Introducción a un delirio premeditado

El Surrealismo de Dalí. Salvador Dalí en CC Borges desde el jueves 16 de mayo de 2019 hasta el lunes 17 de junio de 2019.

Confusión, desesperación, mareo. Sorpresa, asombro y risa. Como en estado esquizofrénico avanzamos entre litografías, pequeñas esculturas, grabados, fotos y serigrafías del mayor exponente del Surrealismo, Salvador Dalí.

Enrique Sabater, su secretario y asistente entre los años 1968 y 1980, cedió más de 100 obras del artista español, para que circulen por América Latina y se conozca el trabajo del dueño de la frase “El Surrealismo soy yo.” Ahora expuestas en el Centro Cultural Borges en la muestra El Surrealismo de Dalí.



Hace casi 20 años que este repertorio se encuentra dando cuenta del mundo del extravagante artista, ayudando al espectador a adentrarse en su mente. Una mente donde prima el caos y el desconcierto. O esa es la impresión que denota la sala 28 del centro cultural, que con escenografía meticulosa nos atrapa entre pensamientos del artista, creencias, nos muestra su forma de trabajar a través de bocetos y procesos de creación. La disposición de la sala y la enormidad del espacio, junto con su firma en distintas columnas y sus frases impresas en las paredes, nos transportan. Nos permite conocer su basto universo simbólico, explayado en sus creaciones y repeticiones del mismo. Nos presenta a su amor, amiga, confidente y musa, Gala.

Nos introducimos en su mundo. Uno descontracturado, erótico, loco, interesante, infantil pero sin ingenuidad.



Organizada en bloques, la exposición nos otorga distintos accesos a la obra del artista. Por un lado, se encuentran las series de cuadros Tiempo, Daliniana, Tarot, Casanova, Objetos e Imaginación del Futuro, Salir del Cosmos, los Unitarios y Cristos. Que se encuentran a su vez intercalados entre esculturas, textos curatoriales, hormigas por el piso y los bancos, dos vitrinas con libros, que otorgan una especie de marco para ayudarnos a comprender aún más la forma de pensar de Salvador Dalí. “Toda esta muestra es meterse adentro de la cabeza de Dalí”, anticipa Ignacio Shanahan, el curador en el texto de bienvenida.



La obra como metáfora de su mundo nos posiciona frente a sus obsesiones, una de ellas, el tiempo. Tiempo como ente flexible, blando, lento, moldeable. Que está y puede que no. Bajo la frase “El tiempo no modifica a los maestros. Son los maestros los que modifican el tiempo” del propio artista, se encuentran tres cuadros y una escultura. Esta última La persistencia de la memoria, conocida por la vox populi como el reloj derretido. Ícono que lo representa, reproducido en millares de productos de consumo. Este reloj, que no conserva las dimensiones esperadas, se repite en los otros 5 cuadros de esta serie. Todos con sus paisajes poco trabajados, en colores planos, con pocos elementos, dando cuenta de la profundidad con líneas diagonales en el piso. Algunos con la línea del horizonte un tanto alta, hundiéndonos, otros con la línea del horizonte baja, rescatándonos. Y en La quietud del tiempo, nada, lo deja flotando en la nada. Simplemente un reloj deforme, congelado convertido en árbol estático.

La mujer es una figura que repitió en su amplia creación infinidad de veces. Mujer como emperatriz, mujer como diosa, mujer luchadora o mujer sumisa, mujer con elementos de la naturaleza que le crecen como propios como se puede ver en la escultura Homenaje a Terpsícora, mujer que se transforma en objetos, como en la serie Tiempo donde se la identifica con el reloj. Las distintas interpretaciones se las dejamos al psicoanálisis, disciplina predilecta de Dalí.



La cual se considera, fue primordial para la creación de su método Paranoico-Crítico. En su libro Dalí Monumental, lo describe como un método que consiste en “materializar las imágenes de la irracionalidad concreta.” Exitosamente, intentaba romper la barrera de su propia racionalidad a través de la meditación y siestas cortas que utilizaba para adentrarse en el mundo de los sueños de una forma consciente. Para registrar y luego plasmar lo que veía. Ya que él consideraba que “el estado surreal perfecto es aquel que se alcanza en la vigilia previa al sueño.”

Por momentos la risa brota desde adentro, como cuando nos encontramos frente a Teléfono langosta cibernético. Por otros nos abraza la ternura al encontrar a la niña con cabeza y manos de flores en la escultura de bronce Alicia en el país de las maravillas. Ese eterno niño que vive dentro de su propia lógica llena de fantasías y así se enfrenta al mundo. La placa dorada que se encuentra al costado de la figura nos confiesa que esta es una de las imágenes preferidas de Dalí.

Manchas vivas que movilizan, imágenes in media res que abruman, cuadros que a simple vista son meros delirios pero que si se les indaga desbordan de contenido profundo. Escenas de sueños borrosas y confusas, a pesar de que la pintura es clara, no dejan de aparecer. Como los desiertos y las playas desoladas, el torso de venus, las hormigas, las mariposas y los huevos.


Hasta el 11 de agosto en CCBorges Viamonte esquina San Martin - CABA

Entradas$ 250.- / $ 200.- para estudiantes y jubilados

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