Imágenes seropositivas. Prácticas artísticas en torno al vih durante los años 90 en La Ene

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En 1982 se notificaron los primeros pacientes de sida en Argentina, sin embargo el avance crítico
de la enfermedad se localiza en la década de los años noventa. En correspondencia con la política
neoliberal del menemismo, la irrupción del vih transformó las relaciones sociales y las formas de
gobernar los cuerpos, dando cuenta de la existencia precaria de distintos grupos sociales. Al igual
que otras enfermedades que traspasan sus propias fronteras, la inscripción mediática del virus
entrecruzó saberes científicos y no científicos y, sobre todo, removió mitos de la homofobia,
retóricas de exterminio y discursos moralizantes. En nuestro país la fuerte presencia de activistas
organizados en grupos y redes de injerencia pública conformaron un paisaje que tensionó los
estigmas de la enfermedad al presionar por derechos y mejoras en la calidad de vida.

Durante esta década la comunidad artística de Buenos Aires se vio afectada por la pandemia.
Alejandro Kuropatwa, Liliana Maresca, Omar Schiliro, Feliciano Centurión, Santiago García Sáenz
y Sergio Avello son algunos de los artistas que produjeron con un diagnóstico a cuestas, resistiendo
los embates del virus, que significó, evidentemente, un punto de inflexión en sus trayectorias y agitó
afectos que incentivaron la producción como un modo de anclarse a la vida. Las obras que integran
esta exposición desbordaron los contornos del medio artístico –donde su recepción fue inestable y
escasa– para hacer legible desde lo público y lo privado distintas maneras de vivir.

Las fotografías y videos de Kuropatwa hacen referencia a una sobrevida inexplicable hasta la implementación de la terapia combinada en 1996. Exhiben con obstinación una intimidad encarnada en pequeñas fantasías reparadoras en las que tanto la potencia vital como la fragilidad están presentes en una flor rozagante o una píldora. La misma impronta se encuentra en los retratos que le tomó a Liliana Maresca algo desnuda, generando una suerte de baile ritual que fugazmente aliviana las huellas del sida sobre su cuerpo. Como contraposición a la dureza de las campañas oficiales, Yo tengo sida (1994) de los Fabulous Nobodies, una agencia publicitaria ficticia formada por Roberto Jacoby y Kiwi Sainz, intenta deconstruir la ajenidad del virus para llevarlo hacia lo común, ahí donde se borran los límites de la inmunidad. En un contexto atravesado por la discriminación, las remeras diseñadas por Jacoby desplegaron un componente que escaseaba en la comunicación, la solidaridad. Tanto este proyecto como las fotografías realizadas por Kuropatwa a partir de su Cóctel (1996) constituyen momentos emblemáticos dentro del horizonte visual del vih, ya que como buenos artefactos lograron disolverse socialmente amplificando su mensaje.

En las imágenes seropositivas no hay reclusión, sino una experiencia abierta a multiplicarse. Desobedecer la fuerza moldeadora de la injuria y el aislamiento, hacer de la historia clínica un material poético, ponerse una camiseta para salvar las distancias, son algunas de las operaciones que se propusieron resistir en épocas donde la vida quedó despojada de sus marcas de protección.

Francisco Lemus, noviembre de 2017

Agradecimientos: Sofía Dourrón, Santiago Villanueva, Liliana Kuropatwa, Mercedes Claus,
Roberto Jacoby, Marcelo Pombo y Mariana Petriella.


Inauguración Jueves 9 de Noviembre de 2017 a las 19 hs en La ene (Esmeralda 320 - 2A- CABA) @museoenergia

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