Lanzamiento de Constelaciones. Un objeto complejo, extraño y de una densidad estética notable

En su prólogo a Constelaciones, Miguel Dalmaroni señala algo que cualquier lector o lectora entusiasta de este poemario podría suscribir: el tránsito por este libro produce una conmoción de la experiencia. En efecto, hay algo en estos poemas que invita a una lectura intensa, continuada. El trabajo de selección y montaje de los textos tiene la habilidad de permitir que cada una de estas voces -irreproducibles, singulares en su diferencia- dialogue con las otras sin dejar de reclamar para sí aquello que hace de ellas una exploración poética única. Si a eso se le suma la inteligente decisión de prescindir del anclaje de la firma propia en pos de una nomenclatura basada en símbolos, el resultado es un libro cuyo rasgo distintivo es el entrecruzamiento de poéticas.



Aunque perfectamente reconocibles, las tres voces de Constelaciones comparten una misma característica: nunca parecen ajustarse al horizonte esperable de lo que debe ser dicho. Ya sea porque dicen de más -no pueden parar de decir, nombrar y/o desenmascarar- o porque elijen callar cuando la experiencia de lo inaudito se hace tangible, cada uno de estos poemas apuesta a desmontar las estrategias (mezquinas, absurdas) de lo cotidiano. Al subvertir su uso normado, la lengua se enrarece y erosiona desde adentro sus propios cimientos.

Algo de esto ocurre con la poesía de Ana Rocío Jouli. Su escritura, fuertemente concentrada y elíptica, alcanza la máxima capacidad expresiva mediante una mínima economía de recursos. Las frases sincopadas, la sintaxis concisa y el hermetismo de algunas de sus imágenes, cultivan la evocación de un modo asombrosamente no-referencial. Me explico: los lugares mencionados en estos poemas -una tarde a la orilla del mar, la figura de una madre a través de las décadas, una ruta oscura que provoca ensoñaciones- no intentan fijar al yo lírico en un contexto particular sino todo lo contrario: son producto de una voz en situación de exilio consigo misma. Cuando escribe, Jouli tiene la precisión de una entomóloga. Atenta al detalle, sus escenas son pequeñas microscopias, apuntes didascálicos tan enigmáticos como fragmentarios.

Los poemas de Paula Moya, por su parte, también consiguen librarse del imperativo referencial aunque mediante otro tipo deestratagemas. Menos interesada en construir escenas que en explorar las posibilidades de un yo reflexivo y autoconsciente -por momentos filosófico en sus apreciaciones-, Moya trabaja con los materiales de lo cotidiano de un modo reconocible. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por la transparencia de su estilo: lo coloquial de su poesía resulta de una observación aguda sobre los usos y costumbres de las rutinas sociales. Como bien señala Dalmaroni, hay algo en sus textos que nos remiten a la denominada “poesía de los noventa”; de allí que su voz nos resulta tan familiar y emotiva. Intuyo que parte del mérito de su escritura
radica en su capacidad para conectar con una sensibilidad que trasciende las inflexiones subjetivas del yo para intentar el ejercicio de una voz de época.

Pero quizás sea en la poesía de Julieta Novelli donde uno más puede rastrear estas huellas de lo generacional. En su escritura, la experiencia amorosa, los desencuentros familiares y las disquisiciones del yo poético se despliegan sobre un fondo reconocible: programas de TV, estrellas del mundo del espectáculo, mainstream hollywoodense. De todas formas, sería equivocado (e injusto) remitir la efectividad de su escritura a una simple enumeración de referencias culturales; por el contrario, su mayor acierto radica en haber(se) inventado un registro que, sin renunciar a la inflexión intimista -una subjetividad que convierte el apunte banal en diatribas extremas- construye la voz de un ethos femenino, juvenil y extremadamente sensible a las formas contemporáneas del discurso amoroso.

Miniaturas familiares, viajes en colectivo, rupturas amorosas, monólogos desquiciados, tardes de verano en la costa atlántica. De todo esto está hecho Constelaciones; un libro que, aunque la intensidad y el placer de su lectura induzcan a pensar lo contrario, es un objeto complejo, extraño y de una densidad estética notable. La imagen que nos devuelve esta constelación femenina es, en definitiva, la de un recorrido exhaustivo e impiadoso por el universo de los rituales cotidianos. Como bien señalan sus editores, advertir “el juego con los discursos y los roles cristalizados (…) es tan solo una de las múltiples maneras de recorrer a estas escritoras”. Pienso que otro itinerario posible sería pensarlo según las coordenadas que su mismo título propone: como el entramado sensible y dialógico de una voz rabiosamente generacional.

Iván Suasnábar


Ya no vamos a chorearte más, mamá. Es que ahora vos tenés una enfermedad terminal y los amigos dicen que eso es tener demasiado. Vos ahora tenés demasiado pero nosotros no podemos chorearte más, mamá. Decir termina l es como decir que querés morirte todos los días y nunca, algo así, como Jesús. Jesús se muere todos los sábados y domingos doble función; en temporada alta muere jueves y el viernes lo saltea, porque los viernes, todos, en la Iglesia, nos miramos teológicamente, es como la parte del baile de las estatuas en que hay silencio y nos vigilanteamos los movimientos y cuando arranca la música algún primo grita “eeeva”. Bueno, el cura nos grita “eeeva” los sábados santos y todos volvemos a respirar siempre bajito entre los bancos. Ayer leí un graffiti en una pared del barrio El retiro que decía “Jesús te amo La Rubia”. A mí me gustaría que la rubia ame al Jesús de la Biblia del Pueblo de Dios, al Jesús de las pelis y no al del laverap que tiene una perra que se llama Silvia. Es que Jesús y Silvia siempre nos van a parecer otra cosa, nunca un hombre y un perro. Menos en esta fecha que se huele la navidad en el micro. En navidad, tener una enfermedad terminal es como decir que todos van a mirarte en algún momento de la cena y van a jugar a que te sacan fotos mentales para recordarte, yo voy a mirarte y repetir tu nombre –cada vez que te mire- para mis adentros, vos vas a ir sí o sí al baño y vas a llorar porque eso lo viste en la tele, se debe llorar por esas cosas, mamá. Cuántas veces lloré de chica porque no te pintabas. Cuando llegue el momento de la ensalada de fruta ya no la vas a servir vos, no quiero heredar ese momento. Yo no quiero robarme tus nombres y fechas, tus impuestos, tus olores y tus partes de las navidades. Creo que ya no quiero chorearte más.

Julieta Novelli



17. FUNERAL
Me obligo a pensar de manera ordenada. Canto para mantenerme despierta. Soy mi propia madre. Intento recordar letras de canciones. Evito las de la infancia: en su materia fabulosa se mezclan sapos, princesas, muertes que te enseñan por primera vez a estar solo. Nadie en un estado tan delicado debería entrar a ese lugar. Mucho menos sacar algo de ahí, revolverlo con un palito. Como los gorriones que encontrábamos caídos en el patio, con un grueso hilo rojo saliendo del plumón del pecho. Decíamos algunas palabras al enterrarlos, imaginábamos que era lo que debía hacerse. Eran los únicos funerales a los que asistía de principio a fin. Cuando se trataba de alguien de la familia, apenas me dejaban entrar. Mi madre decía que era de mal gusto mirar tan de cerca a los muertos sin conmoverse, y me sacaba a la vereda para que nadie viera que no estaba llorando.

Ana Rocio Jouli


FOTOS
Acá está
el único momento de comunión familiar del verano
aunque no hubo una foto
lo recuerdo como una.
Acá están nuestros cuerpos
sobre la colchoneta a rayas verdes
sobre fondo blanco
de la rodilla para abajo las cuatro piernas
mojadas hamacándose en el agua.
Esta es mi cara de estar de acuerdo
y por la tuya parece que justo algo pensabas.
Por suerte coincidimos en que el espacio
Vacío
que veíamos
no era cierto
creo que exageraste cuando dijiste que nuestros cuerpos podrían ser atravesados
por espadas finísimas
porque había espacio entre lo que sentíamos como total.
Después la foto se vacía
estamos en esta otra ahora,
yendo a comprar lo que falta para irme.
En la estación de servicio detenemos nuestro auto
los hombres que sirven la nafta piden que no usemos nuestros teléfonos
una chispa, y zas, dice uno,
y mueve la mano indicando algo que le resulta obvio.
Si estiro ahora las manos, ¿qué toco?
¿estará atrapado en algún lugar
eso que dije pero no llegó?
Las fotos que guardé todo este tiempo
¿qué forma tienen?
y eso que pensamos acerca de los escorpiones
y después olvidamos
¿Dónde está?

Paula Moya


Erizo ediciones
Editorial independiente (La Plata)
erizoediciones@gmail.com

Julieta Novelli. Nació en La Plata (1991). Es Profesora de Letras de la Universidad Nacional de La Plata y trabaja en escuelas secundarias de La Plata y alrededores. Durante el 2015 participó de la columna de letras del programa radial Libre al aire, en la radio del Centro Cultural Favero. Es actriz formada con, entre otros, Nora Moseinco, y participó de proyectos de creación y dramaturgia colectiva. Es también miembro de la murga La 60 y 118, desde el 2014, que pertenece al Club Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Ana Rocío Jouli. Nació en Santa Rosa, La Pampa (1991). Publicó los fanzines Tarde (La Bola, 2015), Los viajes (NIEVE, 2015) y Polaroid (chicas&zines, 2014), el poemario De baúles o jardines (Morosophos, 2010), y el libro de poesía Los pacientes (Pez Espiralm Chile; La Bola Editora, Argentina). Participó de las antologías Jardín 16 (Minibús Ediciones, 2016), Antología Concurso Nacional de Poesía Pablo Neruda (Editorial UNC, 2016), Té de Jengi (Morosophos, 2011), Sin la espada (Edulp, 2010). Formó parte de la IV edición de IMPRESOPORMÍ/micropoéticas, con la obra El regreso del mar, y coordina Necesidad y Urgencia/ antología poética por decreto, que reúne a 70 poetas de distintas provincias del país, y en cuya producción están involucrados numerosos colectivos de poetas, editores, artistas gráficos y audiovisuales, radios, etc. Es Profesora en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, egresada de la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Tres de Febrero, y estudiante del Doctorado en Letras, en la Universidad
Nacional de La Plata.

Paula Moya. Nació en Mar del Plata (1988). Publicó en la Antología 30:30 Poesía Argentina del siglo XXI (EMR, Rosario, 2013), Piedra contra agua (Editorial Neutrinos, La Paz/Rosario, 2014) y administra el blog Mentiroso y nudista. Es profesora en Letras de la Universidad Nacional de La Plata y trabaja en escuelas secundarias de La Plata.


por Erizo ediciones, 27 de Febrero de 2018
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