Ojo de cabra | Nina Kovensky en El Gran Vidrio

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Ingrediente de una pócima y símbolo ocultista, “Ojo de cabra” de Nina Kovensky ofrece actualizaciones al antiguo hechizo que envuelve la curiosidad por las imágenes, en especial aquellas cuya magia hambrienta persigue fugas, reflejos y rebotes. Nina es amiga de la plasticidad de lo real, se acerca a las representaciones desde el juego y, dando saltos con su atención, hace suyas atmósferas visuales que van de lo doméstico a lo epifánico.

Hay algo de aquelarre en Nina y obra, en su linaje familiar y artístico, en sus modos de andar en el
arte siempre acompañada y como un imán atrae poesía, cables y cuerpos en múltiples interferencias
urbanas. Esta exposición, que podría decir que es la primera individual que realiza en un formato
estable y cuyas obras ha trabajado durante más de un año, se compone de series que dan cuenta
tanto de ese andar como también de un momento creativo más concentrado.

Retratos de amigxs, familiares, colegas y desconocidxs son las primeras obras que nos reciben.
Fotografiadxs con su teléfono, la artista se vale de un espejo circular para fijar esos encuentros. Este
truco implica que ellxs no puedan verse así mismxs, Nina captura los rostros fugitivos. De “Selfins”
(2019-2020) podemos ver esta breve selección de innumerable cantidad de fotos en las que se
propone acercar el lado lunar de las personas y aún más, también cristalizar la red de afectos, reflejos
y contextos que forman su gran sociedad del arte vivo. Porque aunque la tecnología siempre está
presente en las obras de Nina, reducir su poética a la materialidad es, al menos, mezquino. Como
nativa digital la artista asume de manera fluida el lenguaje hiper mediatizado para apropiarse de sus
cualidades plásticas y recrear otras sensibilidades más cercanas al misterio del espíritu humanx que a
la crítica materialista de los flujos de información. Sus prácticas desean cultivar la alquimia de los
sentidos y para ello elige el haz de luz que choca en una baranda, casi cualquier superficie brillante,
teléfonos y rituales.

Como contrapunto, inmediatamente después de los retratos se observa la sombra de una mano. En
escala de grises e impresa en papel afiche y encolada a la pared, la austeridad del montaje de esta
pieza opera como memoria del gesto anterior. La sombra es un contra reflejo con mala prensa, pero
aquí con una sola imagen basta para recordarnos que es efímera y personal, tan atávica como
escurridiza. En cambio, en otra pared una turba de cámaras de vigilancia construidas con espejos
zumban como insectos. “Realidad disminuida” (2018) fue expuesta por primera vez bajo la intención
de referirse a la paranoia y el control social. En este nuevo contexto, y con un montaje diluyente de
las funciones a las que aluden, las cámaras finalmente se abren hacia la paradoja. Un cielo tech con
insectos voladores que sobrevuelan a una sociedad narcisista y en cuarentena. Cada bicho brillante
nos devuelve la mirada, la apariencia se exilia de la importancia.

Continuando con sus trabajos previos, esta exposición concentra las exploraciones de Nina con el
material espejado, y alienta un desplazamiento conceptual que se inclina hacia el carril de lo
simbólico. “Pulmón de manzana” (2020) encarna la analogía pantalla-ventana tan protagónica de
nuestros días. Al mirar desde su balcón cada noche presenció la secuencia de las luces de las
ventanas de lxs vecinxs de su barrio, sus colores y escenas. Sin embargo, lo que ella recupera de esa
visión es la temperatura del color y una desviada idea sobre el horizonte. Como portales, cada dibujo
unido a un conjunto mayor construye un dinámico paisaje simbólico.
Hay un dicho popular que dice “ojo de loca no se equivoca” y quizás sea hermano de otro que
subestima el carácter de las cabras. Con sus pupilas rectangulares, estos animales agudizan la vista
para sobrevivir frente a los depredadores. La sensibilidad panorámica es una antena aguda, puede
conectar puntos distantes del tiempo y del espacio. Las obras de Nina hacen algo parecido, conectan
sucesos, ideas y emociones que le disputan al lenguaje de la técnica la ilusión del juego y la vibrante
condición volátil de la imagen.

Carla Barbero curadora de la muestra

Recorré la muestra en IGTV


La muestra inaugura el viernes 6 de noviembre de 2020
El Gran Vidrio - Av. Humberto Primo 497, Córdoba, Argentina



Nina Kovensky. (Buenos Aires, 1993). Artista. Entre 2011 y 2012 cursó la Beca “Casa Escuela de Arte” y participó de Isla Flotante donde realizó la exposición “Mi primer trabajo, Mi primera muestra”. En 2016 junto con su padre el artista Martìn Kovensky realizaron “Equilibrio inestable” una muestra conjunta en la galería El Gran Vidrio. Ese mismo año participó de la clínica "Puesta en órbita" coordinada por Aníbal Buede y a partir de entonces comenzó a gestionar espacios como “El Sótano” o “Alpha Centauri” donde invitó a artistas a exponer por primera vez. En 2017 cursó el Programa de Artistas de la Universidad Di Tella y ese mismo año, gracias a una Beca de Formación del Fondo Nacional de las Artes realizó el documental “Que Aparezca Maresca” con Mic Ritacco. También en 2017 inauguró “Klapaucius:;:; ”una exposición individual curada por 141 personas, en Galería Isla Flotante de Buenos Aires. En 2018 realizó la instalación “Realidad Disminuida” en el stand El Gran Vidrio en Barrio Joven de arteBA y obtuvo el Premio en Obra. Desde el 2019 realiza performances colectivas en transportes públicos a las cuales titula “Interferencias”. Actualmente forma parte del grupo político-culinario “Caterine Ful Lov” junto con Lucía Reissig y Cartón Pintado. Integra el staff de El Gran Vidrio.

Carla Barbero (Río Cuarto, Córdoba, 1978) Curadora y Coordinadora del Departamento de Curaduría del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires desde el 2017. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Especialista en Producción y prácticas artísticas contemporáneas por la Universidad Nacional de Córdoba. Sus investigaciones indagan sobre la relación sintomática entre las prácticas artísticas y poéticas con las tensiones del contexto en que se desarrollan, desde la vinculación con corrientes estéticas y del pensamiento hasta las diversas coyunturas históricas e institucionales en el territorio argentino. En el Moderno realizó las exposiciones retrospectivas de Alberto Goldenstein, Delia Cancela, Max Gómez Canle y Ad Minoliti. En la actualidad trabaja en la antología de Elda Cerrato y una exposición ensayística con obras de Adriana Bustos, Mónica Millán y Claudia del Río. Anteriormente trabajó en museos de la ciudad de Córdoba: Museo Dionisi (2017), Museo de las Mujeres -MUMU (2012-2016), Centro de Arte Contemporáneo Chateau Carreras (2008-2011) y Museo Caraffa (2007). Coordinó dos ediciones del Programa de formación del Fondo Nacional de las Artes (2013-2014). En 2016 funda el proyecto autogestivo Unidad Básica Museo de Arte Contemporáneo de Córdoba y lleva adelante el proyecto editorial Publicaciones UB junto con Emilia Casiva. Desde 2019 con Javier Villa crearon el espacio de clínica para artistas y curadorxs AB-ELE. Actualmente vive en CABA.


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