Una hija y pitbulls

Ya que estoy. Paula Castro en Mite desde el viernes 7 de septiembre de 2018 hasta el sábado 13 de octubre de 2018.

Siempre me llamó la atención la deformación de las escaleras que bajan hacia las estaciones del subte. Los escalones tienen una curva, ahí, en el lugar el que la gente pisa cuando desciende.




No se pueden tocar las paredes de la galería. Un papel blanco, brillante y suave cubre las paredes. Cuatro dibujos y un poema ocupan el espacio. Una hija y pitbulls, una mujer mitad carne y mitad hueso, la genealogía irónica y usos de un cuerdo, los animales de un posible edén conviven en la obra de Paula atravesados por la experimentación formal que se hace presente como entramado de trazos y líneas que ocupan la superficie. Rastros de un pensamiento descentrado en el que la convergencia de elementos heterogéneos se resuelve en interacción orgánica.




Las obras de esta muestra funcionan como los escalones del subte. La cotidianeidad es la escalera deformada por el lenguaje que se enuncia a sí mismo en la forma de los trazos de fibras y tinta china. Y, a la inversa, esos escalones son el lenguaje específico de la historia del arte modificados por la cotidianeidad presente como huella. Donde el recorrido aparenta conducir a una búsqueda cada vez más abstracta, irrumpe un pedazo de servilleta reclamando su lugar como elemento disruptivo y situando la mirada del espectador en lo externo al plano bidimensional de la representación. Las gestualidad de las marcas de tinta, a veces próximas a tachaduras, que cubren la extensión de los dibujos. La rasgadura del papel que cubre todo es un recordatorio de que tanto la realidad, como las representaciones, están indefectiblemente mediadas las unas por las otras. Ya que estoy disuelve la falsa dicotomía entre esas dos categorías ubicándose en la intersección de las multiplicidades que modifican su estructura al establecer conexiones entre sí. Ni una ni la otra, las dos a la vez.

Los dibujos preparatorios, las pruebas de color y graduaciones de tonos establecen relaciones directas y azarosas con un mundo más próximo, conformando de esa manera no un imaginario hermético que vuelve sobre sí mismo, sino proponiéndose como dimensión abierta.

El bajo constante de la apropiación y re elaboración de la arbitrariedad de lo cotidiano se mantiene en el poema elaborado a partir de descripciones de una aplicación para conocer personas: Me preocupo cuando me salen/chistes que no hacen reír./Un mambo raro/Varios en varios/Rubio de pelo negro/ El yerno que siempre/quiso tu vieja.

Hace unos años en una clase un profesor nos dijo: una vez que saben que existe el lenguaje ya nunca se puede volver a tocar una mesa, como si una capa invisible no permitiera que volvamos a tocar la madera. Parece que la decisión de la artista y el curador va en esa dirección.




Hasta el Sábado 13 de octubre de 2018 en Mite (Av. Santa Fe 2729 - CABA)
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