Método Diana Aisenberg: apuntes para un aprendizaje del arte

Era un secreto a viva voz que existe un espacio custodiado por altares y brillantina en los que una mujer que parece salida de un cuadro de Klimt, famosa tanto por su lucidez como por su carácter -impredecible, lúdico, certero, genial- logra que artistas principiantes entren pichones, salgan fortalecidos y terminen siendo artistas renombrados de la escena del arte argentino contemporáneo. El recorrido no es azaroso ni improvisado. Diana Aisenberg -que puede bailar Gilda, hablar de física cuántica, pintar cuadros de vírgenes e invadir las galerías más cancheras de santos, luces de colores,diamantes, plásticos y mostacillas- describe ese camino en su nuevo libro Método Diana Aisenberg: apuntes para un aprendizaje del arte.



Escribe la artista: “Es muy optimista ser maestro, ocuparse de la educación. Es una apuesta al futuro, una certeza de que hay vida, de que todo puede mutar, de que algo que no se sabía se puede saber, de que algo que no se juntaba se puede juntar.”

Aisenberg no sólo construyó un cuerpo de obra y una carrera emblemáticas en el circuito del arte contemporáneo, sino que también resultó una visionaria en términos de educación: formó varias generaciones de artistas con un método propio desde la educación no formal, demostrando que los efectos no dependen de un título académico ni un certificado institucional sino de un camino que el artista tiene que recorrer. Ella inventó un método para ese recorrido, MDA, que implica no sólo una metología para construir, sino una concepción del artista y el arte.

A su vez, las clínicas tienen sus pilares, ceremonias y saberes que circulan rítmicamente, en los que ojo y oído conforman un dúo potente cuando se afina no sólo para el análisis sino también para la percepción y el desarrollo del sentido. La maestra dice: “Captar el saber impreso en la materia implica un desarrollo del potencial perceptivo, una escucha afinada y la aceptación de lo producido como un otro diferenciado. La aceptación de esta presencia revela un intercambio de libertades”.

¿Porqué Diana abre su cofre, hace públicos sus saberes y su método de enseñanza? Primero, por pura generosidad. Y también porque es inevitable: Aisenberg formó una Escuela y ya cuenta con discípulos que están trabajando y difundiendo su método, que es una concepción del arte, en la que el valor es más importante que el dinero y donde la creatividad y el hallazgo de la historia y el saber singular le ganan a la repetición y masificación que imponen las fórmulas.

Si hablamos de generosidad, comprendemos también mejor porque los regalos son un pilar de las clínicas de obra. Escribe la artista: “Los regalos son cosas preciosas. Talismán: señal de riqueza y abundancia. El regalo revela la donación de algo que no tiene precio; es un valor simbólico que va modificando su significado, su importancia y su trascendencia hasta abarcar no sólo una determinada concepción del arte y de la vida, sino otro modo de circulación de valores dentro de la sociedad”.

Su libro es un regalo para todos, porque nos saca de los lugares comunes y nos invita a resignificar palabras y prácticas: la conciencia de la duración de un minuto, el ritual del regalo, el aprovechamiento del error, la seriedad del juego, el privilegio de la pregunta por sobre la afirmación. La escuela constituye una búsqueda permanente por la construcción del sentido propio- de la obra- que a su vez nace y se conforma como un sentido compartido.

MDA, praxis educativa que instaura lo que el capitalismo en su cinismo nos roba: un sistema de creencias- ofreciendo ritos, credos y talismanes- sabiduría que la musa Diana comparte desde la lucidez, la alegría y el amor.


Método Diana Aisenberg: apuntes para un aprendizaje del arte
Editorial Adriana Hidalgo
COLECCIÓN: LOS SENTIDOS
GÉNERO: ARTE
ISBN: 978-987-4159-26-7
PÁGINAS: 216

por Eugenia Viña, 29 de Noviembre de 2017
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