Tribal | Daniel Leber y Nina Kovensky en Tópica (Tucumán)

Me pregunto si alguien que camina por la vereda de laprida al quinientos podría arrimarse a la idea de que ahí abajo, existe un hueco que cree ser caverna y que aloja mensajes confeccionados con líneas simples, en tres de sus paredes.





“La realidad,
en la superficie,
siempre es otra.
Hay demasiada luz.
Y demasiada luz
a veces ciega.”



Este agujero, tres metros abajo, atesora una historia irreverente que transita milenos en un relato temporalmente desalineado y subjetivo. Es la enésima parte de una trama que se construye y se registra (en valiosos momentos de los días), en una libretita, en un cuaderno, en una hoja, en una servilleta o en cualquier cosa sobre la que se pueda dejar marca.

Un millón de hombres sin cabeza van vienen suben bajan corren bailan trabajan comen cogen caen reposan manifiestan trepan protestan hablan teclean leen pasean enfrentan discuten escriben disfrazan ocultan contradicen mienten alaban viajan festejan construyen deciden votan se excitan sufren disfrutan y los días pasan y las noches pasan y, de a ratos, todo el universo sucede a la vez.



Ha comenzado a llover sobre la ciudad y Noé decide partir.
Del otro lado, alguien que cree ser dios, apunta al cielo, pronuncia frases idiotas e inconexas y regala globos.
Muchos creen. Y siguen. Y la miseria se mezclaencapsulas con benzodiacepina que se reparten con más globos que se llenan de últimas exhalaciones.

Daniel ha trazado un millón de rayitas negras que se conjugan en cantidades mínimas pero justas, para narrar una historia premonitoria que culmina en esa misma caverna que se llena de humo que brota de un fuego que Nina ha encendido.
Nina ha encendido un fuego que es elmismo que emerge del plexo de alguien que, mientras recita un poema, se esfuma bajo el mismo humo que Daniel ha dibujado.
Nina le ha puesto fuego y voz a esa caverna que posee un motor (que se enciende cada siete minutos) que invade y desestabiliza.
Daniel ha trazadopalitos con brazos y piernas, incapaces de escuchar el motor porque sus voces tienen la potencia que no tiene la de ese que se cree dios.
Nina ha encendido un fuego que aviva palabras que flotan e inundan esta caverna tanto como el humo. Un fuego que no desborda ni amaina.

Daniel ha dibujado un fuego que Nina ha encendido.

Javier Soria Vazquez




Tribal de Daniel Leber y Nina Kovensky, hasta el 10 de julio de 2019 en Tøpica (Laprida 580 (subsuelo). Tucumán).

Tøpica es un proyecto mutante, una idea generadora, un cumulo de deseos que se configura a medida que las cosas ocurren. El espacio, una sala de 9 mts por 5 mts, ubicada en el subsuelo de una cervecería, es un artilugio que toma cuerpo y adecúa su forma al deseo de quien la habita. Quienes decidimos proyectar y coordinar acciones en él, proponemos este lugar como soporte de prácticas variadas y disímiles. Como un ojo de agua hacia el que todo confluye para tomar un cauce no siempre descifrable.


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