Superinflación | Mia Superstar en CPU

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Primer solo show de la artista Mia Superstar, en el espacio de arte contemporáneo CPU con curaduría de Paola Mattos más el texto curatorial de Jonatan Lubo.



Las alucinaciones hipnagógicas fueron descritas hacia 1848 por Alfred Maury como visiones y voces que se desarrollan en la transición que da lugar entre la vigilia y el sueño, y que anteceden a los sueños propiamente dichos. Casi como en un entretiempo. Más adelante se las denominó parasomnias de la transición y se describieron tres tipos. El primero es la somniloquia, que consiste en hablar dormido y puede ocurrir de manera coherente, incoherente o en la forma de un simple murmullo. La segunda categoría son los movimientos rítmicos, acciones mecánicas de automecimiento que los infantes utilizan para dormirse. Aparecen en dos tercios de los niños y van desde un leve movimiento de cabeza hasta movimientos violentos que terminan desplazando la cama de lugar. Por último, están los sobresaltos hípnicos, sacudidas de alguna extremidad o la sensación de caída al vacío, denominada también sideralismo. Se intuye que este sideralismo posee una función evolutiva: esta sensación muchas veces nos despierta de manera brusca, permitiéndonos vigilar por última vez nuestro entorno brindándonos la oportunidad de asegurarnos que es realmente seguro adormecerse y que no nos hayamos quedado dormidos en un sitio peligroso. Era muy frecuente que en largas jornadas de caza, el ser humano se viera sorprendido por la noche y, para resguardarse de posibles predadores, subiera a descansar a los árboles. Este sobresalto le permitía comprobar la estabilidad de
su posición corporal antes de caer en el sueño profundo y verificar su punto de apoyo antes de perder la conciencia.

En la caída hipnagógica –ni dormidos, ni despiertos y, a la vez, ambos– se nos permite reconciliar dos escalas aparentemente incompatibles. Solo una discontinuidad entre la conciencia y lo inconsciente puede construir un umbral frente al precipicio, sin caer aún, pero ya estando en desequilibrio.
Ante el vacío de lo contemporáneo y la repetición de la mercancía, la experiencia estética no es más que salto hipnagógico. Acontece e interrumpe involuntariamente. Nos produce una pirueta inesperada e incontrolable de afección que transforma peligrosamente la distribución de agencias. Algo similar a lo que provocan algunas drogas o la locura.

Quizás hay momentos parecidos en la primera infancia, cuando todavía la cultura no nos teñía de normas.
Aunque no conozca de reglas adultas en torno a la belleza, el infante es animal de conmoción y afecto. Un homo sensibilis. Su pulso está viciado por el desparpajo y la práctica lúdica, sin importar el origen ni los fines. Quizás por eso la sensibilidad infantil puede ser recurso para imbricar mundos.
El universo de intensidades de la infancia no se reduce a un juego inocente y limpio. Está atravesado por el deseo oscuro y la experimentación de posibles. Y sobrevive en el arte. Pese al intento incansable de medición y dominio que perdura desde la colonialidad moderna, las prácticas del arte desarman de exceso lo que las instituciones petrifican. Los museos fueron vaciados por los museólogos y las hijas de Mnemósine deben estar alquilando un dos ambientes en Floresta. De las ruinas nada puede construirse. Tenemos la oportunidad de hacer proliferar esos fragmentos y permitir que el deseo juegue a las escondidas en un entrelugar que nos habita y que no podemos controlar: nos cae como el rayo de Cortázar al enamorado.
Las prácticas artísticas no nos señalan desde los pedestales ni se legitiman desde el discurso. No nos protegen de los malhechores ni nos indican cómo comportarnos. Nunca nos ilusionan con verdades. ¿Por qué exigírselo? Sólo constelan fragmentos sensibles y vitales, con un murmullo rítmico que atraviesa el tiempo, fugándose adonde no podemos acceder por más que intentemos acercarnos.
Como en los árboles prehistóricos, la experiencia estética nos sacude devolviéndonos a la vitalidad inestable de la infancia, para sentirnos ser arrojados y no poder distinguir qué es lo real.

X Jonatan Lubo


Inaugura el 27 de noviembre de 18 a 21 hs, en CPU ( Palacio Barolo, Av. De Mayo 1370, oficina 118 5to piso CABA)

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