Nosotras proponemos: una alianza entre mujeres y colectivos disidentes contra el patriarcado en el arte

Quienes se autoperciben mujeres y forman parte -o simpatizan- del mundo del arte se preguntaban por qué no se gestó un colectivo disidente en latinoamérica que pisara tan fuerte como las Guerrilla Girls y que expusiera la desigualdad entre los géneros en los espacios museísticos. ¿Los varones llegan a ocupar puestos de poder porque avanzan en grupo y las mujeres -acostumbradas al mandato patriarcal que busca enfrentarlas mediante la competencia- de manera individual? Esta percepción cambió radicalmente en 2017 con el nacimiento de Nosotras Proponemos, la Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte que emitió con fervor el primer Compromiso de práctica artística feminista de la Argentina.





El dolor irreparable de una pérdida: la chispa que encendió la bocanada

El fallecimiento de Graciela Sacco sorprendió y entristeció a sus colegas. Mucho más, que la obra de esta artista visual -feminista, crítica, política y radical- pasara desapercibida. Afligida por la muerte de su compañera, la artista Leticia Obeid enumeró en su muro de Facebook diez puntos clave acerca de cómo actúa el patriarcado en el mundo del arte. Sus observaciones generaron un inmenso impacto y se convirtieron en un Compromiso de Prácticas Feministas con 37 propuestas firmado por más de 3.000 personas. La consecuencia de haber alzado su voz fue la conformación de la Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte Nosotras Proponemos. Desde esa fecha hasta el día de hoy, estas artistas hacen acciones en conjunto para ponerle un freno a la desigualdad de género en los espacios museísticos mientras reivindican la palabra “feminismo” que, durante años, muchas prefirieron dejar de pronunciar por miedo a ser señaladas -y rechazadas- en el ámbito artístico.

Las integrantes de NP, desde el primer momento, hicieron foco en una premisa clave: la horizontalidad que las atravesaría a todas. Por este motivo, acordaron charlar con los medios masivos de comunicación en nombre del colectivo sin personificarse. Una de las artistas que formó parte de la gestación de esta ola arrolladora reflexionó con nosotros y se preguntó “¿qué hubiese pasado si Graciela Sacco hubiese sido un varón?”. La respuesta a esa pregunta fue la unión de estas mujeres para hacerle frente a la desigualdad de género y a las postergaciones en el mundo del arte.





Se expuso que lo personal es político en cada uno de nuestros comentarios en Facebook, que surgieron de manera espontánea. Andrea Giunta y Leticia Obeid, entre otras, recopilaron los reclamos y exhibieron el Compromiso de prácticas feministas”, contaron desde Nosotros Proponemos. Entusiasmadas por la magnitud de esta unión entre artistas, se reunieron por primera vez cuerpo a cuerpo en una asamblea. Asistieron un montón de personas; hasta ese momento nunca se habían visto personalmente. Todas aquellas que se sintieron interpeladas por el feminismo se hicieron presentes. Se presentaron, expusieron sus preocupaciones y sus expectativas a partir de esta alianza. Artistas; curadoras; teóricas; historiadoras y toda aquella persona que se autopercibía mujer tomó la palabra. Muchas estaban rodeadas de aquellas que admiraban desde hacía años. Sin embargo, no había jerarquía. Aún hoy, tres años después, lo que una dice repercute en la otra. Y ese espacio que nació de manera espontánea, como una consecuencia orgánica de una opresión sostenida, sigue sumando compañeras y ganando a diario batallas culturales.

Unidas contra el “pinkwashing”: la lucha feminista reducida a una estrategia marketinera

Muchas instituciones convocan a artistas que se autoproclaman feministas y que viven una militancia activa para que generen diversas acciones en sus espacios, desde exhibiciones hasta ciclos de charlas haciendo hincapié en la importancia de que los colectivos disidentes se sientan parte y con el supuesto objetivo de concientizar sobre las consecuencias fatales del machismo en el mundo del arte. Sin embargo, más de una vez, se trata de una estrategia de marketing para teñir a sus instituciones de supuesta deconstrucción. Y puertas para adentro, los manejos siguen siendo androcéntricos.

Desde NP, reflexionaron con nosotros sobre esta estrategia marketinera refiriéndose a lo que ocurrió en arteBA. Luego de que el empresario Juan Carlos Lynch fuera elegido como presidente de la fundación, comenzaron a circular posteos “sexistas, misóginos, racistas y gordofóbicos”. Desde el colectivo repudiaron la designación e hicieron público un reclamo. Al otro día, tanto Lynch como Matilde Grobocopatel renunciaron. “Lo que pasó con arteBA se relaciona con el pinkwashing. Más de una vez, organizaron charlas sobre género y hasta en una de sus tapas de revista eligieron una obra feminista, dedicándole todo ese número a la lucha. Por eso, nos llamó la atención la designación. Sentimos que se subieron a una moda, pero nosotras queremos subrayar que estos avances no lo son. Vamos a estar atentas a que haya coherencia. Pasó más de una vez, con varias instituciones artísticas. Esto no puede seguir ocurriendo, mucho menos después de que firmaran un compromiso con nosotras. Esos puntos hay que llevarlos a la práctica. El verdadero cambio se da en el día a día, las batallas culturales se libran todo el tiempo”, afirmaron desde Nosotras Proponemos.



La renuncia de Lynch y de Grobocopatel tras el reclamo de NP expuso que la lucha colectiva genera cambios sustanciales. Individualmente, están seguras de que podrían llamar la atención, especialmente, de los medios masivos de comunicación. Sin embargo, la transformación se da entre todxs. Las artistas que forman parte del colectivo no representan únicamente a quienes se autoperciben mujeres, sino a todos los sectores disidentes que pelean por no ser desplazados del ámbito artístico. De hecho, este compromiso se verá reflejado en la reedición de su propuesta: dejará de estar escrito en femenino para ir en consonancia con su idea plena de inclusión.

Deudas que la esfera artística todavía tiene con las artistas mujeres

En la década del setenta y ochenta, especialmente, si una artista de autoproclamaba feminista sabía que esa declaración iba a tener un costo. Era excluida y encasillada. No estaban dadas las condiciones para que, junto con otras, pudiera alzar su voz en un mismo espacio y trazar un plan de acción para gestar un cambio. Si bien el escenario cambió y gracias a la lucha feminista se allanó el terreno para poner en jaque las desigualdades de género, todavía hoy enfrentan el riesgo de ser clasificadas y que únicamente las llamen por su militancia activa.

Desde NP, afirmaron que tiene que haber un cambio radical en las colecciones permanentes de los espacios museísticos. Primordialmente, en las muestras retrospectivas que se llevan a cabo. “Tienen que ofrecer otro tipo de narrativas que no tengan que ver únicamente con los ponderados ‘genios’ del arte. Esto se refleja cuando una mujer empieza a estudiar y solo tiene como referentes a artistas masculinos. Sin darte cuenta, te estás autoexcluyendo de tu propia representación y proyección como mujer artista. Es importante que haya referentas”, expresaron haciendo foco en que están pujando para que en la carrera Historia del arte de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se incorporen más recorridos de artistas mujeres.



Muchos espacios de arte reaccionan a este reclamo generando exhibiciones únicamente de artistas mujeres; como si fuesen un grupo aparte, una “secta”. En muchas oportunidades, el autopercibirse mujeres y autoproclamarse feministas hace que su obra se clasifique y sea exhibida únicamente como “arte feminista”. También, que al militar con el objetivo de ponerle un freno a la desigualdad en el ámbito artístico las convoquen únicamente para hablar de género o para generar contenido acorde a su accionar sin recibir remuneración.

Preocupadas por la tendencia a convocar a artistas mujeres para que generen contenido institucional ¡gratis!, desde Nosotras Proponemos acordaron un tarifario de 5 mil pesos (valor válido únicamente en pandemia). Con la intención de remarcar que hay una diferencia entre su militancia y su trabajo, llegaron al consenso e hicieron el pacto de aplicar este presupuesto. Una vez más, intentan romper con la noción del siglo pasado que pintaba a las artistas como bohemias que vivían del amor al arte: ¡son trabajadoras!. A la vez, aniquilar la exigencia patriarcal de demostrar constantemente que su arte es extraordinario; la “mediocridad” también es un privilegio del que ellas no gozan.



por Agustina Rinaldi, 25 de Agosto de 2020
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