Un acto doliente para éstos y aquellos componentes de una eterna camorra. Texto Javier Soria Vazquez

Contribuciones para la guerra en curso. Matías Tomás en Sasha (Tucumán) desde el miércoles 21 de noviembre de 2018 hasta el domingo 20 de enero de 2019.

Es el cuerpo lo que se defiende. Es territorio. Es la idea. Es la idea de cuerpo en territorio.
Manifestamos para aparecer,
manifestarnos para que algo o alguien aparezca,
manifestarnos por una verdad perentoria y particular,
manifestarnos para doblegar pensamientos otros,
es declararnos en combate.




Hay una canción que incluye, en una misma estrofa, las palabras amor, pasión, dolor y guerra. Hay muchas otras que son casi lo mismo. Como si el amor y la guerra fuesen el mal que equilibra al mundo (como esa tortuga que sostiene esos elefantes que sostienen la Tierra). Como si reconciliar cargase el peso inamovible de la imposibilidad.




Hay gente que dice que somos la más violenta de las especies: seres capaces de generar vida con y por amor y en ese mismo instante liquidamos con y por amor.
Más allá de todo, la lucha nos mantiene vivos. Morir luchando nos mantiene vivos.
Degradarnos hasta un punto exiguo nos confiere un espíritu que quema con lengua de fuego.
Desde el origen de los días, batallamos contra un abuso programado por seres idénticos a nosotros. Somos la máquina que caduca veloz, para convertirse en sobrante que incomoda, habla, grita y se defiende, que sufre la necesidad impropia, que se inflama y se extingue y vuelve a inflamar para consumir la mierda de un sistema que eyacula sobre una piedra. Somos el número que levanta la voz
para reclamar a ese otro (idéntico a uno), derechos mínimos y necesarios. Somos la gran mayoría.
Matías deambula entre un exceso de imágenes, muchas veces descarnadas, pero extremadamente auténticas, escrutando en minucia sobre origen y contexto. Las selecciona y atesora para construir un cuerpo desproporcionado, desalineado y amorfo, que lo define y ubica. Les concede un status de estampa-objeto-de- contienda. Las exhibe y cede a quien encuentre en ellas un grito ahogado o algún
atisbo de salvación.




La reproducción incesante de cada pieza, es indicio de su imperiosa necesidad por pronunciar y propagar un mensaje que apunta sobre las vértebras dislocadas de la realidad, en un acto doliente para éstos y aquellos componentes de una eterna camorra.

Javier Soria Vazquez




La muestra se puede visitar hasta el 20 de enero de 2019 en Sasha - Laprida 580 (subsuelo) - Tucumán

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