Entrevistas Coleccionables - Nueva entrega: Laura Códega

Laura Códega nació en 1978 en la provincia de Buenos Aires. Estudió periodismo en la Universidad del Salvador, montaje en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica. En 2009 fue becada en el centro de investigaciones artísticas (CIA).
Realizó muestras individuales como América Negra y Bruta (Mite, Buenos Aires 2018), Luz Mala curada por Inés Katzenstein (Mite ARCOmadrid, España 2017), Pirata (Mite, Buenos Aires 2016), Retratos junto a Mildred Burton curada por Ana Gallardo y Guillermina Mongan (Fundación Federico Klemm, Buenos Aires 2015), Bellos Jueves curada por Santiago Villanueva (Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires 2015), Médium (Otero, Buenos Aires 2014), Lo que debía existir en el arte y solo existió en la historia (Metrónomo, Buenos Aires 2012). También participó de varias muestras colectivas, entre ellas: Arte argentino. 100 años en la Colección Castagnino + Macro (Rosario, 2018), Cerámicas sin ceramistas. Curador: Sebastián Mercado (Galería Ruby, Buenos Aires 2017), Formas de Violencia. Curador: Lux Lindner (CCK, Buenos Aires 2017), Premio Braque. Untref, embajada de Francia y Palais de Tokyo (Muntref, sede hotel de Inmigrantes, Buenos Aires 2017), Excéntricos y super ilustrados (Mamba, Buenos Aires 2016), Oasis, Dixit. Curadores: Lara Marmor, Federico Baeza y Sebastián Vidal Mackinson (ArteBA, Buenos Aires 2016), Mostro. Curador: Marcelo Galindo (La fábrica, Buenos Aires 2014). En el año 2009 conformó, junto a otros artistas, Cooperativa Guatemalteca, donde realizan acciones en espacios públicos de la Villa 31. Desde el año 2012 hasta el 2015, dirigió junto con la artista Aurora Rosales el proyecto Metrónomo, una vitrina abandonada y recuperada que fue utilizada para realizar muestras de arte, Buenos Aires, Argentina.


La entrevista se llevó a cabo el día 7 de agosto de 2018 durante la tarde, en la casa de la artista.

EC: ¿Cuál es tu formación?¿Qué estudiaste?

LC: Estudié periodismo y cine. De ambas carreras me recibí; en la ENERC estudié montaje. Soy de empezar y terminar las cosas, no me gusta dejar las cosas a medias (risas).

EC: ¿Cómo fue tu acercamiento al arte?

LC: En realidad siempre tuve sensibilidad y me gustaba el dibujo y la pintura. De chica pintaba un montón. Tengo unos dibujos de cuando tenía siete años, hoy los veo y me doy cuenta de que sentía el color: llenaba toda la hoja, estaba la idea de que el color tenía una sustancia en sí. Tengo el recuerdo de estar a la tarde sola en mi casa tomando la leche y pintando. Esa práctica de sentarme en una mesa y ponerme a pintar por horas, la tuve siempre. Yo me llevaba mis lapicitos. Mi distracción no era tanto mirar la tele sino ponerme a pintar, ¡me encantaba! Esto sigue hasta hoy. De pequeña fui a clases de dibujo, fue a lo único que dije que quería ir; a mi mamá no se le ocurría mandarme a gimnasia.
Fui a dibujo y pintura en Campana, que es una ciudad-pueblo, de donde soy yo. Después no se me ocurría estudiar arte porque no existía estudiar arte. No lo veía como una posibilidad. Para mí, se estudiaba medicina, abogacía; las carreras típicas.
Cuando me vine a Buenos Aires a los 18 me anoté en la UBA en Diseño de Imagen y Sonido, me parecía algo afín. Empecé a ir y me costaba mucho el cambio. Me tenía que levantar a las cinco de la mañana para llegar a las siete a Ciudad Universitaria. Yo venía de hacer tres cuadras para ir al colegio. No conocía a nadie, esa cosa del anonimato me hacía sentir muy perdida. No duré mucho.

EC: ¿Te topaste con la crueldad de Buenos Aires?

LC: Sí, muy cruel. Es la idea de no ser parte de nada: esté acá o no, nadie me ve. Esa cosa de ser invisible. No me hallé y dejé.
No sé por qué se me ocurrió estudiar periodismo. Calculo que era una de esas carreras que tenía como posible y que no era la clásica. Arte no se me ocurría. Para mí era algo que desarrollaba en paralelo y que lo hice toda mi vida sin esperar vivir de eso, ni vender obra, ni ser famosa; nada de esas cosas que podría esperar un artista, como tener visibilidad, hacer una muestra, estar en un museo. Para mí la práctica estaba muy naturalizada. De repente, decía: "voy a pintar una pintura enorme" aunque en ese momento estuviera pintando en formatos chicos; o, si estaba pintando con acrílicos, decía “voy a probar óleos”. Yo me desarrollaba sola en lo que veía.

EC: Tu formación en cine y periodismo, ¿la aplicaste a tu profesión como artista?

LC: Sí, las dos cosas me sirvieron. Periodismo me sirvió porque la formación en arte no tiene lo que el medio sí te exige: saber escribir, presentar un proyecto, hablar sobre tu obra. No sé cómo es actualmente pero cuando yo estudiaba -hice dos años de Pueyrredón nada más porque iba a la tarde y cursaba con unas viejas medio embole y no me copé- no focalizaban en cómo armarte como artista. Toda la educación que tuve en periodismo me súper sirvió para eso.
También, todos mis proyectos los abordo desde la investigación, que viene de la formación de periodista. Siempre me interesa investigar.

EC: ¿En qué momento te diste cuenta de que te ibas a dedicar a esto en forma completa?

LC: Siempre desarrollaba mi práctica y, en paralelo, algo que yo creía que me iba a dar de comer. Cuando terminé de estudiar periodismo, me fui a Barcelona con mi novio. Volví al año, cuando nos separamos. Fue un año muy duro para mí por la separación y porque no sabía si quedarme a vivir en España. Era el año 2004, todavía estaba el coletazo de la crisis, no se conseguía trabajo, estaba todo para atrás. Cuando volví, normalmente iba a muestras y consumía la revista Ramona. Pero era un mundo que estaba lejos del mío, era como quien mira la revista Vogue y le interesa la moda. En ese momento no tenía ambiciones en torno a pertenecer a ese mundo. Lo veía desde afuera, como una vidriera. Miraba las obras en las muestras como se ven vestidos lindos cuando vas a pasear a un shopping. Un día veo, en Ramona, un aviso donde buscaban pasantes; yo me había recibido de periodista, dije ¡perfecto para mí! Trabajar en una revista y de arte. Además, tenía muchas obras hechas, todo previo a la serie Instrucciones médicas. Yo hacía dibujos, pinturas... Me presenté a Ramona y quedé en la pasantía. Cuando entré a la charla inicial, me dije "encontré mi lugar en el mundo, ¡es acá! ¡esta gente!" En ese momento, también estaba el proyecto Venus, había un montón de gente de todos los ámbitos: arquitectos, sociólogos...


Instrucciones médicas. R.B.T
(Resistencia Bacteriana Transferible)
Acrílico sobre tela
40cm x 30cm
2006


Iba a Ramona un par de días a la semana, me habían asignado una tarea. No sé cuál, creo que Bola de Nieve. Yo no hacía nada, en realidad, estaba ahí y miraba a la gente. Fui a recibir información, a conocer gente. Comencé a ir a las muestras y entendí que había un mundo del arte donde la gente se conocía entre sí. Me acuerdo que le pregunté a Roberto Jacoby con quién podía estudiar pintura y me recomendó a Diana Aisenberg. Fui durante dos años, no estuve mucho y no hice clínica. Después me fui a estudiar a la ENERC cine y me fui del taller porque no me coincidían los horarios. Estuvo bien dos años, yo no la pasaba tan bien. Había mucho de algo que tiene el arte: esa cosa de los que están más ubicados, los que menos; los que tienen más privilegios. Eso que es parte del sistema del arte en sí no me gustaba.

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por Silvina Yesari , 3 de Octubre de 2018
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