Imposible reversionar el génesis

El campo de la percepción se amplía, no porque se revelen nuevos sentidos sino porque se
posibilita ahondar sobre aquellos que ya tenemos.






En el comienzo de todo, la tierra no tenía forma alguna; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad. En el comienzo de todo había una inmensa unidad de energía. Lo único existente era una sombra compuesta de oscuridad y agua. En el comienzo de todo había una caja negra gigante. En el comienzo hubo vida oscura vibrante.

Una caja negra gigante y un haz de luz registrándose en una placa con sulfato de bario dieron origen a la imagen fotográfica. Sin embargo, no es el primer registro de oscuridad. Aquellas pinceladas barrocas hacen eco desde cronologías pictóricas o historias de la pintura. Luego la oscuridad fue compartida. Fue experiencia de sala.
Seguidamente, la oscuridad colectiva fue iluminada por una sola y gran pantalla.
Diálogos de luz y oscuridad mecanizada se automatizaron. Entonces, esa gran pantalla creció y se individualizó. Más allá de una narrativa de la oscuridad, lo cierto es que ella refleja su relación simbiótica con la vista. Lo que vemos y no vemos, lo que vemos y lo que nos mira.

A causa del enceguecimiento causado por el cubo blanco de la escena del arte contemporáneo actual, mirar el origen se vuelve impostergable. Cualquier versión de génesis asocia comienzo y oscuridad, aunque esta pareciera haber desaparecido por completo. Sin embargo, es notable la vuelta de la oscuridad como protagonista en las escenas de entretenimiento. Existen series de tv que refieren en su título a pantallas oscuras de diferentes dispositivos tecnológicos. A su vez, nacieron los restaurantes que proponen cenar completamente a oscuras con desconocidos.

Cierto es que la oscuridad es una posibilidad para resaltar los otros sentidos, ella acecha nuestro control sobre las cosas y pone de manifiesto toda una nueva percepción. Publicaciones recientes llegadas a nuestras librerías dan cuenta de esta idea. Pablo Maurette escribe: “Es que no hay contexto más propicio para pensar el cuerpo, la carne, el tacto, lo háptico que la oscuridad”. Su fructífero recorrido ensayístico resalta la no novedad del tacto en nuestra era multimedial y la preponderancia del tacto, no sólo como un sentido, sino como muchos que recorren incalculables obras filosóficas y literarias. El gusto también es motivo de reflexión.
En menos de setenta páginas Giorgio Agamben utiliza este sentido para repensar la forma de producción del pensamiento mismo.




Se puede percibir una torsión del arte contemporáneo a través de obras disruptivas que deciden relegar a segundo plano la vista. Cecilia Catalin, cuya búsqueda artística gira en torno al sentido del olfato y sus evocaciones sensoriales, propone en Olores de la Memoria Colectiva vivir una nueva experiencia de muestra donde piezas olfativas sugieren andar otros mares para los cuales hay que abandonar el navío el cual se acostumbra usar. Por otro lado, como señala Andrea Giunta, “Rosângela Rennó recurre a los aromas de resinas para activar el olfato, uno de los sentidos que con menor frecuencia tienen presencia en el mundo del arte en Perfumum (2013). Busca renovar una memoria arcaica, actualizar tiempos antiguos en los que la combustión de plantas y resinas era considerada una ofrenda sagrada” Andrea Giunta. (2014). ¿Cuándo empieza el arte contemporáneo? (Fundación arteBA).

Hay espacios de exhibición a nivel local e internacional que se encuentran abriendo puertas a obras mediante diferentes sentidos, a su vez también lo hacen los ensayos sobre estética. Pero los lugares donde se accionan estas obras artísticas parecen mantener una tradición atmosférica que respeta lo blanco y pulcro iluminando las salas con tiras de led. Nos permitimos preguntar, ¿Dónde está la
oscuridad en el arte contemporáneo? ¿Acaso ha mutado y ahora ella es un concepto?


por Maria Kolodynski y Brenda Carciochi, 10 de Septiembre de 2018
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