Los días van de Jorge Vila Ortiz en Diego Obligado

DO-mzo2019.jpg

En octubre de 2011 tuve la oportunidad de curar en el espacio de arte de la Fundación OSDE, La diversidad de lo moderno. Arte de Rosario en los años cincuenta, una exposición panorámica que, tal como su título lo indica, pretendía dar cuenta de los grupos y artistas que en ese momento cenital estaban empeñados –independientemente de sus perspectivas y convicciones– en producir cambios sustanciales en los lenguajes y técnicas de las artes visuales. Así me puse en contacto con numerosas personas, entre ellas, Dorita Schwieters, esposa de Jorge Vila Ortiz, un artista señero y relevante en el despuntar del arte abstracto, que había muerto hacía varios años, y que, después de una intensa actividad expositiva en la década del cincuenta y a pesar de que su producción plástica continuó desarrollándose, no volvió a exponer sus obras hasta que, en 1981, Rubén de la Colina lo convocó como Artista Invitado del XV Salón Anual de Artistas Plásticos en el Museo Municipal de Bellas Artes “Juan B. Castagnino”.

En oportunidad de la muestra de OSDE, impactado por la obra de un artista que a pesar de su significación en la historia del arte de la ciudad era poco conocida, decidí incluir varias pinturas de las cuales una resultó, finalmente, ser la imagen de la exposición. A partir de allí tuvimos varios encuentros en los que Dorita hablaba muy vivamente del viaje a Europa que juntos habían realizado en 1950 y de las alternativas experimentadas a su regreso: Roma, donde Jorge inició sus experiencias con la cerámica; París con su impresionante oferta cultural y las dificultades propias de la posguerra; y entre las tantas relaciones, el vínculo con el escritor Julio Cortázar con quien compartieron el viaje de ida y con la pintora islandesa Vera Zilzer con la que intimaron en el viaje de regreso a Buenos Aires.

Cuando en el transcurso de 2018 los responsables de la Galería Diego Obligado me propusieron realizar la curaduría de una exposición, no dudé en elegir la obra de Jorge Vila Ortiz. Dado que en la búsqueda de materiales documentales encontré una crónica periodística en la que se habla de “Los Días van”, un poema dedicado por Julio Cortázar al matrimonio Vila Ortiz, el título de la exposición se fue definiendo, y así, en función del recorte elegido, la misma estaría encabezada por las bellas palabras del escritor. Ese relato me puso en la pista de las cartas que Cortázar enviara a los Vila Ortiz mientras residían en Roma, entonces consideré que las mismas eran sobradamente iluminadoras y condensadoras del viaje como un aspecto central de la formación estética del artista y que sobre este asunto debía girar el ensayo que acompañase la selección de obras. Se trata de unas treinta pinturas y collages, en su mayoría inéditos, que a pesar de no tener títulos y fechas podemos inferir que fueron realizados mayoritariamente en la década del cincuenta y parcialmente en los sesenta y que por tal motivo abarcan un amplio y ecléctico registro formal: en primer lugar, una geometría emparentada a veces con el arte concreto y otras con el poscubismo –y por lo tanto aquí con algún grado de iconicidad, mínimo por cierto–; en segundo término, una abstracción lírica con recursos gestuales; finalmente, unos pequeñísimos collages en clave neo-dadaísta que exhiben claramente el carácter lúdico y humorístico que campea en gran parte de su producción. Obras que, al margen de toda ortodoxia y fuera de cualquier prejuicio estético o teórico, rebasan los límites entre figuración y abstracción y, a su vez, entre las variantes de esta última.

Dorita no hablaba sobre su propia obra ni la mostraba; tampoco sé si la conservaba pero en su momento había ejecutado los tapices abstractos que su marido había presentado en exposiciones acompañando cerámicas en la misma clave de estilo. En nuestras conversaciones se refería esencialmente a las situaciones que había vivenciado con Jorge y a los personajes que habían conocido. Estos testimonios orales junto a los libros y tarjetas que habían conservado de ese viaje inicial –que con el paso del tiempo adquieren un carácter básicamente documental acerca de lo leído, lo visto y lo vivido– y también junto a
las obras, son las fuentes que convergen en la redacción del escrito que acompaña la muestra: “Bitácora de viaje: Cortázar y dos jóvenes pintores”; título que además es un tácito homenaje a estos últimos.

A mediados del año pasado, nos encontramos con Florencia de la Colina y conversamos sobre la obra de Jorge Vila Ortiz y por lo tanto tuvo mucho que ver con la materialización de esta nueva muestra que será, después de los avances presentados en 2011, un nuevo descubrimiento. A ella y fundamentalmente a la familia del artista mi agradecimiento.

Curaduría: Guillermo Fantoni



Inauguración Viernes 15 de marzo de 2019 a las 20 hs en Diego Obligado Galería (BV. Oroño 29 - Rosario)

Instagram diegoobligadogaleriaarte


compartir