Ángeles Ascúa en Entrevistas Coleccionables

EC es un proyecto inacabado y en constante mutación. La plataforma cuenta con entrevistas de artistas residentes en diferentes lugares de la Argentina con la intención de que este archivo siga creciendo incorporando diferentes contextos que conviven en nuestro país.


"Si tuviste la suerte de vivir en Rosario de joven, Rosario te acompañará vayas a donde vayas por el resto de tu vida porque Rosario es una fiesta que no termina nunca"
Dibujo - 2018



EC: Hablemos de tus inicios, ¿cómo fue tu acercamiento al arte? ¿Qué te llevó a tomar la decisión de ser artista?¿Cuáles fueron tus referentes?

AA: Mi acercamiento al arte fue muy natural. En Rafaela, me estimulaban un montón.
Iba a danza clásica, a una escuela que se llamaba Isadora, fui once años. Era extraño porque tenía cero gracia. Iba a mirarme al espejo toda la clase. Isadora era una bailarina que rompió con todas las estructuras de la danza clásica: bailaba descalza, tenía un fuerte vínculo con la naturaleza. Yo la flasheaba con eso. La escuela ofrecía una formación teórico-práctica. Nos daban historia de la danza y ¡éramos re chiquitas! Me acuerdo de volver a mi casa muy tarde, porque las clases terminaban a las diez de la noche y al otro día tenía que ir al colegio. Los talleres teóricos eran optativos y mi mamá nos hacía hacer todo. Mi hermana leía y aprendía, yo en cambio me tenía que hacer cuadros sinópticos para retener algo. Nos ponían unos videos en VHS que veíamos en un televisor minúsculo. Hay algunos videos que nunca más volví a ver. Era un momento muy especial porque si faltaba a una clase, o me quedaba dormida, no tenía oportunidad de repetirlo. Tengo recuerdos de cosas, que ya no se si es un recuerdo o un invento: dos hermanos alemanes que vivían en un bosque y se armaron un escenario en el fondo de su casa. Esa cosa de la autogestión y de emprender me gustaba. Así fue como me impactó más la historia que la práctica.

EC: Te gustaban las historias que rodeaban la danza, pero ¿cuál fue tu primer acercamiento a las artes plásticas?

AA: Me volvían loca las historias que rodeaban la danza ¡Me encantaban! Pero el vínculo con las imágenes, que no me lo voy a olvidar nunca, comenzó en un taller de pintura estando en la secundaria. El taller tenía una buena biblioteca y veía autores importantes. Eso no era menor, en Rafaela era difícil tener acceso a una obra de arte “original”, el Museo abriría años más tarde. Entonces ese lugar era como lo más cercano que podía encontrar.
Cuando empecé a estudiar bellas artes tenía un gran conocimiento de la historia de la pintura a diferencia de mis compañeros. Primero porque había estudiado historia de la danza de verdad y después por este taller. La profesora estaba muy al tanto de autores contemporáneos que circulaban, lo cual era muy extraño porque vivíamos en Rafaela. Conocí pintores de la escuela rosarina como Emilio Ghilioni que tiene una paleta espectacular y hoy se está revisando mucho su obra. Mi maestra había estudiado con él, entonces yo supe de él y de otros pintores como Rodolfo Elizalde, Julián Usandizaga, Juan Grela.
Mis papás nos traían a Buenos Aires y nos llevaban hacer la ruta de las muestras, creo que vi más muestras que ahora que vivo acá.


Ángeles Ascúa cuando era niña bailando danza clásica en la escuela Isadora.


EC: ¿Cuáles son tus referentes en Rafaela?

AA: En la galería de arte Ahrus hice la pasantía del colegio, ya sabía que iba a estudiar arte desde séptimo grado. Entonces en el último año, mi papá quiso que trabajara en una galería de arte. Trabajé un año ahí, y estuvo buenísimo porque aprendí el concepto de comisión, recibir una obra, hacer una muestra. Fue una experiencia re linda.
En la galería había pinturas del grupo Litoral muy buenas, también de algunos autores rosarinos que colmarían mi corazón años más tarde. Un Schiavoni gigante muy melancólico, de una calle que sube. Y una naturaleza muerta de Ouvrard compuesta por dos castañas de colores opacos y quebradizos a lo Morandi. No obstante, la muestra que más me atravesó fue una de Betty Flores de Beltramino. Aprendí ahí que la señora era la hermana de don Miguel Flores, el primer pintor de mi ciudad. Un hombre que dictaba clases de pintura al plein air en la plaza 25 de mayo. Sus saberes tuvieron tal impacto que decidieron homenajearlo y ponerle su nombre a la escuela municipal de arte el liceo Miguel Flores. Betty, injustamente, no tuvo mucha trascendencia historiográfica. Sus obras se componían de paisajes desolados realizados en óleo pastel que dominaba con gran sensibilidad. Mientras preparábamos su muestra en Ahrus, Betty me contó que mi bisabuelo Marcelo Salinas vino de Nijar España con sólo 13 años y fue directo a su casa, a la de los Flores en Rafaela. Allí lo recibió su padre, don Cayetano Flores Góngora famoso por sus frescos en las iglesias de la zona y los trabajos en herrería y vitraux. Mi bisabuelo vivió sus primeros años en este país con ellos, desde que me transmitió esa historia me gusta reconocerme como parte de esa filiación.

EC: Hablemos de tu proceso creativo ¿cómo podés describirlo?

AA: En las últimas obras que estoy haciendo estoy trabajando con un libro que leí de Hemingway "Paris era una fiesta". En ese libro él cuenta sus años de juventud en Paris, y por eso dice que era una fiesta que no termina nunca. A mí me pasa algo parecido con los años que viví en Rosario. Entonces se me ocurrió citar un texto y llevarlo a una imagen. En mis disparadores siempre algo en torno a lo afectivo se cuela, algo que me emociona y encuentra una imagen. Lo de Rosario fue inmediato porque no soy de trabajar con texto, mi obra es más bien abstracta casi no tiene figuración (mucho menos texto), sin embargo esta última obra es como un cartel.

EC: La mezcla de hechos sociales y culturales con tu historia personal se nota claramente en el texto que acompaña la serie de obras "piel de empedrado, corazón de leche y trigo". Allí relatás episodios de la historia de Rafaela contados desde anécdotas íntimas y familiares. A pesar que hasta ahora no había textos en tus obras siempre la palabra juega un rol fundamental en tu obra ¿qué importancia tienen los textos en tu obra? ¿Por qué toman un papel de importancia?

AA: Para mi es conflictivo, a veces siento que las imágenes son insuficientes. Nunca llego a reponer toda esa historia que quiero contar, me parte el corazón porque no sé cómo hacer. En un momento lo vivía como un fracaso, era tremendo, no había para-texto que me alcanzara porque podés decir "lo ponés en el título" pero eran larguísimos (risas).
A mí me parece que no es lo mismo ver la obra habiendo leído los textos o no. Es una experiencia más completa, al menos desde el lugar del espectador. Me pasa que nunca se cómo ofrecer ese material porque es largo y por lo general resulta un poco denso. No puedo obligar al otro a que lea el texto.

EC: Sobre el uso de las palabras, ¿de qué trata Bin Bin?

AA: Yo había leído una novela que se llamaba "Cisnes salvajes" y uno de los personajes que aparece, muy fugazmente, se llamaba Bin Bin que significa amable. Mis dibujos tienen mucho de esa sensación. Los dibujos Bin Bin no me hacen acordar a nada y sin embargo me recuerdan a muchos artistas que amo y admiro: un universo de nombres que estoy convocando en esas imágenes. Escribí un texto pero quedó ahí, estoy vaga con la web porque si lo subiese ya estaría.
Por otro lado, como espectadora, adoro consumir esas historias. Tengo un libro que describe solo el Guernica, lo leí cuando era muy chica, y me volvió loca. Me daba cuenta que el cuadro era una enciclopedia en sí mismo: una pintura en blanco y negro re pedorra y sin embargo era una fuente espectacular de referencias. Algo parecido me pasó con la Virgen de las Rocas, dicen que es un tratado de botánica. Hay algo de ese tipo de formato que me fascina.



"Bib Bin" - Acuarela, lápices y marcadores sobre papel. 2018.


EC: ¿Aparece una faceta académica que se une a tu sensibilidad plástica?

AA: Si, súper nerd. De hecho la obra que estoy haciendo sobre Rosario surgió como parte de mi tesis para una maestría. Las imágenes y las historias son dos registros que me interesa abordar en mi obra y especialmente consumir en la obra de otros.


EC: En cuanto a los materiales ¿qué relación tenes con el trabajo artesanal?¿Qué te atrae de la monotonía de la labor manual?

AA: En el trabajo artesanal siempre se nota la falla, y de hecho yo nunca aprendí a bordar ni nada, nunca hice un curso de costura. El resultado de las obras nunca es perfecto, de hecho los guardianes se caían...
Yo ayer estaba en Rafaela con mi mamá y mi hermana cosiendo esta pieza (señala el tapiz “Si tuviste la suerte de vivir en Rosario de joven, Rosario te acompañará vayas a donde vayas por el resto de tu vida, porque Rosario es una fiesta que no termina nunca”) una marcaba, la otra cocía, otra hilvanaba, era re emocionante para mí. Pasé el día de la madre cociendo con ella y yo estaba copada con eso como algo romántico aunque creo que mi mamá hubiese preferido mirar Netflix (risas). También me encanta que mi abuela me diga: ¿qué estás haciendo ahora? Me encanta que toda mi familia esté involucrada aunque a veces ya lo padecen.
Por momentos pienso en delegar ese trabajo pero no puedo porque disfruto un montón la sensación que me genera, llego a un estado meditativo tipo nirvana o como cuando rezás una oración. Me gusta mucho eso y me hace bien, sería bueno preservarlo.

EC: ¿Con los dibujos entrás en ese mismo estado?

AA: No, a los dibujos los sufro más. Hay algunos que salen rápido pero hay otros que tengo que respetar su temporalidad y me llevan mucho tiempo. Me encanta ver mis dibujos en grupo, son como plantines en un vivero. Un plantín solo es aburrido pero todos juntos hacen un cantero vistosísimo.

EC: ¿Los cuadernos son ideales?

AA: Exacto, son el mismo método. Uno me lleva a hacer el otro y se van completando a cada página. Me demandan mucha concentración. Hago varios al mismo tiempo, es mucho más rápido que los tejidos, normalmente hago un boceto que tengo que respetar.

EC: Has participado en muchos proyectos auto gestionados y grupales como herrmana favorita, boga, amigos del interior ¿Qué te interesa y qué te aportan los proyectos colectivos?

AA: Estoy todo el tiempo involucrada en proyectos colectivos. Me gusta el estado de encuentro: la reunión es un formato que, para mí, es muy fértil. Cuando era más chica lo hacía por necesidad, además con Flor (Caterina) y Tute (Matías Pepe) teníamos un vínculo muy simbiótico, era muy fácil.

EC: ¿Qué te dio cada proyecto?

AA: No sé. Lo más importante fue la amistad. Me dieron amistades muy lindas, buenas y duraderas que me atravesaron un montón. Me gusta mucho el intercambio, es un estado vital.


Ver entrevistas a otrxs artistas en Entrevistas Coleccionables. Un proyecto de Silvina Yesari



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Ángeles Ascúa. Nació en Rafaela provincia de Santa Fe. Estudió la licenciatura en Bellas Artes con orientación en Teoría y Crítica de la Universidad Nacional de Rosario. En el año 2014 fue seleccionada para integrar el programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella. Realizó la Maestría en Curaduría en Artes Visuales en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Fue becada por el Servicio Alemán de Intercambio Académico DAAD para realizar el programa de verano de la Freie Universität Berlin (2008). Realizó muestras individuales como: “Bin Bin” (Granada Gallery; Buenos Aires, 2018); “Piel de empedrado, corazón de leche y trigo” (Bienal de Arte Joven, CCR, Buenos Aires, 2017); “Guardianes de la distribución de los colores” (CEC Rosario, 2012; Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez de Santa Fe, 2013; Museo Municipal de Arte Dr. Urbano Poggi Rafaela, 2013), entre otras En el año 2018 recibió el Premio Colección 72 Salón Nacional de Rosario. Fue premiada en el 2015 en el Salón de Mayo del Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez, también recibió el Premio al Artista Joven, Fundación Nuevo Banco de Santa Fe en el 2012. Formó parte de diversos proyectos grupales como La Herrmana Favorita, BOGA, Amigos del Interior.


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