Mariela Scafati en Berlín

En este contexto de pandemia he decidido mostrar 65 pinturas que son 65 amigxs, amores, aliadxs, familia cuis como parte de mi constelación de afectos. Inicialmente, en 2019, las pensé paradas , como en esas escenas típicas de encuentro callejero previo, a minutos de salir a manifestar, y lo que fue sucediendo es que esa imagen se volvió un recuerdo, una nostalgia y perdió sentido para mí representar esa movilización cuando en la calle en ese momento no estaban mis amigxs, sino odiosos lejanos a todo lo que hemos logrado construir en relación a los derechos humanos. Con ese cuerpo quieto y alerta sentí fuerte la necesidad de proponer una instalación de cuerpos que se manifiestan con detenimiento activo. Mis preguntas sobre este cambio de posición las compartí con Nicolás Cuello, quien terminó realizando un texto especialmente para La movilización y en sus palabras encontré un lugar para mis emociones encontradas.

En esta obra han colaborado Daiana Rose en la realización y Guillermina Mongan en el montaje. Esta obra es lo que pude decir de este tiempo, fue la acción a la par del pensamiento y un desafío para una bienal que esperaba otra imagen, la de los cuerpos heroicos, esa idea que tenemos de nuestros propios cuerpos, incluso. Pasó el tiempo y este paisaje de cuerpos movilizados cobró un nuevo sentido. Agradezco a quienes han sido parte.

Curaduría: Lisette Lagnado, María Berrios, Renata Cervetto y Agustín Perez Rubio.



Agradezco a quienes han sido parte

Daiana Rose, Nico Cuello, Guille Mongan, Leopol Mones Cazón, Nani Lamarque, Maitena, Marta Dillon, Euge Murillo, Ana Longoni, Moyi Schwartzer, Caro Fernandez, Ana Longoni, Mariela Gouiric, Ceci Campos, Vic Musotto, Marina De Caro, Roberto Jacoby, Kiwi Sainz, Natalia Fontana, Santiago Villanueva, Emilio Bianchic, Vero Madanes, Luci Reissig, Lola Granillo, Celina Eceiza, Mariano Ullúa, Meme Liébana, Kinga Sanden, Maite Lerner Sanden, An Millet, Nino Randazzo, Federico Randazzo, Florencia Cabeza, Yamila Iphais Fuxman, Ernesto Zerillo Iphais, Mariana Cerviño, Candela Mirabella, Marta de la Gente, Nina Kovensky, Daniel Leber, Mariano Andrade, Cecilia Sainz, Eloísa Andrade, Romina Ameloti, Caro Pierri, Nayla Vacarezza, Niv Sardi, Clara Inés, Gustavo Lopez, Vero Meloni, Jair Toledo, Jor Mongan, Marie Bardet, Osías Yanov, Marcos Morales Loureda, I Acevedo, Paula Peyseré, Maruja Bustamante, Guido Poloni, Santiago Marco, Paula Fernandez, Lucero Margulis, Vivi Tellas y Rita Pauls

Por Mariela Scafati




La movilización

Nos acostamos. Mirábamos el cielo moverse en silencio, mientras acostumbrábamos nuestros cuerpos a la fría humedad de la tierra. Nuestras miradas, ahora sin objeto, perforaban el vacío de un cálido mediodía, hasta que poco tiempo después, una sensación inquietante empezaba a recorrernos. Algunas manos se aferraban con miedo al cuerpo. Otras, peinaban con su sudor la hierba desordenada de aquel suelo fértil. Sabíamos que movilizarse era poner el cuerpo en movimiento. Pero que también, era articular un deseo de afectación. Y afectar, fue despertar en otros la vibratilidad de una resonancia. Un lenguaje inaudible, lento e inestable que emergió como una barricada intima sobre el gobierno de la piel y la violencia de las máscaras. Detenernos fue ensayar otra coreografía de lo político. Detenernos no fue volvernos victimas de nuestra fragilidad, sino aceptar humildemente que éramos definidos por ella. Detenernos fue una oportunidad para volver a escuchar las fuerzas de un mundo tan vulnerable como nosotros, pero también, fue hacer lugar para la irrupción incómoda de su incertidumbre. Allí estábamos, completamente suspendidos por la desorientación de nuestros propios límites, desactivando desde una resistencia reparadora siglos de autoritarismo sensorial. No necesitábamos vernos, ya que el mutuo reconocimiento de nuestras presencias era una forma de contacto ineludible. La multitudinaria quietud interdependiente de nuestros cuerpos dio paso a una revuelta evocativa. Un curso descontrolado de imágenes, recuerdos y sentimientos avanzó decidido sobre las compuertas amuralladas de los museos imaginarios de lo común e hizo estallar globalmente todo orden posible de significación, desatando la lengua de la historia para develar la textura de su trauma. En el cielo, las estrellas dibujaron diagramas, mientras un pequeño viento arrastraba sonidos de justicia. Un silencio ensordecedor atravesó el mundo de tal manera, que podíamos escuchar cómo respiraba el agua. Nadie pudo prever las posibilidades inciertas del cuerpo desde la conexión inclinada de sus fragmentos. El terror quiso nombrarnos como una multitud vencida, pero nosotros sabíamos que estábamos eligiendo la fragilidad como un sistema de apoyo y como una forma oblicua de imaginar el mañana. Así fue cómo conectados por el paciente recogimiento de nuestras fuerzas, forjamos con suavidad un pensamiento no figurativo abigarrado de certezas que aún escapan del tiránico encierro de las palabras. “¿Hacia dónde se dirigen nuestros cuerpos?” fue la pregunta que todos supimos escuchar, pero nadie hizo. Solo recordamos que fue una impresión sensible. Un segundo, una chispa de tiempo que dijo: “hacia todos lados, hacia la oportunidad irrepetible del presente”.

Por Nicolás Cuello



Las obras se pueden ver en la 11º Bienal de Berlín 2020 - Del 5 de septiembre al 1 de noviembre 2020





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