Una que sepamos todo

En la escena más conmovedora de Twin Peaks Jerry Horne le pregunta a su hermano Benjamin si recuerda la primera habitación que compartieron (“our first room”). El recuerdo infantil viene inmediatamente anudado a Louise Dombrowski bailando con una linterna cuyo haz de luz apenas les permitía a los adolescentes intuir su descomunal belleza. Ese recuerdo borroso y feliz (ese instante de fiesta) que continúa hipnotizándolos a pesar de los años (y de las estafas perpetradas por ambos, por eso la escena transcurre en la cárcel) es el fantasma (el encantamiento) del amor. En el final, el mismo Jerry vuelve a lanzar una pregunta, ahora ya no solamente a su hermano, “Señor, ¿en qué nos hemos convertido?”.




Quizás no sea exactamente así, pero de alguna manera Carla Barbero y Emilia Casiva convocaron a diferentes actores de la escena del arte de la ciudad de Córdoba para preguntarles algo parecido a lo que Jerry Horne le preguntó a Benjamin, una pregunta relativa al pasado que inevitablemente nos trae al presente, como el adorable flashback de los hermanos Horne en la serie de Lynch. En qué nos hemos convertido podría ser otra forma de preguntarse ¿de dónde venimos? Interrogante que abre una vía directa hacia los orígenes, un terreno inestable y pantanoso que tal vez conserve alguna clave para explicar cierto estado actual de cosas, o sea, del arte contemporáneo.

Barbero y Casiva dicen así: “Resumiendo: cada intervención tendría que responder a la pregunta ¿cuándo empieza el arte contemporáneo en Córdoba?”. Ellas saben que no hay big bang reconocible en el horizonte. Saben que están privadas de los instrumentos científicos supuestamente idóneos para determinar un origen. Son conscientes de que Stephen Hawking ha muerto. Sin embargo, a pesar de los hechos, creen que un camino estimulante es “insistir en el problema” y poner en relación a quienes tienen algo para decir. Ellas dicen (más o menos) así: una divina trinidad estructura las posibilidades de pensar este origen (el del arte contemporáneo): un tiempo, pasado y presente; un lugar, un territorio, un campo, afuera y adentro, un “entre lugares”, una tensión, “el momento de cruzar un alambrado”; y una persona (gramatical y material), la constitución de un nosotros, “por precario, poderoso o insoportable que sea”.

Ahora, ¿por qué nos preguntamos hoy por el origen del arte contemporáneo? Esta cuestión tal vez nos introduce en el nudo del libro y en su importancia como síntoma de un momento. La dimensión temporal vuelve a rodar. La pregunta es: ¿qué configuración cobra hoy el arte contemporáneo para permitimos, desde su transcurrir histórico como categoría estética, escribir sobre sus inicios?, ¿qué estadío estamos construyendo/transitando/enunciado?, ¿el de su caducidad, el del historicismo, el de la cristalización o el de su definitiva institucionalización? La importantancia de la pregunta que lanzan Carla Barbero y Emilia Casiva nos compromete, nos hace observar esto que somos.

Una que sepamos todos, publicado por UB (Unidad Básica. Museo de Arte Contemporáneo de Córdoba), lleva por subtítulo Desvíos sobre los comienzos del arte contemporáneo en Córdoba. Primero el desvío, después los comienzos (un desfasaje propio de la contemporaneidad). ¿O es que cada comienzo contiene su propio desvío? Pero no solamente el subtítulo bifurca los sentidos. Una que sepamos todos elide el objeto del supuesto saber. Una canción típica como proclama de fiesta en el que alguno de los participantes cuenta con una dudosa habilidad musical y entonces se le reclama a gritos que toque una canción conocida (por todos) para fortalecer el espíritu comunitario. Retomando irónicamente esta costumbre, un personaje de Capusotto (la reminiscencia resulta irremediable) exhibe un método destinado a “vos, que querés zafar” cuando ignorás la letra de la canción que podría ser la llave del éxito amoroso (el personaje habla recurrentemente de la chicas de la fiesta): Una que sepamos más o menos, un hombre que simula saber esa canción que saben todos gracias a una serie de gesticulaciones absurdas aplicadas al objetivo de no quedar afuera del grupo ni perder la conquista; la paradoja es que por la exageración, el desconocimiento musical queda más en evidencia (al intentar esconder, muestra).

Parte de esta dificultad de saberse la letra está planteada no sólo por las editoras (Barbero y Casiva) sino además por los autores y las autoras de los textos (intervenciones) que conforman el volumen. Textos heterogéneos entre sí, atravesados por una gran variedad de registros: académicos, irónicos, poéticos, anecdóticos, amorosos, burlones, teóricos. Algunos de los cuales gozan hundiéndose en la problemática; otros se regocijan en abordarla desde los márgenes, desde la metáfora o la elipsis, la oscuridad y la imprecisión; y hay quienes procuran una mixtura. Además, en el intento por aprehender, descubrir o construir un origen irrumpen, lógicamente, decenas de nombres: de personas (Bonino, Barón Biza), de obras (“Dibujos borrados”, “Reconstrucción”, “Pedí un deseo”), de espacios (Casa 13), de grupos (Arte trillizo), de eventos (Bienales IKA, Antibienales), de proyectos (Cielo teórico), incluso muchos de los hombres y mujeres mencionados como parte fundamental de los orígenes (el grado cero del arte contemporáneo) fueron implicados para dar su punto de vista (Bustos, Buede, Cagnolo), como si los orígenes hablaran, tuvieran voz propia. Por eso todo el libro compone hasta cierto punto una especie de fantasmagoría, con nombres de espectros realmente existentes, sombras perpetuas que casi todos evocan.

Barbero y Casiva dicen: “Preguntar por los orígenes contiene el desafío de no destruir el misterio”. Barbero y Casiva podrían decir, junto a Walter Benjamin: “Quien intenta acercarse a su propio pasado sepultado debe comportarse como quien excava. No debe temer retornar una y otra vez a un único y mismo estado de las cosas, a dispersarlo como se dispersa la tierra, a removerlo como se remueve el reino de la tierra”.

Unidad Básica (Museo de arte contemporáneo de Córdoba)


Babero Carla; Casiva Emilia, Unidad Básica, 2018, ISBN 978-987-42-7308-6, 224p.


por Clarisa Appendino y Manuel Quaranta, 21 de Agosto de 2018
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