Cuando las flores nos miran como metáfora de vida

El ramo imposible. Mariano Benavente en Casa Matienzo desde el viernes 14 de junio de 2019 hasta el viernes 19 de julio de 2019.



Las flores cambian y varían con facilidad y de forma poco previsible. Si están en un florero, sabemos que duran menos, es decir, las hemos arrancado de su néctar, ese que les da vida, por ende, morirán rápido. O eso creía. A veces no es tan así. Hace poco me regalaron un ramo que duró intacto 20 días.

Las flores de Mariano Benavente en El ramo imposible tampoco se comportan en la forma esperada. Flores fantasmas, que se mueven y danzan a velocidad. A punto de desaparecer se transmiten un mensaje que nunca llega a nuestros oídos. En medio de la oscuridad, en medio del silencio de las salas de Casa Matienzo.

Nos encontramos con 18 cuadros, óleo sobre tela de diferentes formatos y tamaños, cuyo elemento y motivo son las flores. Catalogadas como naturaleza muerta, pero que en estas series están más que vivas, o en todo caso, a punto de morir. Benavente nos las presenta en un haz de despedida. Sentenciando ese clima taciturno desde la primer obra Bye bye blackbird. Bajo la lluvia, parece que las vemos. Surgen en medio de la penumbra, en el centro, como símbolo de vida, emoción y arte.

Los fondos, casi no trabajados, se funden. No importan, priman las sensaciones y los ramos. Cuyas luces y sombras, texturas y búsquedas nos esperan tras un vidrio esmerilado. Con colores apagados y cálidos, en su gran mayoría, los cuadros de Benavente nos tensionan. Evocan cercanía y dinamismo, a la vez que se esfuman ante nuestros ojos. El ramo imposible “reúne en el mismo plano especies naturales que florecen” nos dicen las palabras de la curadora, Leila Tschopp. Florecen para luego desvanecerse frente a nosotros, ante la estaticidad de la tela. Generando vértigo del tiempo. “Voluntad de abstracción”, explica Tschopp.

La imposibilidad del ramo, se desprende de la idealidad de la pintura. Exposición que tiene a la volatilidad como tema. De las flores, que están y no, ya que en cualquier instante se despiden y se van. De las capas, miles de capas de pintura que están pero no podemos apreciar y diferenciar en las obras. De la pintura en sí, “una cosa entre otras cosas, un fragmento de un espejo roto, imagen frágil de un proceso en formación” dice el texto curatorial. El proceso infinito de creación.

Llaman la atención, en la muestra, los nombres de los cuadros en inglés. “Los títulos son en inglés como son los originales de las canciones”, me dijo el artista al preguntarle. ¿Qué canciones? Standards de jazz. Esas piezas musicales que “los músicos de jazz versionan y reversionan basándose en la improvisación.” Esta serie de obras nació de la idea de combinar la investigación del género histórico en la pintura del ramo de flores y la improvisación “para llegar a una versión contemporánea de un género tan revisitado por muchos pintores a lo largo de los siglos. Cómo el motivo fue convirtiéndose en una excusa para pintar, las obras no fueron teniendo títulos específicos y me pareció que ponerle títulos de esos standards musicales resumía un poco estas ideas”, me explicó Benavente.

Mariano Benavente pinta casi exclusivamente flores desde hace cinco años. En ellas confluyen la pintura holandesa del siglo XVII y su día a día. Ya que las crea en base a fotos que va tomando de flores reales de su vida cotidiana y de pinturas establecidas del género. “Los ramos son el resultado de su práctica privada”, confiesa el texto otorgado por Casa Matienzo.



Hasta el viernes 19 de julio de 2019 en Casa Matienzo (Tte. Benjamín Matienzo 3136 - CABA)

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