Triple equix. Las tecnologías visuales del contacto sexual de Leandro Torre en Cariño

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Pintando en el pre post porno
Este oportuno rescate de las pinturas de Leandro fantasean en un paisaje voluptuoso que nunca se desvanece y refuerza los fetichismos reinantes desde una internet incipiente, perdurando en el babeo de las nuevas y futuras tecnologías. El babeo de las bestias. La voracidad sexual de supermachos y superhembras del discurso pornográfico de los noventa, lejanos y cercanos, es un espacio, una narrativa y un modo que se puede transitar eternamente. Llegaron para quedarse protagonizando fábulas sobre la lujuria. Esa pulsión fáunica continua narrándose y administrándose con una lógica mecanicista subalterna en aparente autonomía, conviviendo con el actual contraataque queer. Súper tetas, súper pijas, recortadas de papeles satinados sin photoshop, revistas escondidas en medio de pestes y culpas, de un momento donde los kioscos embolsaban lo obsceno y sólo dejaban en nylon transparente las miradas penetrantes o en éxtasis orgásmicos.

El porno, como dice Roberto Echavarren, es tierra de nadie, “nicho especializado y genérico”que siempre ha sido espacio de lucha política no exclusivo de los que hemos sido definidos por nuestras sexualidades. Lujurias que ofenden morales y permanecen fuera de marco hasta que, con el devenir del tiempo, cada vez se vuelven más centrales hasta convertirse en una nueva forma de vínculo y carta de presentación con el Sexting (cruce de fotos eróticas por teléfono o redes) y el Send Nudes actual.

En esas revistas comenzaba la fetichización del cuerpo pornográfico fibroso, afeitado, aceitado y condimentado, entre el efebo y el pelo en pecho, cada vez más cercano al cyborg apátrido. Los escenarios de estas representaciones entre machos ampliaban los anteriores: consultorios médicos, bares, construcciones en obra, aulas, duchas, talleres mecánicos, guerras, cárceles, gimnasios, barcos con marineros y otras abstracciones más complejas propias de nuestra cultura como los glory holes. El sexo continuaba siendo peligroso y perverso, un vicio a reeducar, ridiculizar, penalizar o invisibilizar.

Leandro, con sus escenarios naif y pitufados, coloca en posiciones cómodas ese repertorio XXX mecánico, protagonizado por el macho tosco y su dramatismo eyaculatorio pontificado, mitificado, donde lo central continua siendo un falo potente y resistente en proporciones descomunales, el pubis afeitado, el cuerpo liso, resbaladizo. Autos que se quedan sin nafta en carreteras calurosas.

El porno telefónico y de chat que parece tan lejano, es muy reciente. El postporno puede ser que esté desde hace demasiado tiempo, desde el momento en el que alguien utiliza la pornografía con una imaginación más insólita y política. En esta muestra los cuadros son de una etapa pre post porno, previa a la ampliación de horizontes hacia una disidencia con sus ritualísticas alternativas que aún permanece más allá del arcoiris. Pero se han aumentando las subculturas del menú y sus movilidades transitorias nómades.

No son recorridos directos. Existen muchos camino en paralelos que van y vuelven, se enrizan, retroceden, dan saltos, acaban y vuelven a comenzar con algún que otro aditivo.

Por Dani Umpi

Inauguración Sábado 22 de septiembre de 2018 a las 19 hs en Cariño (Diagonal 114 Nº71 e / 38 y 39 - La Plata)

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