí y por quienes se hando a causa de la muerte o por deseo de vivir el mundo que por suerte continúa por fuera de sus límites.

Los que siguen ahí son carpinteros desplazándose en sus bicicletas como reyes magos, el repartidor de gas, las doñas en sus reposeras veredeando al sol. Los que se fueron por la muerte han sido muchos. La última, sol bajando por el horizonte de este relato, es la mamá de Elena, asaltada por un cáncer con rapidez experta sin dar tiempo a nada.
Elena, que es de las que nos vamos del pueblo por deseo nomás, vuelve.

Dirán vuelve a hacerse cargo del negocio familiar, que es la tierra, las cooperativas, las semillas, las máquinas, una casita en medio del campo. Pero los negocios familiares son también la chica que pasa a limpiar, las puertas hinchadas que hay que mandar cepillar, las milanesas de una tía que entran bandidas a la casa sin llave.

También dirán, vuelve a hacer el duelo, palabra cómoda para resumir. Resumir es bueno pero explayarse también si dos días de libro qué son, si dentro de ellos esta novela mete un año donde Elena vuelve a su pueblo a estar sola. Por más que le den el pésame, le lloren al lado, le abracen, le lleven comida, le den el nombre de esa arquitecta preciosa que fue su madre a una calle, con corte de cinta, orquesta y todo.
Hagan todo eso o la dejen tranquila hay un sentimiento que es solo de ella. El dolor se acompaña pero no se comparte y así este libro relata una soledad de la cual alguien no puede salvarse. Aquí hay una verdad: no todo lo que nos atraviesa puede ser colectivo.
Aprenderemos a sincerarnos sobre eso.

Digo dolor, para decir algo, pero lo cierto es que a este sentimiento Leticia no le pone un nombre exacto sino que intenta pegarlo como polvo en las luces, los vientos, el frío de una casa. La hora de la siesta donde todo se apaga. En las llamadas cortas por teléfono. En vestirse y desvestirse con la ropa de la mujer que alguna vez la vistió a ella.
Es así, hay sentimientos sobre los cuales no queda otra que quedarse dormida y despertase para descubrir que siguen ahí.

Entonces esta novela nos regala la confianza en que el bienestar llega nomás a fuerza del tiempo. Un tiempo en el cual volver para hacer cuentas de lo que nos pertenece. A Elena le pertenecen un pedazo de tierra, una tía gorda, un dolor, una máquina, un perro, una muerte. Las historias, los apellidos, la memoria de un cuerpo ágil jugando a la hora de calor, una bicicleta tirada en la vereda, una foto. Las lágrimas son goteras que caen del techo sobre los deseos más sencillos que nos hacen levantarnos y pegar un día sobre otro como ladrillos y esperar a que el suelo vuelva a ser dorado a razón del
trigo y el sol.

En realidad no sé si es justo decir a lo que nos pertenece. Mejor decir que es sobre volver a lo que nos queda, aunque ni sepamos de qué se trata y poder asumir: todo lo que supe hasta ahora no sirve. Es sobre decir no sé y hacer silencio. Preguntar y escuchar para aprender una lengua nueva que nombre un mundo por el que ha pasado la muerte y así estar despiertas para cuando llegue una estación más alegre que nos permita cosechar.

Solo dos días, un año entero.



Bajo sus pies de Leticia Obeid. Editorial Blatt & Ríos

por Mariela Gouric, 9 de Diciembre de 2020
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