Entrevista con Julian Rosefeldt

“Manifiesto” es una palabra de gran peso histórico. ¿Qué significa para ti?
Elegí el título Manifesto como una declaración de que el foco de esta obra está sobre todo en los textos – y en su poesía– , sean de artistas visuales, cineastas, escritores, performers o arquitectos. Manifesto es un homenaje a la belleza de los manifiestos de los artistas – un manifiesto de manifiestos.
¿Fueron importantes los manifiestos para ti como artista joven?

No, tengo que admitir que no lo fueron. En aquel momento ni siquiera los conocía. Hoy pienso en el manifiesto como un rito de pasaje, no solo para artistas, sino para los jóvenes en general. Atravesamos la adolescencia al abandonar el hogar de nuestros padres y gritamos al mundo con una furia recientemente descubierta. Un manifiesto suele representar la voz de una generación joven, enfrentada a un mundo con el que no está de acuerdo y en contra del cual quiere avanzar. Uno puede tocar en una banda punk, gritarle a los padres o a los profesores – o escribir y hacer arte. Los historiadores del arte tienden a tratar todo lo que fue creado y escrito por artistas con reverencia y respeto, como si desde el primer día los artistas hubieran intentado que su obra se convirtiera en parte de la historia del arte. Pero no deberíamos olvidar que estos textos fueron escritos con frecuencia
por hombres muy jóvenes que apenas habían abandonado la casa de sus padres cuando tomaron la pluma. Por eso, sus manifiestos no fueron solamente textos que intentaban subvertir al arte –y eventualmente al mundo entero– y revolucionarlo; al mismo tiempo son testimonios de la búsqueda de una identidad, pregonada al mundo con gran inseguridad. Entonces, leo al manifiesto artístico primeramente como la expresión de una juventud desafiante, y luego como literatura, como
poesía – por así decirlo, Sturm und Drang remasterizado.

Los textos que seleccionaste vienen mayormente de la primera mitad del último siglo. ¿Por qué?
Sí, la mayoría de los manifiestos que incluí en Manifesto tienen su origen en las vanguardias europeas de comienzos del siglo XX, con otros de la neo-vanguardia de los ‘60. La escena artística a comienzos del siglo pasado todavía era muy chica y esos escritores de manifiestos artísticos eran a la vez una minoría dentro de este círculo ínfimo. Para ser siquiera escuchados, los artistas necesitaban gritar. Hoy, la escena del arte es una red global y un negocio con diferentes posibilidades expresivas. El manifiesto como medio de articulación artística ha perdido relevancia en el mundo globalizado. Uno podría decir que la entrevista, la discusión desde el podio, el talk show, el discurso guiado dialécticamente, han reemplazado el antiguo rugido solitario del manifiesto. Sonaría innecesariamente
exagerado, casi romántico o hasta un poco ridículo, gritar “Abajo con...” o algo similar hoy. Aún así, hay unos pocos manifiestos artísticos contemporáneos – como por ejemplo, el Manifiesto para una Política Aceleracionista (2013) por Nick Srnicek y Alex Williams o el Un Manifiesto Cyborg (1991) de Donna Haraway – pero se leen más como análisis socio económicos o políticos. Sin embargo, cuando uno lee los manifiestos de 1920 o incluso 1960, todavía se oye la voz original, el deseo ferviente de transmitirle al mundo una idea.


ARQUITECTURA - Trabajadora en planta incineradora de basuraLoop, 10 min 30 seg - Lucio Fontana, Manifiesto Blanco (1946) - John Reed Club of New York, Draft Manifesto [Manifiesto Boceto] (1932) - Constant Nieuwenhuys, Manifesto [Manifiesto] (1948) - Manifesto of Suprematists and Non-Objective Painters [Manifiesto de Suprematistas y Pintores No-Objetivos] (1919) - Manifeste de lInternationale Situationniste [Manifiesto de la Internacional Situacionista] (1960)


¿Hubo algún texto particular que despertó tu interés?
Mi interés en el manifiesto artístico comenzó mientras trabajaba en Deep Gold, eso fue en 2013. Deep Gold es un homenaje a la película de Luis Buñuel L’Age d’Or, sobre dos jóvenes amantes y los obstáculos que dificultan su relación. Para Buñuel, el conflicto de los amantes simboliza la hipocresía de la sociedad burguesa, del catolicismo y de los valores familiares tradicionales. Durante mi investigación, leí mucho sobre género y teoría feminista, y eventualmente sobre los manifiestos de
artistas feministas. Me topé con dos textos de la poeta y coreógrafa futurista Valentine de Saint-Point. Vivió una vida interesante; comenzó como una futurista convencida, luego simpatizó con el fascismo, como también lo hicieron muchos de sus amigos artistas italianos, y murió en Egipto como musulmana. Escribió dos manifiestos, uno titulado Manifiesto Futurista de la Lujuria (1913) y el otro, Manifiesto de la Mujer Futurista (1912). Ambos fueron publicados en un libro titulado 100 Manifiestos de Artistas [2001, editado por Alex Danchev] que se volvió una fuente importante para Manifesto. De joven estudié –probablemente como cualquiera que se interese por el arte– a Dadá, Fluxus, los surrealistas y los
futuristas, pero más bien superficialmente. Ahora, durante mi investigación para Manifesto, cuando leí cualquier manifiesto que pude encontrar, incluyendo los relacionados al teatro, la danza, el cine y la arquitectura, fue intrigante descubrir que los mismos temas aparecen una y otra vez. Y estas ideas comunes eran transmitidas con una energía increíble – una energía muy joven y salvaje. Los textos son hermosos. Y podía escuchar las palabras al leerlas, como si alguien las estuviera recitando. Me di cuenta de que no eran solo documentos de la historia del arte, sino una materia textual altamente vívida y representable . Me recordaban más a una obra de teatro, a un texto de Sarah Kane o Frank Wedekind, o algo comparable. Y así empecé a imaginar estos manifiestos como escenas actuadas.


¿Qué criterios seguiste para buscar y ensamblar manifiestos?

Antes de comenzar a escribir el guión y a hacer collages de los manifiestos, el desarrollo del trabajo involucró mucha investigación y análisis. Exceptuando un fragmento citado del Manifiesto del Partido Comunista de 1848 de Marx y Engels, “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, mi selección empieza a comienzos del siglo XX con el legendario Fundación y Manifiesto del Futurismo de 1909, de Filippo
Tommaso Marinetti y termina poco después del cambio de siglo. Incluí al Manifiesto Comunista porque para mí –además de los Diez Mandamientos y las Tesis de Lutero– es algo así como la madre de todos los manifiestos. El manifiesto más reciente que usé fueron las Reglas de Oro (2004) del director estadounidense Jim Jarmusch.
De todos los autores de manifiestos a quienes leí, elegí subjetivamente alrededor de sesenta cuyos manifiestos me resultaron los más fascinantes, pero también simplemente los más recitables. A algunos los elegí porque se complementaban bien. Por ejemplo, los comentarios de Vasily Kandinsky y Franz Marc se correspondían extremadamente bien con los pensamientos de Barnett Newman. Y
los textos de André Breton y Lucio Fontana también se dejaron combinar. En otros movimientos artísticos, como por ejemplo Dadá o Fluxus, fueron tantos los autores que produjeron manifiestos, que se condensaron en una suerte de un Súper Manifiesto Dadá o Súper Manifiesto Fluxus. A través de cortes y combinaciones de textos originales de diversos manifiestos, emergieron trece collages de manifiestos al final. Y estos se leen tan armoniosamente dentro de cada collage que los límites
entre los fragmentos ya no se reconocen. Concebí Manifesto como una serie de episodios que se dejan contemplar por separado, pero que también pueden ser vistos como un conjunto, como un coro de distintas voces. En este sentido, Manifesto se convirtió en una suerte de manifiesto total – de nuevo: un manifiesto de manifiestos.


SUPREMATISMO / CONSTRUCTIVISMO - Científica Loop, 10 min 30 seg - Naum Gabo / Anton Pevzner, The Realistic Manifesto [El manifiesto realista] (1920) - Kazimir Malevich, From Cubism and Futurism to Suprematism. The New Pictorial Realism 1916 [Del Cubismo y el Futurismo al Suprematismo. El nuevo realismo pictórico] - Olga Rozanova, Cubism, Futurism, Suprematism [Cubismo, Futurismo, Suprematismo] (1917) - Aleksandr Rodchenko, Manifesto of Suprematists and Non-Objective Painters



Tienes una colaboradora extraordinaria en todo esto, la actriz Cate Blanchett.
Encarna trece papeles diferentes en doce escenarios. ¿Cómo evolucionaron estos personajes y sus diálogos?

La idea principal para Manifesto no era ilustrar los textos particulares, sino permitirle a Cate que encarnara los manifiestos. Hasta el último tercio del siglo XX hubo solo unos pocos manifiestos escritos por mujeres artistas. La mayoría fueron escritos por hombres y rebalsan de testosterona. Por eso me pareció interesante que una mujer los recitara hoy.
El proceso de redacción de Manifesto fue muy orgánico. Empecé a jugar con los textos y a editarlos, a combinarlos y a reordenarlos en nuevos textos que pudieran ser recitados e interpretados. Me gustaba imaginarme estos textos como las palabras de un montón de amigos sentados alrededor de una mesa en un bar, que hablan y discuten. Se complementan de una manera juguetona. Uno podría decir
“Abajo con esto o aquello...” y el otro contesta, “Sí, al demonio con...”. Tomé la oración de un artista y la interrumpí con las palabras de otro. A veces encajaban perfectamente. Combinadas, las palabras tomaron una energía nueva, y si uno comienza a leer el texto de ese modo, se vuelve más vívido y también más recitable.
Mientras que el proceso del collage no fue demasiado respetuoso con los textos originales, en otro sentido me gustó cómo hace referencia a esta idea de una colección de voces, de una conversación. Muchos de los manifiestos tempranos, los de los futuristas y de los surrealistas, por ejemplo, fueron escritos por grupos de autores. En ellos resuenan muchas voces. Solo necesité arreglar esta multiplicidad de voces de distintos manifiestos en nuevos monólogos. Así, los autores hablan unos con otros, mientras se expresan hacia afuera con una misma voz.
Paralelamente, comencé a bocetar diferentes escenas donde una mujer monologa, y terminé con sesenta breves escenas, situaciones, que atraviesan todos los niveles educativos y profesiones. Lo único que esas escenas bocetadas tenían en común era que tenían lugar aquí y ahora, y el hecho de que una mujer lleva adelante el monólogo – sea como oradora junto a una tumba en el cementerio, como maestra de primaria frente a su clase, o como una sin techo en la calle. A veces escuchamos
la voz interior de la mujer; en otros momentos se dirige al público, en un caso hasta se entrevista a sí misma, etc. Finalmente auné todo en doce escenas y doce collages textuales correspondientes. Un treceavo collage funciona como introducción, donde la imagen muestra una mecha encendida en cámara extremadamente lenta. Las palabras que quedaron fueron simplemente las más bellas y recitables y también las más interpretables.


Manifesto fue filmada en un lapso de doce días en Berlín en el invierno de 2014. ¿Hubo lugar para la improvisación?

Suele haberlo, pero esta vez trabajamos con límites temporales tan ajustados que casi no hubo lugar para improvisar. Solo a modo de comparación: para una película independiente cualquiera, normalmente se filman entre tres y cinco minutos por día de la película final. Nosotros tuvimos que filmar doce minutos al día, lo que corresponde a los tiempos para la producción de una serie televisiva mal hecha.
Pero claro que no queríamos trabajar al mismo nivel estético que una serie de TV. Así que necesitamos de un equipo muy sacrificado, y sobre todo de una actriz muy generosa, dispuestos a trabajar en esas condiciones. Ya solo la gran cantidad de texto a recitar en doce acentos distintos fue un gran desafío para Cate. Y luego, cada uno de los personajes tenía que encarnar un ambiente social, solo a partir del
matiz lingüístico. Como si eso fuera poco, por cuestiones organizativas del rodaje, tuvimos que cubrir a veces dos papeles por día. Y eso significó para Cate también un cambio de vestuario y maquillaje adicional cada día. Por estas razones y dado lo apretado de la agenda tuvimos que planificar el rodaje meticulosamente. A pesar de ello, naturalmente, cierta espontaneidad e improvisación fueron necesarias. Y por supuesto que Cate pudo leer el texto o comprender la escena de una manera
distinta a la mía, y a veces me sorprendió con ideas que emergían de su profunda experiencia y su increíble talento. Cada día fue distinto, como si entráramos al País de las Maravillas, para encontrarnos cada vez con un mundo y un personaje completamente nuevos. Y la forma en que el diálogo –mejor dicho, el monólogo– le daba a la escena cambiaba cada vez de formas emocionantes. Y, a pesar de las muchas horas de trabajo, del más alto nivel de concentración y de entrega, Cate retuvo admirablemente su especial sentido del humor. Nos reímos mucho.

El humor tiene un papel importante en tu obra. En Manifesto también hay mucho humor y mucho absurdo.
Es muy difícil crear humor a propósito – porque vive mejor en la espontaneidad.
Para ubicar un buen chiste en una película, el ritmo tiene que ser correcto, la actuación también; la lógica absurda tiene que ser convincente. Todo tiene que reunirse en ese preciso momento, y eso es muy difícil de conseguir.
Para mí, el humor en Manifesto surge de la combinación de la palabra hablada y el escenario creado para eso. El juego entre ciertas imágenes y fragmentos de texto se dio intuitivamente. Y algunas de ellos me resultan graciosos, aun cuando hacer reír al público no fuera mi intención principal. Por ejemplo, la escena del Arte Pop. Si lees el manifiesto del Arte Pop, lo primero que se te ocurriría sería algo “pop”, y que necesitaríamos un mundo “pop” donde recitar ese manifiesto. Pero pensé que
no, al contrario: necesitás un fondo contra el cual el manifiesto del Arte Pop pudiera ser escrito – algo más como un anti-mundo, la tierra fértil sobre la cual algo como el Arte Pop pudiera crecer. El Arte Pop fue claramente una declaración en contra de cierto tipo de rigidez en la sociedad. Así que quise empujarlo al extremo y se me ocurrió usar Estoy a favor de un arte (1961) de Claes Oldenburg
como texto para una familia del sur estadounidense, conservadora y religiosa, que rezaba antes de almorzar un domingo. No esperaba que esa escena saliera tan graciosa al final.


DADAÍSMO - Viuda en FuneralESTRIDENTISMO / CREACIONISMO - Punk tatuadaDADAÍSMO - Viuda en FuneralLoop, 10 min 30 seg - Actual Nº1 Hoja de Vanguardia Comprimido Estridentista (1921) - Vicente Huidobro, Debemos crear (1922) - Naum Gabo / Anton Pevzner, The Realistic Manifesto [El manifiesto realista] (1920)


La escena del aula de clase también está muy cargada de humor.
Sí, también me parece. Soy padre y algunas de las palabras de la maestra en esa escena reflejan exactamente lo que a veces me gustaría decirles a mis hijos. Creo que sus palabras resuenan en nosotros aun cuando sabemos lo importante que es la buena educación, a la vez tenemos ese enojo escéptico contra la tan conocida “buena” educación. Odiamos decirles que no a nuestros hijos, ¿verdad? Y así hay una mujer en la escena, esta maestra, que dice con total convicción, citando a Jim
Jarmusch “Nada es original. Roben de donde sea que resuene con inspiración o alimente su imaginación.” Una maravillosa transgresión del tabú. Cate lo actúa con convicción. Y los niños también. Si no fuera tan creíble, la escena probablemente no sería graciosa.

En Manifesto usaste un texto de Sol LeWitt sobre el Arte Conceptual para una escena donde Cate Blanchett interpreta a dos personajes, una presentadora y una periodista, ambas llamadas “Cate”. ¿Cuál es su relación con el texto de LeWitt?
Desde una perspectiva, esa es de hecho una escena excepcional. En lugar de representar actoralmente un manifiesto, Cate es habitada por el texto de LeWitt.
Ella es el manifiesto. La lucha entre lógica e ilógica dentro del texto también es inherente a la escena y sus personajes. Se convierte en una obra de arte conceptual, de algún modo, ¿no?

Lo es. Esa escena es muy diferente de la dedicada al Arte Pop que mencionaste antes. De hecho, una de las cosas que es tan irresistible de Manifesto es esta diversidad – cada escenario tiene un ritmo inconfundible, su propia cadencia y una estética única.
Sí, usé diferentes recetas para cada escena, siempre partiendo del texto. El Manifiesto del Futurismo, por ejemplo, que trata sobre todo de la velocidad y la aceleración, está ubicado en el mundo de las altas finanzas. El mundo rápido y paralelo de las bolsas de valores, donde programas computacionales altamente eficientes invisibilizaron la velocidad. Entonces, en este caso, el escenario representa una traducción muy directa del pensamiento original.


También usaste manifiestos de artistas como el de la coreógrafa y cineasta Yvonne Rainer, el cineasta Jim Jarmusch o los arquitectos Bruno Taut y Lebbeus Woods.

La escritura de estos manifiestos es particularmente bella. Como artista que estudió arquitectura y trabaja con el cine, no considero que estas disciplinas sean tan distantes de la pintura y de la escultura. Me gusta especialmente la obra de Bruno Taut en el collage de manifiestos sobre la arquitectura. Sin embargo, los arquitectos y los cineastas me dieron algunos problemas. Originalmente quería generar una cronología lineal. Quería combinar los manifiestos de distintas disciplinas creativas a lo largo de una línea de tiempo – según la escuela de pensamiento y la época en la cual fueron escritos. Pero al final se sintió mejor conservar todos los manifiestos arquitectónicos juntos, y todos los manifiestos
cinematográficos juntos.

Eso nos lleva a la pregunta por la actualidad. En general, ¿son relevantes estos viejos manifiestos hoy?
Absolutamente. Y no solamente relevantes, sino también visionarios. La historia del arte es una deriva de la historia y nosotros aprendemos de la historia. Los artistas, tanto como los escritores, los filósofos y los científicos, siempre fueron quienes, con sus pensamientos y ensayos, se atrevieron a formular algo cuya evidencia todavía debía ser demostrada. El John Reed Club of New York, que lleva ese nombre por el comunista y periodista estadounidense John Reed, del cual muchos artistas y escritores fueron miembros, publicó en 1932 un manifiesto (Manifiesto Boceto). Ahí describieron un orden mundial capitalista descontrolado.
El manifiesto se lee como si hubiera sido escrito ayer. Sería recomendable, entonces, que leyéramos los manifiestos artísticos como sismógrafos de sus épocas.


¿Tienes un manifiesto favorito?

Muchos, y ahora que Cate los recitó e interpretó a todos, me gustan todavía más.
Quiero mencionar uno en particular: el manifiesto del artista y arquitecto visionario estadounidense Lebbeus Woods, de 1993. Es simplemente hermoso, es lírica pura, y comienza con la oración “Estoy en guerra con mi tiempo”, que reverbera con el tenor de los textos de muchos manifiestos que leí y concluye con optimismo en una oración cargada de esperanza: “Mañana comenzamos juntos a
construir una nueva ciudad.”


ESTRIDENTISMO / CREACIONISMO - Punk tatuadaESTRIDENTISMO / CREACIONISMO - Punk tatuadaLoop, 4 min - Karl Marx/ Friedrich Engles. Manifiesto del partido comunista, 1848 - Tristan Tzara. Manifiesto dadá, 1918 - Philippe Soupault. La literatura y el resto, 1920




Manifiesto Julian Rosefeldt hasta el 5 de Noviembre de 2017 en Proa

por Por Sarah Tutton y Justin Paton , 23 de Septiembre de 2017
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