Las piedras de Agustina Muñoz

En Beatriz Portinari: Un documental sobre Aurora Venturini del año 2013, dirigido por Agustina Massa y Fernando Krapp, Aurora cuenta una historia preciosa sobre sus dos parientes arañas.
Rebeca es la araña mayor que en ese momento vivía en el piso del balcón de su departamento en
La Plata, cuando Aurora también todavía vivía. La hija de Rebeca, Ariadna, sabía leer. Un día, Ariadna entró a un libro a leer un soneto de Panchito López Merino y no salió más. Otro día, Aurora abrió el libro y Ariadna estaba ahí adentro aplastada. Nunca más voy a olvidar la imagen del cuerpo de Ariadna sobre la página del libro, su pequeño cuerpo confundido para siempre con las frases impresas del Soneto de la Araña de Panchito, como ilustrándolo con su vida y también con su muerte. Y otra cosa que me encantó de este documental es cuando Aurora dice, en el medio de esta historia arácnida, que “Cada cual tiene los parientes que puede”.

Cuando algo me conmueve o me parece genial quiero mostrárselo a todos. Pero algunas veces no, y lo guardo como un tesoro sólo mío. El otro día en un bar le dije a un chico que no miro ninguna serie, no es que no quiera ver una o que no me gusten, sino que simplemente no miro, y me preguntó de qué hablo entonces cuando estoy en una reunión con mis amigos. Pensé que a mí me preocupaba más de qué hablar con mis extraños.

Posiblemente la tormenta de lluvia y falso granizo del domingo pasado hizo que se cancelaran muchos de los planes que eran al aire libre. A mí me pasó y fue todo muy triste, hasta que encontramos un lugar para tomar un café con medialunas de manteca y después entramos a la sala 3 del Cultural San Martín para ver la obra Las Piedras de Agustina Muñoz. Ya era de noche sobre la inmensidad de la calle Corrientes y mi mamá me dijo con una foto que allá, en el sur, todavía era de día. Y acá la historia grande se empieza a armar con muchas historias más chiquitas todas juntas, unidas con un lazo de amor, luces y misterio.

Imagino que le escribo un e-mail a Agustina en donde la saludo, le pregunto cómo está, digo que espero que muy bien, me presento – porque no la conozco – y le cuento que, después de ver su obra, escribí un poema muy largo, casi parecido a un soneto, que empieza diciendo: Este es un collar de piedras negras que hice para vos, inspirado en Las Piedras. Quizás ensaye otras formas de saludo que no haya usado antes y quizás copie algunas partes más del poema que escribí, las que me parecen más nítidas o profundas. Hace un montón que no usaba la palabra profunda en una frase, qué rara es; pero cuando, al principio de todo, lo único que veíamos era un pequeño subtítulo blanco de una voz en off tierna que no quisieras que se apague nunca; o mientras los actores hacían movimientos complicados imitando con sus cuerpos poses de pinturas de los “Grandes Maestros” de un almanaque viejo; o cuando Denise Groesman intenta romper una nuez con una piedra bastante grande y la nuez se resiste, y después ella bailando sola entre unas luces de colores intermitentes como un animal prehistórico, delicado pero salvaje, yo pensaba que sí existe algo como una profundidad. Una profundidad sencilla y afectiva que se percibe como un gesto, algo así.

Hay un cuento de Maria Guerrieri en su libro Fuente de Chocolate (Iván Rosado, 2016) que dice que encendió la luz de su taller y la luz apareció abajo, en el piso. Para mí, ese es un gesto débil hermoso. Y Las Piedras es una obra que pereciera construirse continuamente a partir de estos desplazamientos de forma sutiles. Piedras cambiando de lugar, función y posición, moviéndose de mano en mano; o frases que se repiten dos, tres veces, o que las empieza diciendo uno y las termina otro, o todos juntos a la vez, como en una ceremonia encantadora. Las historias personales o íntimas se vuelven colectivas y políticas, y todas las certezas se vuelven preguntas resonantes y envolventes, como filamentos de seda de una telaraña gigante, o un remolino de polvo cósmico que abraza y abriga.

En la presentación del programa que nos entregaron en la sala antes de que comience la función, Agustina cuenta que había una escena que ya no está, de donde proviene el título de la obra Las Piedras. Cuando quise volver a releer lo que ella dice acerca de esa escena no pude porque, en el camino de regreso, la lluvia mojó toda la hoja que estaba en mi bolsillo. Ahora esa escena, para mí, se hace más presente todavía por su doble ausencia.

Tengo un proyecto. Quiero hacer dibujos con pasteles de un microecosistema que empezó a gestarse en la vereda de mi casa. Hay ramas, arena, plantas, hormigas, cosas que no sé qué son y piedras. En los dibujos se podrá ver el movimiento de los elementos, que a veces dan la sensación de formar algo muy estable, organizado y pulcro, y otras, el más denso y terrible pantano. Quiero empezar estos dibujos en el verano y dejar de hacerlos cuando me aburra.

Tengo una frase anotada en mi cuaderno, una frase del guión de Las Piedras: “Todas las personas que ahora amas, eran extraños antes”.





LAS PIEDRAS
El Cultural San Martín – Sarmiento 1551

Jueves y viernes 21 hs.
Domingos 20:30 hs
Última función - Sábado 23 de septiembre 21 hs


por Valeria López Muñoz, 21 de Septiembre de 2017
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