El mundo entero es una Bauhaus

Bauhaus 100 años. Artistas varios en Museo Nacional de Arte Decorativo desde el viernes 22 de junio de 2018 hasta el domingo 12 de agosto de 2018.

En abril de 2019 se conmemoran 100 años de la fundación de la Bauhaus, la escuela que durante su existencia, rica en acontecimientos, llegó a convertirse en un admirado y controvertido símbolo del diseño moderno y de la actitud vital propia de la vanguardia. A pesar de su corta trayectoria (la escuela funcionó entre 1919 y 1933) repartidaentre tres sedes (Weimar, Dessau y Berlín), la Bauhaus encarna, como quizá ninguna otra institución, el espíritu de la modernidad y la voluntad de ruptura y cambio.






El espíritu de la Bauhaus

La Bauhaus Estatal desarrolló su actividad de 1919 a 1933 en las ciudades de Weimar, Dessau y Berlín, sucesivamente. Si ya durante su breve existencia la Bauhaus se había convertido en uno de los puntos de referencia de la Modernidad, tras su cierre pasó a ser considerada como una las manifestaciones más emblemáticas de ese periodo histórico. De hecho, desde entonces y hasta nuestros días, ninguna otra escuela de arte ha logrado convertir su labor docente en un sentimiento vital de la manera en que lo hizo la Bauhaus.

En la actualidad, Bauhaus es sinónimo de una actitud de vanguardia, libre y progresista, tanto en el sentido político y social como artístico. La Bauhaus ha devenido un símbolo. Las objeciones que desde los años 60 se vienen haciendo a la orientación funcionalista de la escuela no han impedido que el espíritu innovador y el modernismo de sus impulsores continúen sirviendo de referencia.




Asimismo, y tras haber sido objeto de una profunda revisión crítica, la Bauhaus continuó presente en la Posmodernidad, no sin una serie de contradicciones que Roger M. Bürgel, director artístico de la Documenta 12, celebrada en 2007, resumió al formular una de las tres preguntas claves en torno a las cuales se estructuró aquella muestra: „¿Es la Modernidad nuestra Antigüedad?“. Y aunque la Bauhaus haya pasado a formar parte de una identidad cultural conformada en el transcurso de un proceso historiográfico, la actualidad de sus planteamientos y la radicalidad de su retórica siguen siendo fuente de fascinación. El espíritu de la Bauhaus se manifiesta, por una parte, en la fuerza intelectual que animó la institución durante la República de Weimar (1918–1933) y está presente, además, como una suerte de espectro cuyos conceptos son objeto de constante apropiación, interferencia e incorporación. Como ejemplo de lo anterior podría mencionarse el viaje que, en 1928, el arquitecto chileno Sergio Larraín García-Moreno emprendió hacia Dessau con el objeto de estudiar allí el modelo pedagógico que inspiraba a la Bauhaus para trasladarlo después a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile y su posterior puesta en práctica. Hasta las flores de cardo dibujadas por los alumnos del curso preliminar de Johannes Itten fueron incorporadas a la práctica docente en Chile, pero ya no como ejercicio de sinestesia, sino como representación abstracta de dicha flor mediante patrones procedentes del arte precolombino.

A partir de 1933, Ludwig Mies van der Rohe, Walter Gropius, László Moholy-Nagy y Josef y Anni Albers emigraron a los Estados Unidos, mientras que otros integrantes de la escuela se establecieron en Australia, China, Japón, América Latina, África e Israel, contribuyendo decisivamente a la difusión global de las ideas de la Modernidad. Podemos afirmar que, además de ser una importante manifestación de la Modernidad clásica de los años 20, la Bauhaus forma parte del patrimonio cultural de la humanidad.




Con motivo del centenario de la fundación de la Bauhaus, que se conmemorará en 2019, la pregunta acerca de su actualidad resulta pertinente. Al respecto, merece especial mención la respuesta dada hace ya más de medio siglo por el artista, diseñador y ensayista argentino Tomás Maldonado (Buenos Aires, 1922), quien fuera entre 1955 a 1967 profesor y rector de la Hochschule für Gestaltung (Escuela Superior de Diseño, HfG) de Ulm, institución que por aquel entonces se autoproclamó “continuadora legítima de la Bauhaus”: “La Bauhaus solo es aceptada en un sentido superficial, de reposición (…) Se trata, en esencia, de un esplendor solo aparente, del intento de canonizar a la Bauhaus o, más exactamente, de abordarla desde la arqueología, convirtiéndola en una reliquia que se saca en ocasiones solemnes, en un objeto de culto que algunas veces cumple la función de un tótem y otras las de un tabú”. El pasaje citado pertenece al artículo titulado ¿Tiene aún vigencia la Bauhaus?, publicado en 1963, cuando la recepción de la escuela había alcanzado su punto de esplendor. En 1960 se había creado en Darmstadt el Archivo de la Bauhaus, por iniciativa del historiador del arte Hans Maria Wingler (Constanza, 1920 – Berlín, 1984), quien fue además director del mismo hasta su fallecimiento. El objetivo del archivo consistía en desarrollar una labor de investigación y presentar los resultados en libros, catálogos y exposiciones, contribuyendo así a mantener viva la memoria de la escuela y asegurarle a esta un lugar en el presente. Con motivo de la inauguración del archivo, el periódico Stuttgarter Zeitung señalaba que “si se quisiera, todo podría ser retrotraído a la Bauhaus, para irradiar el futuro desde ella“.

Mientras estuvo bajo la dirección de Wingler, el archivo se definió a sí mismo como la memoria de una escuela cuyo significado debía ser objeto de una constante actualización. Entre sus tareas se encontraba, además de la recopilación, organización y gestión documental, el cuidado de las relaciones entre los miembros aún vivos de la Bauhaus. Wingler y Gropius fueron las figuras que, en estrecha colaboración, forjaron la imagen de la Bauhaus y la incorporaron al discurso contemporáneo.




Wingler fue, además, uno de los principales impulsores de la exposición realizada en 1968 bajo el título 50 años Bauhaus, proyecto en el que también tuvieron participación importante el exprofesor de la escuela Herbert Bayer, el curador Dieter Honisch (Beuthen, Alta Silesia, 1932 – Berlín, 2004) y el historiador de arte Ludwig Grote (Halle, 1893 – Múnich, 1974) . En el mismo año, el Institut für Auslandsbeziehungen (Instituto para las Relaciones Culturales Internacionales de la República Federal de Alemania, ifa) organizó y coordinó una extensa gira, que presentó la muestra en diversas ciudades del mundo, entre ellas Chicago (1969), Buenos Aires (1970) y Tokio (1971).

Complementariamente, el ifa también se encargó de elaborar el catálogo de aquella exposición itinerante, que fue publicado en numerosos idiomas. El objetivo perseguido por el instituto al realizar esta muestra a nivel mundial queda de manifiesto ya al considerar su título. Hablar de “50 años de la Bauhaus” suponía referirse de forma inequívoca a la pervivencia de la escuela a lo largo de las décadas, después de su clausura en 1933. También en este caso nos encontramos ante un espíritu de la Bauhaus que reafirma su presencia en el mundo, más allá de su destino como institución.

Cabe señalar que el propósito de otorgar un carácter internacional a la muestra –que contó con el patrocinio del Estado Federado de Baden-Württemberg y del Ministerio Federal de Relaciones Exteriores alemán– también obedecía a un objetivo político-cultural: presentar, en plena Guerra Fría y en medio de la confrontación de las Alemanias del Este y del Oeste, a la Bauhaus como ejemplo de una comunidad alemana liberal y democrática. No importaba, a esos efectos, que perteneciera formalmente al pasado, pues el ideal de la Bauhaus era un modelo atemporal que, sin estar ligado a una institución determinada, podía aplicarse en el mundo entero.




La exposición 50 años Bauhaus no se limitó a proporcionar información acerca de la vanguardia artística de aquella época, sino que orientó la atención del público internacional hacia la República de Weimar, es decir, hacia un periodo de la historia alemana en que se dieron las condiciones políticas y sociales propicias para el surgimiento de la escuela: una época abierta a las corrientes democráticas y progresistas que, libre del lastre del pasado reciente, podía servir como referente para la memoria histórica que buscaba desarrollar la joven República Federal de Alemania. La Bauhaus había sido, en efecto, un espacio de creación habitado por demócratas, cuya actividad se vio truncada abruptamente por la dictadura nazi.

En 1969, un año después de inaugurarse en Stuttgart la exposición conmemorativa, la asociación creada y dirigida por Wingler para gestionar el Archivo de la Bauhaus suscribió un acuerdo de financiación con la municipalidad de Berlín occidental. Entre los puntos acordados se encontraba el traslado del archivo a una nueva sede, que sería construida en esa parte de la cuidad entonces dividida. El edificio, que había sido diseñado ya en 1964 por Walter Gropius, no se empezó a construir hasta 1976 y fue finalizado tres años más tarde, después de que el proyecto original sufriera importantes modificaciones.

No obstante, y más allá de estas vicisitudes, el archivo pervivió hasta hoy como una entidad que ha logrado cumplir con la tarea de mantener viva la memoria de la Bauhaus, tanto a nivel académico como popular. A partir de los años 60, mientras los artistas y productos de la Bauhaus eran estudiados, recopilados o clasificados para acabar siendo conservados como piezas de museo, los creadores de la generación siguiente comenzaron a criticar la obra y las ideas de la escuela.

La culminación del cultivo de la memoria de la Bauhaus coincide así con la refutación de algunos de sus conceptos clave. El funcionalismo que separaba trabajo y vivienda entró en crisis. La Modernidad clásica, que se autodefinía como afirmación ahistórica, fue acusada de querer, simplemente, desentenderse de la historia. En este contexto se cuestionó el enfoque universalista que pretendía aplicar los logros de una cultura arquitectónica progresista en cualquier parte del mundo. ¿Hasta qué punto es internacional el International Style y en qué medida es posible transferir a otros entornos culturales las ideas que subyacen al modelo Bauhaus?




En base a estas consideraciones se debe valorar actualmente el significado de la Bauhaus. El objetivo de la exposición El mundo entero es una Bauhaus es volver a poner a la escuela en el punto de mira, mostrando sin reservas su carácter contradictorio y polifacético. Durante algunos años la Bauhaus logró congregar a diseñadores y artistas que revolucionaron la primera mitad del siglo XX a través de las más diversas formas de expresión: desde las pinturas abstractas o figurines que abandonaban el espacio bidimensional del cuadro para conquistar el escenario teatral, hasta un enfoque pedagógico que serviría de guía a numerosos centros educativos, pasando por experimentos en fotografía y cine, por diseños tipográficos que cuestionaban los hábitos de lectura, así como por una noción de las artes aplicadas consideradas en pie de igualdad con las “bellas artes”.

En la escuela desempeñaron su actividad artistas que propugnaban diversas concepciones estéticas y políticas. Fue un espacio donde la Modernidad se hizo visible en todas sus vertientes y en el que se plantearon cuestiones fundamentales que afectaban a la relación del arte con la vida práctica, a los criterios de relevancia social y a la creación contemporánea.

En su búsqueda de un arte radicalmente contemporáneo sin referencias figurativas, muchos miembros de la Bauhaus dirigieron su mirada hacia culturas no europeas. Es el caso de los análisis que Wassily Kandinsky y Paul Klee –inspirados por la denominada vanguardia muniquesa y por los escritos de Wilhelm Worringer (Aquisgrán, 1881 – Múnich, 1965), que aportaron la terminología para un arte autónomo y no figurativo– realizaron de algunas obras maestras del arte africano, asiático y del Antiguo Egipto, estudiándolas a través de libros y visitas a museos etnológicos. La idea de la Bauhaus como lugar de encuentro trasciende así el plano de las relaciones entre individuos y se extiende a la curiosidad que despertaron otras culturas y a la correspondiente aproximación hacia ellas. La exposición itinerante El mundo entero es una Bauhaus se propone responder a las cuestiones que se desprenden de este último aspecto, cediendo la palabra a especialistas de cada uno de los países en que haga escala. ¿Bajo qué condiciones se desarrolló la Modernidad en América Latina? ¿Qué reflexiones determinaron su configuración en Ciudad de México? ¿Existieron en La Habana concepciones análogas a las de la Bauhaus?




Al hilo de tales cuestiones, la exposición se propone ser un espacio estructurado de aprendizaje continuo, que retoma el conocimiento acerca de aquellas vanguardias regionales que intervinieron en los procesos artísticos de los países en que se exhibe para debatir críticamente y desde perspectivas múltiples la evolución del arte en el siglo XX.

Un proyecto como este solo puede llevarse a cabo con la colaboración de muchas personas. Por eso queremos expresar nuestro agradecimiento al curador, Boris Friedewald, por su gran esmero en la selección de los temas y de las piezas que ha aportado para ilustrarlos. El agradecimiento se hace extensivo a Ilke Penzlien, Peter Kortmann y Robert Müller, responsables del diseño y la ejecución de la escenografía. Muchas gracias igualmente a Annette Lux y Lina Grumm, del estudio HIT, por reflejar con tanto acierto la impronta artística de la Bauhaus a través de su diseño de portada. Agradezco personalmente a Lara Sochor por su trabajo de investigación y de gestión de las piezas de la muestra, así como a Martin Edelmann por poner a nuestra disposición todo su saber técnico. Debemos expresar nuestro especial agradecimiento a las entidades que nos han cedido obras en calidad de préstamo, así como a las que nos han apoyado en la financiación de la muestra. La contribución del Ministerio de Arte, Investigación y Ciencia del Estado Federado de Baden-Württemberg ha sido indispensable para la realización de este proyecto. Doy las gracias a Harald Herrmann, de la Embajada de Alemania en Argentina, y a Maren Schiefelbein, del Goethe-Institut Buenos Aires, por su exhaustivo asesoramiento, así como a Paola Esquivel del Museo Universitario de Ciencias y Arte de Ciudad de México y a Sarah Poppel del Goethe-Institut México. Nuestro deseo es revivir el espíritu de la Bauhaus junto a los visitantes de la exposición y hacerlo al calor de aquel „provechoso desacuerdo” que, según una expresión acuñada en 1922 por el pintor Josef Albers, caracterizaba a la comunidad de sus maestros.

Valérie Hammerbacher





Bauhaus 100 años podrá verse hasta el 12 de agosto de 2018 en el Museo de Arte Decorativo
Twitter @MuseoDecorativo

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