Ruth de Felipe Aja Espil en Espacio Amia

amianov17.jpg

¿Qué puede hacer un hijo cuando una enfermedad impide que su madre lo reconozca?

Hace tiempo que hemos dejado de creer que hay un solo e inequívoco modo de comunicarnos: las maneras de transmitir algo son diversas, y no siempre literales o lineales.

En el lenguaje fotográfico, el artista Felipe Aja Espil halló una forma de estar, de dejar testimonio, de acariciar con la imagen. Y de esconderse detrás de su lente.

Esa armadura, lejos de protegerlo, lo expone a una mirada más precisa, detallada, cruda y permanente del dolor de una ausencia y la memoria. Pero a su vez, increíblemente, genera un nuevo vínculo de amor.

“Ruth” es un encadenamiento de imágenes y textos que relata una historia verdaderamente conmovedora. Pero también es la ejemplificación de una operación artística cuyo eje es la recreación de un tiempo que ya no existe. Una operación que al mismo tiempo es el antídoto: la estrategia que el artista deja como legado para sus hijos; para no repetir, o al menos para administrar el dolor de las pérdidas paulatinas.

Es un relato único y personal. Tanto, quizás, que uno podría asegurar que es demasiado hermético como para ser compartido. Y sin embargo, esta situación nos remite a un tema universal que bien podríamos resumir así: uno es con el otro, y su reflejo se percibe como propio cuando uno logra ponerse en su lugar y desandar el camino imposible de la construcción de presente y futuro a partir de la demolición del pasado.

La ausencia de memoria de "Ruth” se convierte, de la mano de su hijo artista, en un nuevo nacimiento. En el generador de un espacio y de un tiempo tan mágico como la misma creación.

Elio Kapszuk - Curador


Me paraba en la puerta y mi corazón se aceleraba. Tocaba el timbre. Venía alguna de las chicas a abrir, las nuevas no me conocían.  Soy el hijo de Ruth. Me gustaba decirlo. A los 60 años, seguir diciendo soy el hijo es lindo.
El lugar donde estaba Ruth dependía del día de la semana y la hora de visita.

A veces me paraba frente a ella hasta que me miraba. Me gustaba pensar que le brillaban los ojos porque me reconocía desde un lugar muy íntimo, de madre.
Otras veces, tenía la mirada perdida. Esa mujer sin memoria ni dientes me resultaba tan ajena. Hasta que le agarraba la mano y reconocía la  mano que me daba mi mamá para cruzar la calle.
Había días en los que veía en mí a otra persona.
 
 A veces a mi padre, a veces a alguien con un nombre que yo nunca había escuchado.
Días en que yo le hacía preguntas y ella me contaba lo que quería acordarse, lo que quería contarme. 
Días en los que le llevaba fotos nuestras. Y se reía.  O no. ¿Quién es esa tan joven?
A veces las fotos eran mías. Este es mi hijo Felipe. Es muy bueno, ¿lo conoces?

Felipe Aja Espil

Inauguración Miércoles 15 de Noviembre de 2017 a las 19:30 hs. en el Espacio de Arte AMIA (Pasteur 633- CABA).

compartir