La suma de las artes

Bajó el título “Afinidades Afectivas”, la 33º Bienal de San Pablo (en adelante BSP) presentó una
novedosa propuesta en la cual el curador designado, Gabriel Pérez-Barreiro (en adelante GPB) ha
decidido no curar, al menos en el sentido tradicional en el cual este tipo de exhibiciones nos tienen
acostumbrados.




En un inusitado intento por cuestionar las relaciones de poder y desarticular la lógica vertical
imperante en el sistema artístico —institución-curador-artista—, y en pos de reafirmar el poder del
arte como foco de atención, GPB abrió el juego invitando a 7 artistas para que cada uno ejerza el
rol de curador de una muestra colectiva que sea parte de la exhibición, con la sola condición de
que su obra participe de la misma y que se atengan a las limitantes de presupuesto y espacio. En
cuanto a todo lo demás, dio plena libertad a los artistas-curadores para elegir los demás
participantes, el diseño de la muestra, título, estilo, montaje, etc.




Además, seleccionó a 12 artistas para que formen parte de la BSP con muestras individuales. O
sea, estas se exhiben dentro del pabellón en condiciones similares a las mencionadas
anteriormente; 3 de las cuales son póstumas, de artistas de los 90s que el curador —en este caso
sí aplicaría el término— considera que no están recibiendo suficiente atención y una cuarta de un
artista brasileño vivo pero con producción de hace 30 años que consideró relevante incluir por
considerarla bisagra en el arte del Brasil.




Acerca de los otros 15 nombres que conformaron la lista a cargo de curar el contenido de la bienal
—los 7 artistas-curadores de las muestras colectivas y los 8 artistas vivos presentando proyectos
individuales— GPB no aclaró ningún criterio de selección por lo que debemos asumir que se trata
de su propia afinidad afectiva. En cuanto al sentido al que aluden las “Afinidades Afectivas”, GPB
se refiere a la novela “Afinidades Electivas” (1809) de Goethe y el tesis “De la naturaleza afectiva
de la forma en la obra de arte” (1949) de Mário Pedrosa para redondear en la idea de que percibir
arte es una experiencia en la que obra y espectador entablan un diálogo a partir del cual se siente
afinidad (nótese la tautología) hacia algunas obras y no otras. A partir de este concepto, GPB
propone basar el programa educativo de la BSP en la atención, o sea, en el ejercicio activo de
explorar estas afinidades entre espectador y obra.

Pareciera irónico que siendo la Gestalt determinante en el pensamiento de Pedrosa que tanto ha
influido en el proyecto de esta bienal; se le haya pasado por alto a GPB su axioma “el todo es
mayor que la suma de las partes”. Lo que uno se encuentra en esta edición de la BSP son 19
muestras que lo único que comparten es una sincronía espacio-temporal; y lo que a priori intenta
ser un ejercicio a través del cual GPB intenta desviar la atención del espectador de la intención
discursiva del curador termina logrando justamente lo contrario. De todas maneras, sería injusto
adjudicarlo al trabajo de los artistas-curadores. El motivo pareciera encontrarse, más bien, el lo
laxo de la propuesta temática.




En conclusión, este experimento curatorial para una bienal no deja de ser interesante ya que es
un modelo que celebra las redes colaborativas entre artistas; quizás lo más poderoso que surge
dentro de los sistemas de arte en regiones en crisis. Será cuestión de ver si en el futuro es una
propuesta que se replica con las correcciones necesarias para que su efecto sea tan contundente
como el planteo.

Bienal de San Pablo

por Torcuato Gonzalez Agote, 18 de Septiembre de 2018
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