Wladimir, el mutante o la Danza de apareamiento del sábalo de río

Todos sabemos de los peligros latentes de un río que oculta con especial esmero las intensas actividades que corren dentro-con-entre su masa de agua marrón, sin embargo, decidimos sumergimos en él, y en ese tránsito hacia dentro de los desconocido sentimos, contra todo pronóstico, una remota impresión de seguridad: el barro del fondo, el agua turbia, la visión nublada y los objetos que navegan afectan al cuerpo. Como si sumergirse en el río originara casi inmediatamente la manifestación de un nuevo ser.





Wladimir Ojeda produce una expansión de su cuerpo hacia un territorio impropio que en algún momento pudo haber sido propio: una metamorfosis. La metamorfosis corporal, simultáneamente, transforma el territorio en el que tiene lugar la conversión: un espacio cerrado, aéreo, se vuelve río, orilla, lodo. Algo sucede. El poder del cuerpo. Lo que puede un cuerpo. El poder de la danza. Una danza de apareamiento: contracciones, sacudidas, espasmos, extraños movimientos de seducción que lindan con la muerte. ¿Muerte o seducción, o, muerte y seducción? ¿Cuál es el límite o el criterio para definir el estado de cosas? El espectador se tensa y se enchastra, la metamorfosis nos toca.

La tensión recorre la sala porque lo que ocurre es propio de la orilla y del río. Nadie sabe con precisión qué es lo que está sucediendo, lo que se ve no es lo que se ve. Y en lo que se ve hay también un matiz profundamente siniestro: alguien convulsiona y tiene espasmos. Pero, ¿es alguien o es algo? La última palabra no se deja asir ni enmarcar. O en todo caso lo indiscernible triunfa. ¿Wladimir Ojeda, entonces, es un sábalo reclamando amor o un mutante buscando su alma? Durante el tiempo en que transcurre la acción prima una opacidad, la visión es turbia, incomprensible, cualquier ensayo narrativo se desvanece. Por lo tanto sólo nos es posible aseverar la existencia de algunos elementos rudimentarios: cuerpo, danza, amor, muerte y río: el desconcierto imperante transforma todo en aleta, escamas, movimientos pretéritos pero a la vez gimnásticos.

Con las extremidades atrofiadas y anuladas, la visión distorsionada y el cuerpo conmovido por una búsqueda desesperada, sólo el barro actúa como protección del mutante. La sustancia viscosa y de coloración parda es la maravillosa transubstanciación que hace del cuerpo una sucesión de movimientos sin lenguaje. Quizás, todo responda a la intensa humanidad que destila la acción, aún cuando en la acción se desvanezca lo humano.

La performance se realizó el Jueves 1 de Marzo de 2018 en Castagnino + Macro (Rosario)



Danza de apareamiento del sábalo de río
Una pieza artística performática. En el contexto del LXXI Salón Nacional de Rosario en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO) se realizó por primera vez frente al jurado de premiación en el momento de su reunión. Se presentó al público el día de la inauguración y el pasado 1ro de marzo se realizó por última vez. La obra fue galardonada con el Premio estímulo de $60.000, otorgado por la Fundación Castagnino para jóvenes artistas en el LXXI Salón Nacional de Rosario edición 2017.

Wladimir Ojeda (Rosario, 1989)
Vive y trabaja en Rosario. Trabaja principalmente la performance, el video-arte y las instalaciones. Fue becado por el Fondo Nacional de las Artes para participar del taller de producción La Basurita. Fue mención del programa Premio al Joven Artista Santafesino y en 2015 ganó la Convocatoria Nacional para Intervenciones Urbanas de la SAR/15. Ha participado en la muestra de videoarte Urbs-Urbis de Ecuador con el video Clasica-Classical. Como performer ha colaborado con Guillermo Giampietro y Mauro Guzmán, con quien realiza clínica en la actualidad.


por Clarisa Appendino y Manuel Quaranta, 6 de Marzo de 2018
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